EL CASTILLO:
El castillo de Moguer se ubica sobre la cota más elevada del casco antiguo. Hace siglos debió controlar desde esa altura, la desembocadura del río Tinto; hoy le resultaría imposible, tanto por los cambios topográficos como por su actual estado. Y es que el tiempo y el abandono al que ha estado sometido, no perdonan.
Su origen está en una torre romana construida para ese fin, y que los árabes ampliaron construyendo una alquería.
Hacia el siglo XI ya pudo tener las dimensiones y parecido aspecto al que hoy vemos, por lo que se podría decir que su origen es almohade. Aunque no fue hasta pasada su conquista por parte cristiana, a finales del siglo XIII, que no adquiere la traza actual —principios del XIV, entre los años 30 y 40, que es de cuando se tienen sus primeras noticias fieles—, debida seguramente a alarifes mudéjares a las órdenes de los caballeros de Santiago, que fueron sus propietarios durante más de treinta años.
Desde ese momento, y a su alrededor, comienza a configurarse el trazado urbano de la población.
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Azulejo que recuerda el paso de Núñez de Balboa por este lugar.
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Fue residencia temporal de los señores de Moguer durante sus visitas al lugar, a la vez que la habitual del alcaide. En los últimos años del siglo XV vivió en él Vasco Núñez de Balboa, por entonces paje y escudero del octavo señor de Moguer, Pedro Portocarrero; y animado por todo lo que allí vio, es por lo que se enroló en un viaje al Nuevo Mundo que terminó como ya sabemos.
Durante el siglo XVII y parte del XVIII también fue cárcel.
El terremoto de Lisboa, cómo no, le afectó bastante; tanto, que se le declaró en ruina, por lo que se decidió abandonar su uso militar, a la vez que se autorizaba la construcción de casas a su alrededor, ahogando totalmente el edificio. E incluso se trazó una calle que lo dividía en dos, la calle Amparo, que hoy, curiosamente está dividida en dos por el propio castillo.
Una vez abolidos los señoríos en el siglo XIX, el edificio se utilizó como bodega y almacén.
LOS DETALLES:
Se trata, ya lo dije más arriba, de un castillo pequeño, de planta casi cuadrada —entre 44 y 45 metros cada uno de sus lados— y del que nos han llegado pocos elementos pero fácilmente interpretables: las cuatro torres, si bien incompletas, de sus esquinas y los lienzos de muralla que las unían. En total ocupa una superficie de algo más de 2.200 metros cuadrados.
Se dice que tuvo foso pero está totalmente desaparecido, dadas las edificaciones que fueron ejecutadas sobre él.
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El acceso original, en su fachada este, desde el interior del castillo.
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Actualmente se accede por su fachada norte.
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El acceso estuvo en su fachada noroeste, desde la calle Santo Domingo, en lo que hoy es el primer tramo de la calle Amparo.
Desde ahí se entraba a un patio de armas amplio y porticado, rodeado de edificaciones: caballerizas, cocina, lavaderos, horno, etc., adosadas a las murallas. También tuvo otro patio, más pequeño, que distribuía dependencias residenciales.
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Entrada al aljibe.
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Bajo el patio aún se puede ver un enorme aljibe, en muy buen estado, dividido en dos partes separadas por una arquería. Este aljibe no sólo sirvió agua a los ocupantes de la fortaleza, sino que durante décadas también surtió a parte de la población de Moguer.
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Detalle del interior de una de las torres.
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Las cuatro torres son de idénticas características: cuadradas, de nueve metros de lado, con dos cámaras, la de planta baja de unos cuatro metros de alto, y la superior con algo menos altura; ambas dependencias estuvieron cubiertas con bóvedas de rosca de ladrillo y apoyadas sobre pechinas.
La que mejor se conserva es la de la esquina sur y en ella se han encontrado pinturas con motivos vegetales, por lo que se podría pensar que esa decoración fue extensiva a las demás torres.
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Torre noreste, junto al acceso actual.
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Torre suroeste.
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Torre noroeste.
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Torre sureste.
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En la fachada interior de cada torre, una puerta en planta baja comunicaba con el patio de armas. Las cámaras de planta alta se comunicaban entre sí a través del adarve de la muralla, que perimetraba todo el edificio, teniendo cada torre dos puertas, una cada adarve.
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Detalle del interior de los muros.
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Todo el conjunto fue ejecutado en tapial, con encofrados de cajón corrido en los muros y partido en las torres. Apenas si se utilizó el ladrillo, sólo en las bóvedas del interior de las torres y en refuerzos puntuales de estas. Todos los muros y torres estuvieron rematados por almenas; sin embargo no nos haya llegado ninguna que nos de certeza a ello. Pero por qué dudarlo.
Actualmente, la manzana que ocupa el castillo está rodeada de otras propiedades, a excepción del acceso mencionado por la calle Amparo y una plaza que se abre en su facha norte delimitada por la calle Castillo.