Voy de la Torre de Oro hasta la de la
Higuera, en la pedanía almonteña de Matalascañas, dejando a mi derecha tras las
dunas del paraje que llaman de Arenas Gordas y en algún punto de la playa, los
escasos restos de la que fue la torre del Asperillo.
Ésta fue otra torre más de aquellas que
formaron parte del plan que Felipe II puso en marcha para proteger la costa de
Huelva de los ataques de piratas y corsarios a los buques españoles que
regresaban de América. Ese trayecto que va desde el cabo de San Vicente hasta
la desembocadura del Guadalquivir, fue jalonado de torres que sirvieron de
defensa y aviso en caso de agresión a los navíos. Aquel plan fue realmente más
ambicioso, y así, muchas más torres se levantaron a lo largo de toda la costa
andaluza.
Sin embargo, de esta torre apenas si
perduran los cimientos que difícilmente se ven incluso con la marea baja.
Otras, ya sabemos, corrieron aun peor suerte y de ellas ni siquiera se conoce
su ubicación, como las de la Punta del Caimán en la actual Isla Cristina, la
del Terrón, Marijata y la Morla.
Incluyo pues esta entrada en el apartado de paseos fingidos por eso, porque
apenas si es visible la torre y, además, por la dificultad que me supone
acceder a ella a través de este paisaje algo hostil para mis piernas. Hacer un
gran esfuerzo físico para luego…, bueno, mejor sigo camino y ya llegaré a la
siguiente torre, en Matalascañas.
Pero antes, dejemos una breve reseña
sobre la torre, o amplia, a ver que se me ocurre. A lo que habrá que sumar
algunas fotillos robadas, que tratándose de un paseo no realizado, no tengo
documentación gráfica propia.
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La torre del Asperillo (¿?) y al fondo, los acantilados. |
LA TORRE:
De entrada
y antes de describir nada, diremos que es la torre peor conservada de toda la
costa de Huelva. Y eso que se construyó dos veces, pero es que la orografía y
los temporales no debieron estar de su lado.
Cuando se
construyó la primera vez, allá por el siglo XVII, se la llamó Torre del Horado,
y su ubicación fue bastante arriesgada, pues se situó justo al borde de un
acantilado batido por el mar; con el agravante de que se trataba de un suelo
arenoso.
La pésima
situación política y económica del país en la segunda mitad del siglo XVII,
unido al no menos deplorable estado del terreno por culpa del tiempo y del mar,
llevó a que hacia 1739 se informara del lamentable estado de todas las defensas
de la costa —la Morla había desaparecido, Marijata estaba derrumbada y la
Higuera ya había volcado—, entre ella esta del Horado.
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de mazagonbeach.com |
Así que
temiendo lo peor, o sea que el terreno cediera con el consiguiente colapso de
la edificación, e incluso su vuelco, fue demolida y vuelta a construir “unas treinta y cuatro varas” —una vara
= 0’836 metros— tierra adentro, donde se consideró que podría aguantar mejor las
sacudidas del mar; corría el año de 1753. Y así se hizo porque aún había
fundados temores sobre la continuidad de los ataques de piratas y no era
cuestión de prescindir de un elemento de defensa. Era necesario, por tanto, reconstruir
todo lo dañado. Su nueva ubicación mantendría contacto visual con la torre del
Oro y con un puesto de torreros que había sustituido a la Torre de la Higuera,
en la actual Matalascañas.
El
proyecto no se aprobó hasta junio de 1754, quedando construida entre ese año y
1755. Se dotó a la torre de una guarnición de dos torreros, aunque podía
albergar hasta treinta hombres.
Así y todo,
a finales de ese siglo XVIII, se volvieron a repetir las mismas circunstancias
del pasado —el mar había socavado gran parte del acantilado— que
progresivamente llevaban a la torre a un estado casi de ruina. Acuciados por el
mismo temor de la primera vez, las autoridades militares se vieron en la
necesidad de demolerla, lo que sucedió a mediados del siglo XIX: La torre cayó
sobre la arena de la playa, dispersándose sus restos.
Y hasta
hoy.
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de La torre del Asperillo, ruina y reconstrucción (Antonio Mira Toscano y Juan Villegas Martín). |
LOS DETALLES:
Pocos son
los restos que nos han llegado, y los pocos que son, apenas si se aprecian; menos
mal que hay bastantes fotos en la red,
aunque de difícil interpretación lo que en ellas se ve. Tan difícil es que, incluso
los más avezados en el tema, no saben a ciencia cierta a cuál de las dos torres
pertenecen las desparramadas piedras. Y es que, además, en la documentación
existente de la época, no queda recogida la exacta, y ni siquiera la posible, ubicación
de la torre.
Pero
tiremos de datos, que algo corre por internet.
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de La torre del Asperillo, ruina y reconstrucción (Antonio Mira Toscano y Juan Villegas Martín). |
Por los
vestigios sabemos que sus muros son de ripios y argamasa en su interior, recubiertos
de mampuestos.
Tanto la
primera torre como la segunda, apenas si diferían en cuanto a diseño: ambas
fueron de modestas dimensiones —la segunda fue incluso de menor altura—; se
diseñadas para no disponer de artillería, o sea sin almenas, macizas en su
mitad inferior y de una sola cámara. Como acceso a la terraza tuvo una escalera
de caracol integrada en el muro. La entrada estaba elevada con respecto al terreno
unos 6’00 metros y, como todas, orientada tierra adentro. La separación entre
el cuerpo principal y la terraza lo marcaba un simple bocel.
La torre,
según plano de la época, fue troncocónica —11’00 metros aproximadamente de diámetro
inferior, y algo más de 9’00 de diámetro superior—; tuvo 13’50 metros de altura
y careció de matacán sobre la puerta. Tampoco dispuso de garitón en la salida a
la terraza.
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de almonte.es |
Nombre: Torre del Asperillo.
Municipio: Almonte
Provincia: Huelva
Tipología: Torre almenara.
Época de construcción: siglo XVII la primera vez, y XVIII la segunda.
Estado: Casi desaparecida.
Propiedad: Seguramente nadie reivindica su propiedad.
Uso: está allí, nada más.
Visitas: Totalmente libre, un paseo por la playa y si hay bajamar seguro que se encuentra.
Protección: Desconozco si tiene algún grado de protección.
Clasificación subjetiva: 1, es decir, si se puede evitar se evita, o lo que es lo mismo, sólo si el camino que recorro me lleva o me hace pasar por allí,
Otras cuestiones de interés: Hoy, el interés no está en la torre, porque la torre apenas si está. El interés radica en la playa, en las dunas y en Doñana.
Cómo llegar: Paseando. La Torre del Oro, situada a poniente, dista 7 kilómetros, y la de la Higuera, en Matalascañas, 10 kilómetros.
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