sábado, 6 de febrero de 2016

Castillo de Fuendejalón, D.O. Campo de Borja

 D.O:                CAMPO DE BORJA

Nombre:         CASTILLO DE FUENDEJALÓN

Bodega:           BODEGAS ARAGONESAS S.A.

Dirección:       Ctra. Magallón s/n

                         FUENDEJALÓN  (Zaragoza)

Email:              info@vinogarnacha.com
Web:               

Tipo:               TINTO

Variedad:        25% TEMPRANILLO, 75% GARNACHA

Año:                1995

Tratamiento:  CRIANZA

Graduación:   12’5% Vol.



Descripción de la etiqueta:
Llama la atención por estar toda la botella envuelta en papel, es decir, que la etiqueta es el envoltorio.
Por lo demás, y a excepción del nombre, nada que nos acerque al mundo de la castellología. Destaca un pequeño y elaborado dibujo del edificio de sus bodegas.
En fin, otro ejemplo de recurrencia para denominar un producto con el nombre de un castillo que ya no existe pero que, evidentemente, queda en el recuerdo. Al menos en el del bodeguero.

Imagen obtenida en la página web de las bodegas

Etiqueta de la botella 

Sobre la recurrencia:
En Fuendejalón hubo un castillo del que hoy apenas quedan restos. Sobre los restos de aquella fortaleza se levanta hoy la ermita barroca de la Virgen –cómo no- del Castillo, del siglo XVII, con una imagen en su interior de la Virgen sedente con el Niño, probablemente románica y muy anterior a la propia ermita, de hacia el siglo XIII.
Del castillo hay pocos datos (escasamente su fecha de edificación, hacia el siglo XIV). Algunas piedras de lo que fueron sus cimientos se desparraman por la ladera del cerro de la ermita.

Iglesia de N. Sra. del Castillo
Lo dicho, del castillo no queda nada.

Otras cuestiones a considerar:
Tan importante es el vino en este pueblo que en su escudo dos racimos de uva ocupan la campaña de su cuadrilongo escudo bajo una torre almenada. La torre, supongo, por el castillo que ya no está. 
En sus cercanías más castillos: Trasmoz, Talamantes, Borja, y alguno más.
El escudo de Fuendejalón

martes, 2 de febrero de 2016

Alcoutim, el Castillo Nuevo

La última vez que visité Alcoutim lo hice con la decidida intención de que esa visita fuera el pretexto para escribir, por fin, estos comentarios. Y es que a pesar de haber recorrido el pequeño caserío en un par de ocasiones, y haber visitado su castillo nuevo también, aún no había resuelto redactar nada al respecto.
Así que la otra mañana nos pusimos en marcha hacia Alcoutim, que está en Portugal, para el que no lo sepa, en el distrito de Faro, muy cerquita de la frontera, junto al río Guadiana, y "enfrentada" en la orilla española con Sanlúcar del Guadiana.
Para llegar hasta allí se cruza la frontera por el puente internacional entre la A-49 (España) y la A-22 (Portugal), e inmediatamente se coge la primera salida y, por la IC27-N122, ponemos rumbo al norte.

Atrás, a unos 40 kilómetros, hemos dejado Castro Marim, su castillo y su fuerte; y con el Guadiana a la derecha lo remontamos hasta que la N122-1 nos indique y lleve a Alcoutim,





















También se llega desde la vecina Sanlúcar del Guadiana, con travesía fluvial obligatoria, en barca, claro. Esta segunda opción puede y debe acompañarse de una visita al Castillo de San Marcos.
Es Alcoutim una pequeña y tranquila población que se extiende sobre una ligera lader que llega hasta el río. El río, el Guadiana, frontera natural con España, ha sido el eje de su economía, centrada desde antiguo, principalmente, en el comercio por vía fluvial de productos mineros, tales como el cobre, hierro y manganeso.

Toda la región estuvo poblada desde la Edad del Hierro, también durante la conquista romana y, por supuesto, por los árabes hasta que es reconquistada durante el reinado de Sancho II, allá por 1240. En todo el entorno quedan numerosísimos restos arqueológicos, cuyo detalle sería prolijo y casi inapropiado en un blog como este.
Esta población fue el marco de trascendentales hechos históricos entre España y Portugal: firma del Tratado de Alcoutim entre Castilla y Portugal (hecho acaecido hacia 1371, al final de la primera guerra Fernandina, y la firma se realizó en medio del río Guadiana), las Guerras de Restauración durante el siglo XVII y las Liberales en el XIX.
Decía que fue reconquistada a los árabes durante el reinado de Sancho II, que es cuando se inicia la construcción de un nuevo castillo (los árabes tenían otro algo más al norte, el Castillo Viejo), y así reforzar las posiciones conquistadas.
En 1304, durante el reinado de Don Dionis I, fue ampliado y reforzado, llegando a tener sus murallas hasta tres puertas. Este rey concedió a la población fuero propio y la donó a la Orden de Santiago.
Entre 1495 y 1521 (reinado de D. Manuel), se efectúan nuevas reformas que lo adaptan a las necesidades bélicas de la época.
Hacia 1640, el rey Alfonso VI (Guerra de Restauración contra España) mejoró sus defensas para adecuarlas a las técnicas artilleras.
Terminadas las guerras con los españoles, pierde totalmente su utilidad militar, siendo abandonado desde principio del siglo XIX.
Hoy lo vemos restaurado, muy lejos de la ruina en la que se encontraba a mediados del siglo XX.


Una vez allí y sin demora, dejamos el coche y caminando nos dirigimos al castillo, situado sobre un ligero cerro al sur de la población: señalizaciones correctas y amabilidad por parte del paisanaje, que nos ofrece las indicaciones precisas para llegar. Luego habrá tiempo para recorrer sus calles y sentarse tranquilamente en la terraza de algún bar cerca del río.

Caminando hacia el castillo
Ya dentro, y previo pago de una módica cantidad de dinero, nos encontramos con un recinto ajardinado (muy lejos de lo que debió ser), limpio, cuidado y muy bien adaptado para su visita, lo que es digno de agradecer. Damos un tranquilo paseo por su camino de ronda y nos deleitamos con una panorámica excelente: el río, el pequeño puerto fluvial y Sanlúcar en la otra orilla que, repetimos, es España.

Sanlúcar del Guadiana desde el castillo de Alcoutim





















 La planta del castillo es un polígono irregular, un trapecio con sus lados un poco arqueados, ocupando una superficie de algo más de 3.100 m2.
Se ejecutó con cantería sin labrar, mamposteria burda, aunque hay zonas en las que el material predominante es la pizarra, en lajas horizontales formado hileras en espiga. Sus esquinas no presentan sillares que regularicen la fábrica. La diversidad de materiales empleados es debida a las sucesivas reformas y reparaciones que en él se efectuaron.

Exterior del castillo



















Interior del castillo

Zona abaluartada de la muralla

Las murallas tuvieron tres puertas, la de Tavira, Mértola y Guadiana, llamadas así por la orientación. Hoy el castillo conserva dos puertas, ambas de traza ojival, una al norte y otra al oeste.
Apenas restan almenas, casi toda la muralla está desmochada, fruto de su adaptación a la artillería.Tampoco quedan torres ni ningún elemento defensivo destacable, a excepción de un pequeño parapeto orientado al noroeste, o sea Sanlúcar, derivado de las reformas ejecutadas en el siglo XVIII.


En el "Mapa de todas las plazas, fortalezas y baterías del reino del Algarve" de José De Sande Vasconcellos, aparece un plano de este castillo en el que se aprecia un amplio cinturón de murallas que, rodeando todo el núcleo urbano, llegaban hasta el río. En él también quedan señalizadas las puertas que antes detallábamos.

La visita se remató en el Museo de Arqueología, instalado en un edificio de nueva construcción en el interior del castillo (la tipología de dicho edificio denota la falta de prejuicios por parte de sus promotores; ¡qué lejos de otros en otros lugares!) que contiene numerosos restos arqueológicos encontrados en el municipio y alrededores, y también parte de la cimentación más antigua de la fortificación.
De abajo a arriba: Sanlúcar, el río Guadiana y Alcoutim

Bueno, realmente la visita se remató en la terraza de un bar tomando nota de unas cuantas cervezas muy frías.

sábado, 30 de enero de 2016

Por qué la Heráldica

No es mi intención desarrollar en esta entrada un tratado sobre heráldica —¡válgame Dios!—, a la que llego por culpa de mi original afición a buscar y encontrar lo que llamo recurrencias castellológicas. Sino aproximarme un poco a ella, a sus curiosidades y particularidades. Aprovechar esa circunstancia para así salir del estado de desconocimiento en el que me encuentro sobre la materia. Es decir, navegar por la heráldica a través de, en primer lugar, los municipios españoles en cuyos escudos figura como mueble un castillo o una torre, o similar. Y de ahí al castillo si es que existe o ha existido, como vengo haciendo con los vinos.
Pero bueno, algunos conocimientos sobre heráldica sí tengo, pero tan básicos como insuficientes. Desde luego algo más amplios que la sucinta definición que la RAE hace del término heráldica, perteneciente o relativo a los blasones; arte del blasón. Busco blasón que esto habrá que llenarlo un poco más.
Blasón:
— arte de explicar y describir los escudos de armas de cada linaje, ciudad o persona.
— cada figura, señal o pieza de las que se ponen en un escudo.
Y tercera acepción, escudo de armas.
De esto va la cosa: escudos y castillos. Y de paso un glosario, que aunque hay algunos colgados en internet, no estará mal redactar uno y dejarlo en ésta mi casa de la tercia, para tenerlo siempre a mano. Y de esa manera ir conociendo términos y conceptos.
Pero vayamos poco a poco que de un tirón sería imposible. Porque a ver: si en España hay más de 8.000 municipios y yo tengo contabilizados más de 7.000 edificaciones de carácter castellológico, deduzco que deben ser muchos los que en su escudo luzcan un castillo o similar. Por ejemplo, en la provincia de Huelva, que tiene 81 municipios, he contabilizado 42 edificios y 39 escudos con el castillo o similar como mueble. Claro que en algunos de ellos el castillo que figura no es referente a alguno existente o que hubiera existido. Y viceversa, hay municipios que teniendo castillo no lo reflejan en su escudo.
Bueno, seamos pragmáticos: vayamos al escudo que tenga castillo, veamos por qué lo tiene y demos un corto paseo por el lugar.
De todas formas y extrapolando los datos anteriores, en España debe haber más de 4.000 municipios con recurrencia castellológica en sus escudos. Demasiados me parecen.
Lo dicho, vamos poco a poco.

martes, 26 de enero de 2016

Calera de León, Monasterio de Tentudía

Nombre:  Monasterio de Tentudía.
Localidad: Calera de León.
Municipio: Calera de León.
Provincia: Badajoz.
Tipología: Iglesia-Monasterio fortificado.
Época de construcción: Siglos XIII-XIV, el claustro es del XVI.

Situación:
Siempre pensé que el monasterio de Tentudía estaba en Monesterio. Y la idea no era sólo por la similitud del topónimo con el sustantivo, sino que dadas las numerosas veces que he pasado por ese pueblo en mi eterno ir y venir desde mi pueblo a mi ciudad, y a fuerza de ver las señalizaciones que indican el camino hacia la cima de la montaña, terminé en esa creencia.
Y en esa creencia he estado hasta hace relativamente poco tiempo. Fue en el año 2005 cuando, en una limpia mañana de diciembre, nos acercamos a conocer este monasterio. Ya durante el trayecto desde Monesterio hasta Tentudía comprobé su ubicación real y modifiqué mi vieja suposición, mientras atravesábamos la estrecha carretera llena de curvas que nos llevó hasta la cima de la montaña, a más de 1.100 metros de altitud. Así que situémonos: el monasterio de Tentudía está en el municipio de Calera de León, provincia de Badajoz.
Los árabes lo llamaron al-Qaxera y la reconquistó la Orden de Santiago al mando de su maestre D. Pelayo Pérez Correa.
En este lugar se instaló la Orden, ubicando su sede en la Conventual de Santiago, y alcanzando tal importancia que incluso fue residencia del Prior de San Marcos de León.
En la segunda mitad del siglo XVI fue capital de la denominada provincia de León de la Orden de Santiago, gozando de cuantiosas rentas procedentes de las muchas posesiones que tuvo en la comarca. Y es que había que pagar el apoyo que dio la orden a los distintos monarcas durante la Reconquista.

Datos históricos:
Se podría decir que es fruto de una leyenda (que a saber si aquel hecho fue cierto) el que el edificio esté ahí, ya que se ganó una batalla a cuya victoria, parece ser, contribuyó la Virgen. Sea por lo que fuere, lo cierto es que fue mandada construir por Don Pelayo Pérez Correa,  quien precisamente ganó la batalla de la leyenda, a mediados del siglo XIII.
Lo que en principio fue una modesta ermita levantada en honor a Santa María de Tudía (leer más abajo la leyenda), terminó siendo una sobria edificación que creció mientras estuvo bajo la autoridad de los maestres de la Orden de Santiago.
En el siglo XV la Orden establece en la vecina localidad de Calera su Conventual, con lo que la ermita adquirirá relevancia en toda la comarca, acrecentándose a partir de 1514 cuando el Papa León X declara monasterio a la edificación, con las ventajas y privilegios que ello suponía. Se había convertido ya en uno de los centros más importantes de la Orden de Santiago (leo por ahí que también está vinculado a los Templarios, pero me parece que, como otros tantos lugares, no deja de ser una invención que lo que pretende es buscar notoriedad).
Fue poco después, en 1518, cuando la orden encarga un retablo a Niculoso Pisano (una inscripción en el retablo así lo atestigua: “NICVLOS PISANVS ME FECIT A.D.1518”), un reconocido maestro azulejero afincado en Sevilla y de origen italiano. Este retablo es, quizás, el elemento artístico más notable del monasterio.
A mediados del siglo XVI el monasterio, que ya  era Vicaría de Tentudía y que comprendía nueve pueblos, creó un Colegio de Letras que estuvo funcionando hasta principios del siglo XIX.
A lo largo de ese siglo fue perdiendo influencia y ganando abandono, llegando incluso a la ruina. Hoy se encuentra restaurado y accesible al público, en un entorno espectacular e inigualable.
Esquina noreste.

Descripción, arquitectura y construcción:
Al monasterio de Tentudía se le puede considerar, sin temor a equivocarse, una iglesia fortificada (siguiendo la costumbre santiaguista de fortificar sus iglesias), y por eso aquí lo incluyo. Además de ser uno de los mejores ejemplos del mudéjar español.
Todo comenzó con la iglesia, germen del monasterio, que consta de una sola nave cubierta con bóveda de cañón, y con capillas laterales bajo bóvedas de arista sobre trompas.
El conjunto monacal ocupa algo más de 2.000 metros cuadrados, que incluyen el magnífico claustro mudéjar de dos plantas, la iglesia y otras muchas dependencias para uso diverso.
Los ángulos noroeste y suroeste están reforzados por sendos garitones de sillares de granito. El primero, situado junto a la espadaña, además de contener la escalera de acceso a la azotea, protegía la puerta principal; ésta es de granito y estilo renacentista, con cuatro columnas toscanas que soportan el dintel y un tímpano en arco. En los intercolumnios se conservan unas ménsulas que seguramente sostuvieron imágenes religiosas.
Otro elemento defensivo a destacar es su fachada oriental, que está almenada.
El claustro, ejecutado de ladrillo, se agregó al templo a principios del siglo XVI estructurándose en dos alturas y componiéndose con dos tipos de arco, medio punto peraltado en planta baja y escarzanos en la superior (cuatro arcos abajo y cinco arriba) enmarcados en alfiz y soportados con pilares octogonales. En el centro del claustro existe un aljibe que, evidentemente, servía para el abastecimiento de agua.

Puerta de acceso en su fachada norte.


Detalle de la fachada este.

Claustro del monasterio.

Pero el elemento más importante del monasterio está en la iglesia, y es el ya mencionado retablo de azulejería, que fue encargado para conmemorar la batalla de Tentudía y su supuesto milagro. Consta de 640 piezas y mide 2.6 metros de ancho y 3.4 metros de alto; se divide en tres calles y a su vez las laterales en tres cuerpos, mientras la central tiene un cuerpo único que contiene la imagen de la Virgen y se remata con un Calvario. La talla de la Virgen, que es de las denominadas de candelero, data del siglo XVIII.
El resto de las escenas aluden a la vida de la Virgen, y en los cuerpos inferiores aparecen dos retratos en actitud orante, uno de Pérez Correa y otro de Juan Riero que fue quien encargó el retablo.
Junto al presbiterio, al lado del Evangelio se encuentra la capilla de los Maestres, llamada así por contener varias tumbas de caballeros de la orden de Santiago: en el centro están los sepulcros de los maestres Gonzalo mejía y Fernando Ozores; y bajo un arcosolio está enterrado García Hernández que fue camarero del rey Enrique II. Otros arcosolios también contienen sepulcros pero sin ningún tipo de figura ni indicación.
La capilla la preside un retablo en azulejería de la segunda mitad del siglo XVI,  que representa a San Agustín en el centro y a Santa Catalina de Alejandría en el banco.
En el lado opuesto otra capilla, denominada de Juan Zapata, sin sepulcros y con otro retablo de azulejos dedicado a Santiago.

En esta nave central se encuentra la tumba de Pelayo Pérez Correa, totalmente cubierta de azulejos.




Y por último la leyenda.
Situémosla en el tiempo: Fernando III el Santo está plenamente dedicado a la reconquista de las tierras del sur de la península, y en el caso que nos ocupa es ayudado por los caballeros de la Orden de Santiago que, al mando de su maestre Don Pelayo Pérez Correa, pretendían recuperar esta zona de lo que hoy llamamos comarca de Tentudía en el oeste de Sierra Morena.
Se enfrentaban a los moros en una larga batalla que ya duraba todo el día, y viendo cómo se acercaba la noche sin conseguir la victoria, desmoralizado el maestre Don Pelayo, imploró a la Virgen con el grito “Santa María, detén tu día”. Inmediatamente el sol detuvo su descenso permitiendo que los cristianos dispusieran del tiempo suficiente para derrotar al enemigo.
En agradecimiento, el maestre mandó construir una pequeña ermita que honrara el milagro, bajo la advocación de la que sería Santa María de Tudía.

Materiales: El edificio, en su mayor parte, está construido en mampostería, y en algunas zonas está enlucido y encalado. Aunque contiene muchos elementos de ladrillo como consecuencia de las múltiples reformas y ampliaciones que ha tenido a lo largo del tiempo: la espadaña, los contrafuertes, el almenado, esquinas y dinteles. También aparecen sillares de ladrillo en algunas esquinas y en los vanos de alguna puerta y ventanas.
Estado: En buen estado de conservación. Recientes restauraciones le han devuelto algo del esplendor que los últimos doscientos años le habían hecho perder.

Propiedad: 
Uso: Turístico y cultural. Y como excusa para admirar el entorno.
Visitas: cuando lo visité, el acceso era libre a la iglesia y al claustro, el resto cerrado.
Protección: Bajo la protección de la Declaración genérica del Decreto de 22 de abril de 1949, y la Ley 16/1985 sobre el Patrimonio Histórico Español.
Está declarado Bien de Interés Cultural.

Calificación subjetiva3, es decir, se incluirá obligatoriamente en ruta de viaje, o lo que es lo mismo, se hará todo lo posible por visitarlo.
Otras cuestiones de interés: sin duda alguna las espectaculares vistas que desde la cima se pueden contemplar. Y si hay tiempo no olvidar la Conventual de Santiago en Calera de León,
Cómo llegar: desde la A-66, E-803, o sea la Vía de la Plata y a la altura de Monesterio, tomamos la EX103 en dirección a Calera de León y desde ésta,  llegaremos al monasterio por una estrecha y tortuosa carretera, la BA-3002.
Coordenadas:   38.05418 N -6.33855 O



viernes, 22 de enero de 2016

El verbo "recurrir"

La segunda acepción del verbo “recurrir”, según el diccionario de la RAE es: “acogerse en caso de necesidad al favor de uno, o emplear medios no comunes para el logro de un objeto”. De todas, es la que se aproxima algo al significado que en ocasiones se le da a ése verbo sin, seguramente, tenerlo; o a su participio activo “recurrente”, o al sustantivo “recurrencia” que sólo tiene un significado y es aplicable a las matemáticas, tan alejado del lugar donde quiero ahora ubicar mi idea.

 

Y mi idea es intentar explicar, o explicarme, por qué se utiliza con tanta frecuencia, y mejor o peor fortuna, la imagen de un castillo, o de otros edificios medievales, o de símbolos, títulos nobiliarios y topónimos —a veces inventados—, para denominar o marcar, como distintivo o señal que el fabricante pone a los productos de su industria, y cuyo uso le pertenece exclusivamente”, tantos y tantos productos de uso cotidiano, generalmente en el campo de la alimentación.

Y más concreto en el mundo del vino, que fue lo primero que me llamó la atención: cuántos vinos llevan el nombre de un castillo, real o ficticio; o en su etiqueta figura dibujado uno, inventado o no; o una alegoría, un emblema, un nombre, un detalle que asocie el producto con el símbolo y así hacerlo más atractivo para el consumidor.

Pero no sólo es en los vinos en particular, o en la alimentación en general, donde observo el uso de una iconografía castellológica. En otros campos también; la publicidad lo utiliza con frecuencia, de manera generosa, y el castillo en su paisaje, se deja usar y abusar: es un elemento, un recurso, un motivo recurrente.

Y qué decir de la Heráldica, ese arte que a modo de ciencia trata de describirnos los escudos de armas y explicarnos sus componentes y sus porqués. De manera incontable observamos la inserción de elementos y edificaciones arquitectónicas en los escudos, principalmente castillos y torres que, en muchos casos, hacen alusión a alguno del lugar, existente o desaparecido, en el caso de topónimos. Y en los demás casos, no lo sé. Así que aquí también otro recurso recurrente.

 Voy a ver hasta donde llego buscando el uso noble, y también el abuso, de imágenes medievales a través de etiquetas de vino, de escudos, de billetes de lotería, o de sobrecillos de azúcar o de cualquier otro producto; o yo qué sé, de lo que se me cruce por el camino.

 Pero todo sea procurando no pararme en calidades, ni en sabores; reparar sólo en la curiosidad que el nombre me despierte, e intentando encontrar la realidad del recurso recurrente utilizado.

Y por supuesto, llegado el caso y si lo merece, elogiar o censurar el acierto o la torpeza del diseño.

Así que, si fue en las botellas de vino donde, en primer lugar, observé la “recurrencia”, sean los vinos el objeto de las primeras entradas a mi casadelatercia, que irán creciendo con otros productos —al menos así lo espero—, u objetos, o cualquier cosa que, castellológicamente hablando, sea merecedora de mi curiosidad.

Aunque es la palabra recurrencia la que en principio sentí como más acertada para denominar estas cuestiones, creo más correcto, a fin de no molestar al gremio de los matemáticos, decantarme por lo de recurso —ayuda o medio del que una persona se sirve para conseguir un fin o satisfacer una necesidad— recurrente —que ocurre, aparece o se realiza con cierta frecuencia o de manera iterativa.

Pues así lo haré, cuando me parezca.

Nota: hace algún tiempo que hice desaparecer de este blog las entradas relativas a las recurrencias. Ahora se pueden encontrar en otro que denomino precisamente recurrencias castellológicas, en el que voy ampliando el tema a otras cuestiones y productos.

 

  


martes, 19 de enero de 2016

Burgos, torre de Landa o de Albillos.


La primera referencia que tuve sobre esta torre me llegó mientras confeccionaba mi “listado” de castillos españoles. Ya entonces me llamó la atención esa duplicidad que el edificio tiene: torre de Albillos/torre de Landa; pero no profundicé nada en ello y quedó en la lista como un número más. Más tarde encontré una botella de vino —mis recurrencias vitivinícolas— con el nombre de Castillo de Landa, que asocié inmediatamente a la torre de Albillos. Rebusqué en la red, sólo un poco, y enseguida apareció la evidencia.
Así que a la primera oportunidad que tuve, cuando uno de mis caminos vacacionales pasó por la E-5 justo a su “altura”, paré el coche y bajé a pasearla.
Fachada suroeste de la torre.
La actual torre de Landa fue antes la torre de Albillos, aunque en el espíritu seguirá siéndolo. Estuvo de siempre en Albillos, que es un pequeño municipio de la provincia de Burgos y más concretamente del alfoz de Burgos.
Ya se le nombra en un documento del año 994 referido a una donación del abad de Cardeña, así que tiene como mínimo algo más de mil años.
La torre es posterior, quizás del siglo XIV. No leo nada sobre la fecha exacta de su construcción o sobre si sus cimientos son de otra torre, pero sí que durante el reinado de los Reyes Católicos sus propietarios eran los Cartagena, que la vendieron al obispo de Burgos Luis de Acuña. Este obispo funda un mayorazgo a favor de su hijo (ay, la iglesia) Diego Álvarez Osorio, bajo cuyo linaje permanecerá la propiedad de la torre hasta finales del siglo XVI cuando, y por falta de sucesión masculina, recaerá su propiedad en los condes de Aguilar de Inestrillas y posteriormente pasará al ducado de Abrantes.
Aspecto que lucía la torre en Albillos, en la primera mitad del siglo XX. 

Pero sigo con Albillos, que aunque pequeña localidad tuvo su aquél en el pasado. Formó parte, a mediados del siglo XIV, del señorío de Pedro Suárez que fue repostero mayor del rey Don Pedro —el Cruel para algunos, el Justiciero para otros—, cuando el repostero no era quien ejercía el oficio de la repostería, sino el encargado del depósito y del repuesto de todos los objetos personales del rey, a cuya custodia quedaban. Posiblemente, de esta época, date la construcción de la torre.
Entre 1785 y 1833, Albillos formó parte, junto con trece pueblos más, de la denominada Intendencia de Burgos (división administrativa que fue el antecedente de la actual provincia).
Y en un salto en el tiempo llegamos a 1964 cuando D. Jesús Landa la adquiere, manda desmontarla y la traslada a su actual emplazamiento en las afueras de Burgos. Una vez montada, aunque con particularidades y algún exceso, pasó a formar parte de un complejo hotelero. Eso sí, previa inauguración por el entonces rey Juan Carlos I, como no podía ser de otra forma.
Fachada principal de la torre.

Y como dije más arriba paré el coche en los aparcamientos del hotel Landa y me dispuse a pasearla. Paseo que tuvo que ser sólo exterior, pues al pertenecer  la torre a las instalaciones del hotel y disponerse en ella algunas de sus espléndidas suites, resultaba inviable su visita interior.
Puerta de entrada al anexo que la une al resto del hotel

La torre, que fue exenta, hoy está unida al edificio del hotel por un cuerpo anexo de idéntica factura a la fortificación (me atrevería a decir que es un añadido pues no leo nada donde se diga lo contrario; en la única fotografía de la torre original que he encontrado tampoco se aprecia este cuerpo).
Es de planta casi cuadrada, presentado un compacto y aparentemente pesado paralepípedo. Aunque quizás no tanto a como lo fue en el pasado, ya que en su reconstrucción ganó una planta (supongo que para rentabilizarla en su nuevo destino) con respecto a la original, lo que la hace un poco más esbelta de lo que fue.

Toda ella es de sillarejo, muy regular, y con una gran profusión de huecos, más de los que tuvo en Albillos; pero es de comprender, que si allí su misión fue la defensa, aquí es el placer y para ello se necesita luz y ventilación. Los hay de todo tipo y tamaños: pequeños, grandes, rectangulares, con arcos de medio punto, saeteras e incluso ventanas ajimezadas.
La puerta se abre en su fachada noreste, con arco de medio y enmarcada entre dos pilastras.

Cada una de sus fachadas está coronada por un matacán situado en el centro y a la altura de las almenas que, a pesar de estar apoyadas sobre modillones en forma de arquillos ciegos, apenas sobresalen de la vertical de los lienzos. En la torre original las almenas, de mayor tamaño y en menor número que actualmente, estaban en el mismo plano que las fachadas.
 
Escudo de Albillos


Y aunque la torre ya no está en Albillos, queda en su escudo para que no se olvide, en el segundo cuartel en gules, de oro, mazonada de sable y aclarada de azur. En el primer cuartel, en oro, hay dos álamos de sinople trenzados, en recuerdo al nombre del lugar, Albillos, diminutivo de albo, o sea blanco; tal vez álamos o chopos blancos. En el entado y de plata dos ondas de azur. Por último y al timbre corona real cerrada.


Tras el paseo, una visita al bar, un café y algo más como desayuno tardío; y una visita a los que seguramente sean los aseos más bonitos y limpios que haya usado en toda mi vida.

Nombre: Torre de Albillos (lo de Landa es una concesión que se hacen sus actuales propietarios).
Municipio: Burgos, pero en el espíritu Albillos.
Localidad:
Provincia: Burgos.

Tipología: Torre señorial.
Época de construcción: Mediados del siglo XIV.
Remodelaciones: Posterior reconstrucción en los años 60 del siglo XX.
Estado: En muy buen estado, pero es que ha sido minuciosa y excesivamente reconstruida, habiendo quedado bastante modificada.
Propiedad y uso: Privada, o pública, según como se interprete; ya se ha dicho que es un hotel..
Protección: Bajo la protección de la Declaración genérica del Decreto de 22 de abril de 1949, y la Ley 16/1985 sobre el Patrimonio Histórico Español.
Visitas: Sólo el exterior. Para gozar del interior es necesario alojarse en el hotel y en alguna de sus privilegiadas habitaciones.

Calificación personal: 3, o sea, que se incluirá obligatoriamente en ruta de viaje, o lo que es lo mismo, se hará todo lo posible por visitarlo.
Otras cuestiones de interés: En Albillos, echar un mirar a la sencilla transición del románico al gótico de su iglesia de Santa María la Mayor; y un no mirar a su torre, que ya no está. Después un degustar su cordero o sus alubias rojas; o las dos cosas.
Cómo llegar: Al sur de la ciudad de Burgos, justo al borde de lo que fue la N-1, hoy la A-1.