sábado, 4 de febrero de 2017

Colegiata, D.O. Toro

 Nombre:     COLEGIATA

D.O:              TORO
Bodega:       BODEGAS FARIÑA
Dirección: CAMINO DEL PALO S/N
TORO (Zamora)
Email:
Web: www.bodegasfariña.com
Tipo:           TINTO
Variedad: TINTA DE TORO
Año:           2012
Tratamiento:
Graduación: 13’5% Vol.

Descripción de la etiqueta:
Son varios los vinos que esta bodega embotella bajo la misma referencia, pero sólo uno dejo ahora entre mis recurrencias. Conc
En la etiqueta destaca un sencillo pero reconocible dibujo de la famosa Colegiata de Toro sobre un fondo rojo, y cuatro palabras: Colegiata, Tinta de Toro, Fariña y toro; ah, y la indicación de su D.O., Toro. Lo suficiente para que salte a la vista y que raros como yo alarguen la mano y la adquieran.
La contraetiqueta es normalizada: dos idiomas para hacer destacar las bondades del vino, y la certificación de la D.O. Y ya está.
  


Sobre la recurrencia:
Aunque estas entradas en mi blog surgieron por la curiosidad que me suscitaba la posible relación entre castillos y vinos, y el por qué de los bodegueros de recurrir a ellos para nombrar a sus productos, he de reconocer que, a estas alturas, se han colado algunos vinos que, necesariamente, no se nombran con algún castillo. Pero que sin embargo sí han despertado mi curiosidad desde el estante de la tienda por lo que en su etiqueta muestran.
No conozco Toro y, por lo tanto, tampoco su Colegiata. Pero sí sé cómo es y la reconozco en cualquier fotografía que de ella vea. Sobre todo por su cimborrio, aparentemente sujeto por cuatro torrecillas arqueadas y unidas por una doble arquería, cuya sola presencia ya justifica la belleza de todo el conjunto. Sin olvidar otros elementos como sus pórticos, claro.
Su construcción se alargó en el tiempo: desde finales del siglo XII a mediados del XIII, por lo que es un claro ejemplo de la transición entre el románico y el gótico
En el XVIII el edificio fue restaurado.
 
La Colegiata de Toro (de romanicozamora.es)




Otras cuestiones a considerar:
Muchas son las cuestiones que habría que considerar en este apartado, pero como mi blog va, principalmente, sobre castillos, he de dejar aquí constancia que la otra razón por la que me merecería visitar este lugar sería su alcázar —o alcázar real de Toro—, que es quizá su edificio más antiguo: del siglo XV el actual, pero sobre otro anterior del X.
De planta rectangular con torres en las esquinas y en el centro de sus lados —sin almenas todas ellas, al igual que las murallas—, fue testigo de los últimos momentos de la guerra entre los Trastámara y los Reyes Católicos.

Alcázar Real de Toro (de terranostrum.es)


ACTUALIZACIÓN:



Meses después adquirí otra botella pero en versión Tempranillo. 
Con respecto a las etiquetas, poco o nada que añadir.


martes, 31 de enero de 2017

Alarcón, villa fortificada

 Cuando te aproximas a Alarcón, cuando ya estás cerca, entra de golpe en los ojos el impresionante paisaje, los meandros que el Júcar regala, las penínsulas que forman, y en ellas cada una de las torres, murallas y castillo que lo custodian y decoran.

 Y compruebas complacido que es tal y cual lo habías imaginado, que ni las fotos ni tu conocimiento te han engañado. Quisieras permanecer ahí, quieto, llenándote de tanta luz de postal, y a la vez avanzar con ansiedad para verlo todo ávidamente, abarcarlo desordenadamente.

 Entonces eliges quedarte para comprobar que Alarcón es no sólo un pueblo, sino toda una sorpresa. El que escribe lo conocía, como tantos otros, muchos, lugares de España y del mundo, por fotografías y documentales en televisión, pero nunca en vivo y en directo, y de ahí lo de sorpresa: de pronto ha aparecido, pasado un repecho de la carretera, justo a la derecha, y todo se ha convertido en algo inmenso y profundo; todo es ya el meandro, los meandros, más hermoso que pueda verse si es que hasta ahora no se ha visto aquel que está al norte de mi tierra, el del Melero en las Hurdes.

 Así que ante el caos que prevés se avecina, mejor pones calma y equilibrio: empezar por el principio, y seguir el protocolo que te has marcado para cada una de las páginas de tu casadelatercia, por lo que, mientras recreas la mirada en tan bello cuadro, tiras de notas de la red y comentas con la Compañía pasajes de la historia del lugar y cosas así, para entrar en calor y prepararos para lo que vendrá.

Leemos que Alarcón es de origen romano; dicen que fue allá por el siglo V cuando el rey Alarico II lo refunda, y de él es posible le venga el topónimo.

Con los árabes se llamó Al-arkum, la Fortaleza, y alcanzó cierto esplendor cuando dependió de Córdoba. Disuelto el Califato, estuvo bajo la taifa de Toledo, siendo una de las fortalezas más inexpugnables de ese reino; fue refugio del príncipe toledano Mohamed Al-Feheri, el Ciego —aunque cuentan que fingía su ceguera—, y también lugar de su muerte en el 785.

Con los cristianos se convirtió en un señorío con fuero propio —Comunidad de villa y tierra— y dominio en un amplio territorio. Había sido conquistado en 1184, por obra y gracia de Hernán Martín de Ceballos, capitán a las órdenes de Alfonso VIII, que lo asedió durante nueve meses, y asaltó personalmente el castillo armado sólo con dos dagas, en las cuales se apoyó para escalar sus muros, abriendo así paso al resto de sus soldados. Agradecido por ello el Rey, le concedió el privilegio de tomar como apellido el nombre de la villa, pasando a llamarse Martín de Alarcón.

Diez años después, 1194, la villa es donada a la Orden de Santiago, que funda un hospital para peregrinos.

Alfonso VIII residió en Alarcón durante un año —1211—, preparando la batalla de las Navas de Tolosa —16 de julio de 1212—.

Recordando a don Juan Manuel: "A quien por codicia su vida aventura, sabed que sus bienes muy poco le duran". Y el texto está junto a unos cubos de basura, con rima y doble sentido.

A principios del siglo XIV la villa y sus tierras pasaron al infante Juan Manuel, sobrino de Alfonso X, que las recibió de Fernando IV. Restauró el castillo, reforzó sus murallas y construyó todas las torres exteriores. Además lo convirtió en su residencia, siendo el lugar donde escribió gran parte de su obra.

Sigue el Infante por las calles del pueblo.

A la muerte de don Juan Manuel, Alarcón volvió a la Corona, para ser donado a principios del siglo XV a Juan Pacheco, marqués de Villena. En la segunda mitad del siglo XV, fue el centro de la oposición de su propietario a los Reyes Católicos —estos pretendían reducir el poder feudal, a costa, claro está, de quitárselo a los señores feudales; además de que los Villena habían tomado partido por la Beltraneja—. El marqués de Villena perdió casi todas sus posesiones, siendo Alarcón una de las cuatro villas de las que siguió siendo propietario.

Ante la imposibilidad de tomar la fortaleza de Alarcón por parte de la Corona, y con tal de terminar con el conflicto, ambas partes accedieron a la firma de un acuerdo.

Esa imposibilidad se comprueba, primero, observando con deleite el promontorio donde se alza y el río que lo abraza —el gran foso que la protege— y los estrechos pasos por los que se accede a su interior.

Y después, recorriendo todas sus defensas, un sistema único que, en cierto modo, ha ayudado a que permanezca inalterada durante siglos. Sin duda fue uno de los mejores conjuntos fortificados de la península Ibérica, en los que se unió la topografía del terreno con el conocimiento de la arquitectura militar de sus constructores.

A la villa la rodean tres líneas de murallas consecutivas, con cuatro puertas por el sur y otra más por el norte; además de torres junto a esas puertas y otras dos más, ligeramente alejadas a la vez que muy próximas.

El primer recinto lo forman la Torre del Campo y la muralla coracha que de ella parte. Esa muralla, en la que se dispone la Puerta del Campo, baja por la ladera sur del cerro para cerrar el istmo que une a tierra el peñón donde se levanta Alarcón . La torre se levantó para cumplir la función de ser protectora de la puerta de este primer recinto, pero bien podríamos decir que es un castillo: torre, patio de armas y muralla. Así que le dedicaremos una entrada a ella sola.

 A continuación, apenas unos metros más adelante, está la Puerta del Calabozo o de Enmedio — de en medio porque está entre el primer y el tercer recinto— con su correspondiente torre; y más adelante la tercera, la Puerta del Bodegón o de la Bodega, que no tiene torre pero sí tiene el castillo a su lado para defenderla. Con esta puerta se cerraba el tercer recinto por el sur de la villa.

 La Muralla Sur termina con la Puerta de Chinchilla o de Las Moreras, por la que se accedía desde el Puente de Picazo.

 De la Puerta del Bodegón, y rodeando el castillo por su derecha, parte la Muralla Norte, que llegará hasta el otro lado del río donde se abre la Puerta del Río, y desde ella al Puente del Henchidero, de Cañavate o de Tébar.

Ese puente une la primera península con la otra más al norte donde se levanta la Torre de los Alarconcillos, hermosa, original y solitaria. Y hacia el oeste, y cerrando el istmo de esta segunda península, de manera simétrica a la torre del Campo, vemos muy lejos la Torre de Cañavate, también con su muralla coracha que antes bajó hasta el río y que hoy, muy mutilada, carece incluso de su puerta.

Y por último el castillo. Punto.

Mi Compañía.

Esta es la ruta que hoy me dispongo a pasear, que comienza con la solitaria y esbeltísima torre del Campo y espero termine en su gemela de Cañavate. Y en medio, además de todo lo ya anticipado, la villa de Alarcón, pequeña pero intensa; poco tiempo por delante, me parece, para tanto paseo.  

nota:

error, he rotulado las fotos con fecha del año 2015, cuando la visita la realicé en 2016.

RESUMIENDO:
Nombre:         Conjunto fortificado de Alarcón.
Municipio:    Alarcón
Localidad:    Alarcón
Provincia:    Cuenca
Tipología: Conjunto fortificado, castillo, murallas y torres.
Época de construcción: siglos IX al XIV
Estado: En muy buen estado conservación.
Protección: Bajo la protección de la Declaración genérica del Decreto de 22 de abril de 1949, y la Ley 16/1985 sobre el Patrimonio Histórico Español.
En 1981, 3 de junio, fue declarada la villa conjunto Histórico Artístico.
Calificación subjetiva: 5, o sea, no sólo no hay que perdérselo bajo ningún concepto, sino que además hay obligación de verlo antes de morir; y como no se haga, se morirá en pecado mortal.
Visitas: Totalmente libre el paseo por el pueblo y sus murallas —entrar en las torres no es posible—, y el acceso al castillo, actual Parador de Turismo, también.
Otras cuestiones de interés: Un paseo por el pueblo, admirar las iglesias de Santo Domingo de Silos, de la Santa Trinidad, de Santa María y la de San Juan Bautista, donde se encuentran las Pinturas Murales de Alarcón, pintadas en 1994 por Jesús Mateo. Y descansar la mirada desde cualquiera de sus miradores.
Cómo llegar: Desde la N-III, entre Honrubia y Motilla del Palancar, tomar la CUV-8003. Y desde la A-3, en Atalaya del Cañavate, tomar la CUV-8241 y en Tébar la CUV-8307, hasta Alarcón.





sábado, 28 de enero de 2017

Alanís, Sevilla

Población: ALANÍS
Municipio: ALANÍS
Provincia: SEVILLA
Escudo:
Descripción:        
Escudo español, cuadrilongo de base circular.
En campo de azur castillo de oro mamposteado de sable y aclarado de gules, acostado de dos perros alanos rampantes aferrados a la fortaleza, de plata y acollarados de gules; superado el castillo de menguante a la diestra y sol a la siniestra, de plata; en punta, llave de oro puesta en faja con la clave a la diestra.
Al timbre corona real cerrada.
Aprobado por Decreto de 27-02-1997.

Recurrencia:
Es su castillo que, por estar donde está, o sea la Sierra Norte de Sevilla de cuyo Reino dependía, formó parte de la Banda Gallega.

Localización:
Sobre un cerro al sur de la población.

Historia:
Fue levantado por los árabes, aunque apenas si hay datos antes de su reconquista en 1249, quedando vinculado a la jurisdicción del Reino de Sevilla.
Fue escenario de los enfrentamientos en los Guzmán y los Ponce de León —la casa de Medina Sidonia contra el Marqués de Cádiz—, en el contexto de la Guerra de Sucesión castellana entre la que sería la reina Isabel I y Juana la Beltraneja. El primero conquistó la fortaleza que defendía el segundo restableciendo la propiedad del lugar, y sus llaves, a la reina Isabel.
Desde entonces y hasta la Guerra de la Independencia en la que la población se levantó contra los ocupantes franceses, no se conocen hechos ni conflictos reseñables. Los franceses acondicionaron el castillo durante su ocupación, y volaron su interior y uno de los muros a su huida, como hicieron en tantos y tantos lugares.
Descripción:
Es pequeño, tiene planta hexagonal, seis lienzos de muralla que se adaptan al cerro. En el muro norte se abre la puerta, y sobre ella los restos de un matacán, y en su vértice noroeste se levanta la torre del homenaje.
Sus muros son gruesos, más de dos metros y su altura de unos 6.5 metros de media. Otra medida de interés, su mayor longitud (este-oeste) que es de poco más de 38 metros.
Su interior está totalmente diáfano, desaparecidas todas las dependencias y sin apenas rastro de sus cimentaciones que ayuden a imaginar ese interior.
Torre del Homenaje del castillo de Alanís.

Algo más de información, en este blog, siguiendo el enlace: 

martes, 24 de enero de 2017

Cuenca, castillo y murallas

Nombre: Castillo de Cuenca y murallas.
Municipio: Cuenca.
Localidad:  Cuenca.
Provincia: Cuenca.
Tipología: Castillo medieval.
Época de construcción: hacia el siglo IX. Con remodelaciones en el siglo XVI por la Inquisición. 
Situación:  El castillo de Cuenca está, como no podía ser en otro lugar, en Cuenca ciudad, capital de la provincia del mismo nombre. Una ciudad que no es conocida, precisamente por su castillo, sino por otros muchos encantos —la llamada Ciudad Encantada es uno de ellos—, por lo que me va a ser difícil escribir sobre lo que hoy quiero escribir, pues tratándose de Cuenca es complicado evitar otros elementos y otras perspectivas de la ciudad. Y es que como este blog va sobre castillos se supone que he de atenerme estrictamente a ese tema, aunque casi siempre haga alguna incursión sobre la historia del lugar —una razia por su pasado— para sentirme, mientras escribo, un poco más en ese lugar. Y de paso el lector, si es que existe algún lector de mi Casa de la Tercia, pueda así situarse ligeramente sobre el pasado del lugar.
Porque Cuenca es mucho pasado y mucha piedra; un gran paisaje, un inmenso espectáculo visual en el que los restos de su castillo y sus murallas apenas son una postal más de las muchas que te regala la ciudad.
Bueno, dejémonos de vaguedades que me estoy liando y entremos en harinas. Voy con un repaso rápido a la historia de la ciudad para situarnos.
Hay datos confusos sobre su fundación, pero parece acertado partir de finales del siglo VIII, cuando la población conocida como Qunka o Kunka y perteneciente a la cora de Santaver —la cora era una división comarcal del Califato de Córdoba—, que con el tiempo llegó a convertirse en capital de la misma.
A la caída del Califato, allá por el 1031, se integró a la taifa de Toledo.
Pero he ahí que el 23 de octubre de 1086 el rey de la taifa de Sevilla Al Mutamid derrota en Sagrajas a Alfonso VI; y es que el pobre estuvo durante toda la batalla preguntándose ¿pero Rodrigo dónde está? Esta victoria envalentona al moro que aprovecha el desconcierto y se adueña de Cuenca.
En 1091 los almorávides atacan Sevilla y Al Mutamid pide ayuda a Alfonso, que se la da, pero a cambio recibe éste la guarda y custodia de Cuenca. Primera reconquista de la ciudad.
Tras la batalla de Uclés —precioso lugar de la provincia— el 29 de mayo de 1108, Cuenca vuelve a manos musulmanas.
Habrá que esperar hasta el 21 de septiembre de 1177, cuando Alfonso VIII el de Las Navas, eso sí ayudado por Alfonso II de Aragón, reconquiste definitivamente la ciudad. La dota de fuero especial y constituye una sede episcopal seis años después, construyendo sobre los restos de la mezquita, la que fue primera catedral gótica de Castilla. Y además le da el título de “Muy Noble y Muy Leal”. Al que habría que añadir en 1257, el título de ciudad por parte de Alfonso X.
Durante los siglos XIV y XV la ciudad crece extendiéndose hacia el sur, la parte más baja del enorme cerro rocoso donde se asienta.
Durante la Guerra de Sucesión —de 1701 a 1713—, la ciudad optó por el bando del que sería el ganador, Felipe V, que la recompensó añadiendo los títulos de “Fidelísima y Heróica”.
El siglo XIX no le sentó muy bien a la ciudad, pues durante la Guerra de la Independencia fue saqueada nueve o diez veces, más otras dos durante la Tercera Guerra Carlista. Un desastre.
Y el siglo XX le fue como a casi el resto de las ciudades españolas: Segunda República, Guerra Civil, incendios de edificios religiosos, pillajes, etc. Lo normal del momento.
Hoy ya es otra cosa:
“Paisaje Pintoresco” desde 1963 y Patrimonio de la Humanidad desde el 7 de diciembre de 1996.

Datos históricos:
Y de la historia de la ciudad paso al castillo que, como debe ser aunque no ocurra siempre, se construyó en el punto más elevado y estratégico de la montaña. En el caso de Cuenca, en un estrecho y elevado istmo donde, y desde el cielo, parece que casi se tocan el río Júcar y el Huécar.
Y la cosa sucedió como así:
—fueron los árabes sus constructores, allá por el siglo IX;
—lo reconquistó definitivamente Alfonso VIII;
—los reyes Católicos mandan demolerlo como hicieron con otras muchas fortalezas, a fin de terminar con el poder y deslealtad de algunos señores feudales —en este caso con los Hurtado de Mendoza—
—la Inquisición, en el siglo XVI y durante el reinado de Felipe II, lo remodeló a su gusto y necesidades;
—y los franceses —siempre los franceses— lo casi reventaron, al igual que la mayoría de edificios que abandonaban al final de la Guerra de la Independencia; razón esta última por la que apenas nos han llegado restos de él, aunque sí los suficientes para interpretarlo.

Descripción, arquitectura y construcción:
Me sitúo extramuros, al principio de la que llaman calle Larga, frente a la que fue su puerta principal y una de las nueve que tuvo la ciudad, incluidos los postigos, conocida hoy como Arco de Bezudo. Es de medio punto y está retranqueado en la fortificación, por lo que parece más protegido; sobre él un escudo con toisón, y otros dos más pequeños; todos ellos de época renacentista.
Intramuros, el arco presenta actualmente un aspecto lamentable.
Lo que hoy vemos de él es el resultado de su restauración en el siglo XVI.
Antes de acceder por el arco, hay que superar un foso que hoy está ajardinado y se salva con un cómodo puente de dos arcos. El castillo también tuvo hacia el sur otro foso que lo aislaba de la ciudadela y que junto a los cortados de ambas hoces, le hacía inexpugnable.
Torre, puerta del Bezudo y puente de acceso




Las dos fotografías son del arco de Bezudo, intramuros. Por ahí descansa mi compañía.























 A derecha del arco, en dirección norte y hacia la hoz del río Júcar, lienzos de muralla entre tres cubos en buen estado; a la izquierda una potente torre a la que sigue el actual Archivo Histórico Provincial de Cuenca. Pero que antes tuvo otros usos como sede de la Inquisición desde su construcción entre 1575 y 1583; cuartel de las tropas napoleónicas y también después, durante las guerras carlistas; cárcel a partir de 1890 y hasta los años sesenta del pasado siglo; y desde entonces, restaurado y acondicionado para su nuevo y último fin.
También contó el castillo con otra puerta al exterior, la de la Sierra o de Bad-al Jabal, hoy desaparecida.
Pues esto es lo queda del que fuera castillo de Cuenca, cuya solidez por inconquistable, está hoy reducida a lo que eufemísticamente se denomina ruina consolidada.
Además también resisten restos de la muralla que la rodeó, pero como Cuenca es tanto y el tiempo dedicado a visitarla fue tan escaso, que ignoré lugares y dejé atrás sin pasear su muralla. Imperdonable olvido.
Una muralla que se cerraba hacia el sur, justo en la desembocadura del Huécar, donde se situaba la puerta que fue conocida como la del Alzázar o de Bad-Al Jaraz, y una vez cristianizada la ciudad pasaría a ser de Santa María y más tarde de San Julián.
A la izquierda el actual archivo Histórico provincial































La alcazaba desde la plaza del Carmen
 En la parte sur de la ciudad estuvo el alcázar, del que apenas quedan vestigios. Los pocos que resisten son visibles desde la plaza del Carmen o desde la Torre de Mangana —de la que también habrá que hablar—.
Después de la Reconquista, esta zona de la ciudad fue en la que se concentró la población musulmana que siguió residiendo en Cuenca.
Mirando al Júcar, la puerta de San Juan, que al exterior la conforma un arco ojival de sillería. Se llama así por estar al lado de la iglesia de San Juan, pero antes de los cristianos se llamó de Al Jaraz o de la Esquila, por ser la que utilizaba el ganado para salir de la ciudad e ir a pastar a las orillas del río. De ahí la leyenda:
Los caballeros de Alfonso VIII, aprovechando esta costumbre, se cubrieron con pieles de carnero y engañando a los centinelas consiguieron entrar en la ciudad y tomarla.
Me debo otra visita a Cuenca, por lo de la muralla y por un par de cosas más que me dejé olvidadas. Y mi temor del principio no se ha cumplido: he escrito estrictamente sobre el castillo y la muralla.

Estado: Se podría decir que su estado es de ruina consolidada, aunque de buen aspecto. Recientemente se ha consolidado y ejecutado excavaciones y limpiezas a fin de ponerlo en valor y hacer paseable los pocos restos visibles.
Propiedad y uso: Público; su uso es meramente turístico (mirador) y cultural.
Protección: Bajo la protección de la Declaración genérica del Decreto de 22 de abril de 1949, y la Ley 16/1985 sobre el Patrimonio Histórico Español.
Visitas: Libre acceso. Al adarve que queda se llega mediante unas modernas escaleras metálicas.
Calificación personal: 3, o lo que es lo mismo, se hará todo lo posible por visitarlo.
Pero porque forma parte de un todo que merece cinco estrellas, y eso no está en mi baremo. Fuera de contexto, quizá un 2.
Otras cuestiones de interés: la ciudad entera.
Cómo llegar: cójase un mapa o pregúntese a un GPS, que es una ciudad pequeña y necesita de pocas explicaciones.
Coordenadas: 40º04'18" N - 2º08'06" O

sábado, 21 de enero de 2017

Zufre, Huelva

 Población:   ZUFRE

Municipio:   ZUFRE
Provincia:   HUELVA
Escudo:

Descripción:
Escudo español, cuadrilongo de base circular.
De gules muralla almenada de once almenas, de oro y mazonada de sable, sumada de castillo naciente de sus almenas, vistas sus tres torres, de plata y aclarado y mamposteado de sable, sumada su torre del homenaje de árbol naciente de sus almenas, vistos parte de su tronco, ramas y hojas, de oro.
Al timbre corona real cerrada
Aprobado por Decreto de 09-06-1998.

Recurrencia:
Dos, el castillo y la muralla que rodeó la población.

Localización:
En el interior del pueblo.

Historia:
De origen árabe, pero lo conservado hasta hoy es cristiano, incluso la torre de las Harinas a pesar de su neto aspecto almohade.
Entre los siglos XVII y XVIII decayó la importancia del pueblo y su valor estratégico, y con ello la función militar de sus murallas, por lo que quedaron abandonadas.
Descripción: Del castillo, que se llamó de La Quebrada, ya no queda nada, y de la muralla sólo un par de torres, o mejor dicho tres, y diseminados paños de muralla ocultos entre las casas.
Las torres son: la de las Harinas, dentro de una vivienda pero visible, que no visitable, desde el exterior; la del Postigo, donde posiblemente estuvo la entrada a la villa, pero sólo apreciable desde la carretera de acceso; y el Torreón Alto, de traza cristiana, restaurado y accesible para el visitante.


Descripción: 
Del castillo, que se llamó de La Quebrada, ya no queda nada, y de la muralla sólo un par de torres, o mejor dicho tres, y diseminados paños de muralla ocultos entre las casas.
Las torres son: la de las Harinas, dentro de una vivienda pero visible, que no visitable, desde el exterior; la del Postigo, donde posiblemente estuvo la entrada a la villa, pero sólo apreciable desde la carretera de acceso; y el Torreón Alto, de traza cristiana, restaurado y accesible para el visitante.

La Torre de las Harinas desde el mirador de la Plaza.