martes, 20 de febrero de 2024

Ávila, puertas de las murallas

El mejor lugar para comenzar un paseo en torno a ella, o al menos desde donde yo lo inicié, es la Puerta de San Vicente, situada ante la plaza de San Vicente, que está extramuros; es la plaza más amplia de la ciudad, aunque no la más importante. En ella se encuentra la basílica de San Vicente, cuyo atrio reina sobre la plaza tanto como la propia puerta de la muralla.
Junto con la del Alcázar, fue la primera en construirse; su ejecución es románica, de pequeña factura y arco de medio punto, enmarcada entre dos torres que sobresalen de la muralla, de más de 20 de altura y que quedan unidas por un puente sobre un arco de medio punto, adelantado a la puerta, desde el que se tiene visión al exterior y a la propia puerta. Originalmente estas torres fueron cuadradas, pero se forraron con el aspecto actual.


Tuvo doble puerta y rastrillo; y aún se puede ver un hueco que comunica directamente su terraza con el vestíbulo entre la doble puerta, que serviría para arrojar líquidos hirviendo a quienes hostigaran esa entrada. En el siglo XIII se la reforzó con foso y una barbacana, que fueron eliminados cuando las reparaciones del XVI.


A su derecha se encuentra el llamado Cubo de la Mula, el primero del lienzo oriental y vértice noreste de la muralla. Este torreón tiene embutido un verraco —siempre se asoció a una mula— y según la tradición, aquí está enterrada la mula que trajo los restos de San Pedro del Barco.
Continuando en sentido horario, la muralla describe una inexplicable curva a pesar de que la orografía del terreno no obligaba a ello, y tras tres torreones quiebra ligeramente, y se refuerza en ese vértice por una torre que sobresale en exceso, algo característico de los cubos situados en las esquinas. Dada la mayor longitud de los lienzos de esta zona, es por lo que se supone y justifica que en su centro se construyeran matacanes, aumentándose así la capacidad defensiva.

Unos metros más adelante está la llamada Puerta del Peso de la Harina, de los Leales o de los Obispos, que no es románica sino renacentista; fue construida en el siglo XVI. Como singularidad decir que es la única adintelada.



Curiosidad: Su nombre proviene de que, en la Casa de las Carnicerías, próxima a ella y una de las pocas que quedan adosadas a la muralla, se custodiaba —primero lo fue en el vecino Mercado Grande— el pote de Ávila, medida de grano que se utilizó durante siglos como patrón de medida en la ciudad. El pote de Ávila conformaba la medida legal para el grano (para la longitud era la vara de Burgos y para los líquidos la cántara de Toledo), que era de doce celemines, o sea media fanega, que al cambio actual se traduce en cincuenta y cinco litros y medio.
El Pote de Ávila (de avilaenlared.com)




Seguimos caminando hacia el sur, e inmediatamente después encontramos el Cimorro de la Catedral, que es el ábside levantado en el siglo XV, ya en un periodo del gótico tardío, para ampliar la catedral y que se construyó superando la línea de murallas, por lo que hubo que demoler parte de ella. Se conforma como el gran cubo de la muralla, con su exterior evidentemente fortificado con una triple línea de adarves y un matacán corrido. El aspecto exterior es cerrado y pesado, tiene un potente carácter castrense que fortalece aún más esa zona de la ciudad; como continuación de la muralla, parece un baluarte que contrasta con el interior, ligero y esbelto.
Desde el Cimorro, dice la leyenda, que Alfonso VII se mostró, siendo niño, a su padrastro Alfonso I de Aragón “el Batallador”; fue la acción previa a la matanza de las Hervencias.

Seguidamente, y a poca distancia, se abre la Puerta del Alcázar, la más importante de todas. Se llama así por estar situada justo al lado de lo que fue el Alcázar, demolido en 1927. Se dice que bajo su arco tuvo lugar la llamada Farsa de Ávila, el figurado destronamiento del rey Enrique IV de Castilla y la proclamación como monarca de su medio hermano Alfonso, el 5 de junio de 1465.





Está enfrentada a la plaza del Mercado Grande, la más concurrida de la ciudad, y justo enfrente a la iglesia de San Pedro, ambas extramuros. Es análoga, y coetánea, a la de San Vicente: pequeña y en arco de medio punto, flanqueada por dos enormes torres muy sobresalientes de la muralla, de más de 20 metros de altura que también se unen mediante un puente con adarve desde el que se podía hostigar al enemigo que se encontrara justo ante la puerta. En el siglo XIII, al igual que la de San Vicente, se la reforzó con foso y una barbacana.

Tuvo trabajos de reconstrucción en el siglo XVI durante el reinado de Felipe II, cuando se eliminaron la barbacana y el foso. De entonces queda el recuerdo del escudo que corona el arco.
Fue restaurada en 1907, añadiéndosele almenas como la de San Vicente, a pesar de no existir documentación que avalara su existencia original.


El siguiente torreón tras la Puerta del Alcázar es la torre del Alcázar que, junto con la siguiente torre son los únicos restos que quedan de aquel edificio. Fue construido a finales del siglo XIII por orden de Sancho IV, y reformado en los dos siglos posteriores.
Esta esquina de la ciudad era una de las zonas más vulnerables de la muralla, por lo que su construcción, la del Alcázar, en este sitio, se debió a la necesidad de reforzarla, tal como se hizo con el Cimorro de la Catedral.
El primer cubo fue reformado en el siglo XVII, convirtiéndolo en calabozo y añadiéndole un doble adarve. El siguiente, el de esquina, tiene a unos cinco metros de altura una estela funeraria romana. Entre ambos, muy cerca del primer torreón encontramos la primera poterna.
Estas torres pudieron estar cubiertas con chapiteles, lo que las harían más elevadas y con ello serían una muestra del poder de quien en él habitaba. Entre ambas se aprecia uno de los tres portillos que tuvo la muralla.


El Alcázar, que fue, lamentablemente, demolido entre 1927 y 1930, ocupó lo que hoy es la Plaza de Adolfo Suárez, la Delegación de Hacienda y el edificio contiguo; tras ellos aún se puede ver un muro almenado que cerró por ese lado el Alcázar.
Después de girar a la derecha, y pasados dos cubos, vemos otro de mayor diámetro que también perteneció al Alcázar y que fue utilizado como almacén para la pólvora.

Siguiendo nuestro paseo, con la buena vista del valle de Amblés a la izquierda, llegaremos a la Puerta del Rastro, que también se conoció como del Grajal, de la Estrella o de Gil González Dávila, o simplemente de Dávila.



En este tramo los cubos son de menor diámetro que el resto, aparentando estar muy embebidos en la muralla, la cual, aquí, forma parte del palacio de Navamorcuende, que hoy es sede del obispado de Ávila. Dos de las torres están cubiertas. Por aquí la cerca se cimenta sobre los afloramientos rocosos.
Poco antes de llegar a la Puerta del Rastro, y en uno de los lienzos, se puede observar la existencia de un portillo cegado.
La Puerta del Rastro es original del siglo XII, de pequeño tamaño, en arco de medio punto y cobijada bajo un gran arco carpanel que le fue añadido en el siglo XVI y que soporta un mirador, una galería que pertenece al palacio de los Dávila, que está adosado intramuros a la puerta.



Cuatro torreones más y estamos en la Puerta de la Santa, también llamada de Montenegro. Su primer nombre se relaciona con la plaza a la que se accede, donde hay una preciosa escultura dedicada a la santa, y se levanta la Basílica y casa natal de Santa Teresa. Este edificio queda perfectamente enmarcado ajo el arco de medio punto de la puerta.
Su datación es el siglo XVI, aunque ha sufrido varias reformas. Está flanqueada por dos torres cuadradas entre las que vemos, coronándola, un llamativo matacán. A su izquierda intramuros, se encuentra el palacio de Blasco Núñez Vela, con un espléndido mirador sobre la muralla.
No he podido averiguar por qué se la denomina también de Montenegro. Lo siento.






La última puerta de esta cara sur de las murallas es la Puerta de la Malaventura, Mala Dicha, o Arco de San Isidro. También leo que es conocida como el Arco de los Gitanos. Aunque bien podría llamarse de los Judíos, pues por ella se accedía directamente a su barrio, y por ella se dice que salió la población judía de Ávila cuando los Reyes Católicos decidieron su expulsión. Quizás se llame así por ese uso que tuvo y que supuso aquel infortunio a esa parte de la población.
No obstante, leo que por esta puerta fue por la que también salieron los sesenta caballeros abulenses que fueron ejecutados por Alfonso I de Aragón en la Matanza de las Hervencias. Lo que también se ajusta y relaciona con la desgracia.
Frente a ella, extramuros, estuvo la ermita románica de San Isidoro o de San Isidro, donde se guardaron los restos de este último hasta su traslado a Madrid.
De esta puerta, un simple arco de medio punto, se dice que nunca ha sido modificada. Pero consta que a finales del siglo XIX estuvo tapiado. Como diferencia de las demás diremos que ésta es la única peatonal.





La Puerta de la Malaventura, hacia 1896 (de muralladeavila.com)

Llegado el paseo al vértice suroeste de las murallas, que es el llamado Cubo de la Malaventura —supongo que alguna relación tiene con los caballeros muertos en la Matanza de las Hervencias— nos encontraremos hacia el centro del lienzo de poniente, la Puerta del Puente, del Adaja o de San Segundo.
Esta puerta forma parte de las murallas originales, y aunque no tiene el aspecto imponente de las de la cara este, sí tuvo su importancia pues por ella accedían a la ciudad gran cantidad de viajeros. En sus alrededores, y dada la proximidad del río se concentraba el trabajo de molineros y tintoreros.
Fue muy reformada durante los siglos XV y XVII, perdiendo el aspecto medieval que, evidentemente, debió de tener.
Ante ella, y pensando en el desnivel topográfico entre el lienzo oriental y este de poniente, imagino que, en días de grandes lluvias, por esta puerta debía correr el agua como si de un arroyo se tratara.




Tras el Cubo de San Segundo, que es el vértice noroeste de la muralla, veremos la imagen más característica de Ávila, a la vez que la más sugerente y cautivadora, sea el momento del día que sea: un largo lienzo en el que se levantan 30 torreones, que se va elevando de manera rítmica y apoyado en lo que hoy es un cuidado talud. La inexistencia de edificaciones que distorsionen su imagen, hace de esta parte de la cerca una fotografía magnífica.







Hacia el centro de ese lienzo está la Puerta del Carmen, levantada en un quiebro de la muralla que apenas mide lo que la puerta. A ésta también se la llamó de la Cárcel, y no formó parte de las originales, sino que fue construida en el siglo XIV para facilitar el trasiego de mercancías y el paso de los carros.
Es casi análoga a la de la Santa, la flanquean dos cubos cuadrados, pero ésta se caracteriza porque tras ella asoma la espadaña de ladrillo que, construida en tiempos de Carlos II, formó parte del convento del Convento del Carmen. Esta es la puerta más reconocida de la muralla y cuya imagen se asocia con más facilidad a la ciudad.



La última puerta es la del Mariscal, también llamada de Fuente el Sol, la cual mantiene su discreta morfología tal y como fue construida, con el solo detalle de que su arco es apuntado.
Su nombre viene en recuerdo de Álvaro Dávila, que fue mariscal del rey Juan II de Castilla y que pagó su construcción. Su otra denominación viene por haber sido el bastión defensivo de la familia Fuente del Sol.














martes, 13 de febrero de 2024

Ávila, murallas de Ávila

La muralla de Ávila, dice Wikipedia, «es una cerca militar románica que rodea el casco antiguo de la ciudad española de Ávila, capital de la provincia homónima, en la comunidad de Castilla y León». Yo no lo hubiera podido decir mejor, ahí queda la introducción.
No se entendería Ávila sin su muralla, ya que ha marcado la dimensión de la ciudad a lo largo de los siglos, sus límites, su fisonomía y su carácter.

Su origen está en tiempos previos al medievo, pues hay elementos y materiales en ella muy anteriores que así lo delatan. La duda está en la procedencia de muchos sillares, si ya formaban parte de una anterior cerca o fueron reutilizados de otras edificaciones, incluso de dos necrópolis cercanas. Es posible que esa cerca anterior hubiera pertenecido a un campamento romano —los romanos se habían asentado en este lugar en el año 154 a.C.—, su forma y proporciones quieren decirnos que sí, aunque no su tamaño, mucho mayor que la de León, ciudad que durante el Imperio fue la que más importancia tuvo en el centro y noroeste peninsular. Por tanto, si las de Ávila se edificaron sobre las de un castro romano, no lo fueron en su totalidad ya que aquellas fueron más pequeñas que la muralla actual.
Pero vayamos a datos más ciertos, o al menos más fiables:
Reinaba Alfonso VI de León cuando su yerno, Raimundo de Borgoña, casado con la que sería Urraca I de León, ordena, a instancias de su suegro la construcción de estas murallas.

Nota intermedia: Alfonso VI de León fue dos veces rey, la primera entre 1071 y 1072, y la segunda entre 1072 y 1109. Durante esos ese de 1072 sucedió lo de su exilio en Toledo y la muerte de su hermano Sancho; después llegó el Cid, la Jura de Santa Gadea, etc., etc.

Dice la tradición que fueron sus maestros de obras Casandro Colonio, de procedencia romana, y Florín de Pituenga que era francés; si bien se habla de que tuvieron un ayudante, Alvar García, de origen navarro. Parece ser que se conoce la fecha exacta del inicio de las obras, o al menos eso nos dice la tradición, que fue el 3 de mayo de 1090. Las obras duraron nueve años y en ella trabajaron 2000 hombres.
Según estudios recientes, no se descarta que su datación sea más tardía, hacia la segunda mitad del siglo XII, por lo que la duración de los trabajos o se alargó más en el tiempo, o no fue tan corta como nos contaron. Sea lo que fuere, hubiera partes que ya estaban edificadas o no, o se aprovecharan materiales externos, el caso es que nueve años parece poco tiempo para levantar una obra de tal medida. Y los constructores serían otros, no los arriba nombrados. Quién sabe.

Sus primeras obras de reforma se realizaron pronto, en 1246 Alfonso X ordena su adaptación a los nuevos usos militares y se construyeron fosos y puentes levadizos en su cara oriental. A finales de ese siglo, Sancho IV manda construir el Alcázar.
En el siglo XV, el obispo de Ávila, a instancias de Juan II, y ante el progresivo uso de la artillería, hace aumentar la altura de los lienzos en la cara oriental, igualándola con la de las torres y llegando a los 15 metros; también se construyó una barbacana en su cara oriental y se reforzaron las puertas de ese lado.
A partir de entonces pocas fueron las intervenciones realizadas en la muralla, sólo destacar la restauración de 1596 ordenada por Felipe II, en la que también se eliminaron los fosos y las barbacanas, y se mandó construir la Puerta junto a la Casa de las Carnicerías. Pero a pesar de eliminarse estos elementos defensivos, las murallas siguieron teniendo interés para la Corona.
Es a lo largo del siglo XVII, cuando los nobles de la ciudad marchan a residir a la corte, que la muralla inicia un tiempo de abandono y deterioro, pues hasta entonces eran ellos los encargados de su mantenimiento, y a la vez de su vigilancia y defensa, en función de la situación de sus palacios y residencias. Incluso tenían encomendada la seguridad de las puertas. Al irse de la ciudad, la muralla es abandonada, por lo que las autoridades se plantean su derribo, cosa que, a Dios gracias, no ocurre por falta de presupuesto para pagar la demolición.

Los invasores franceses, a principios del siglo XIX durante el tiempo que ocuparon nuestro país, la utilizaron y realizaron obras de refuerzo y defensa, tales como tapiar algunos postigos y puertas. Muy acertados no estuvieron, aunque hay que agradecerles que, previa su huida, no las volaron aligual que hicieron con otras fortificaciones.
En el transcurso de las Guerras Carlistas se construyeron baluartes y baterías, pero fueron demolidas al finalizar aquellos conflictos. A la vez que se llevaron a cabo diversas obras de reparación, de una manera genérica, a fin de ser declarada Monumento Nacional.
Ya en el siglo XX, en concreto en 1907, se actúa en varios puntos, como la Puerta del Alcázar y las torres contiguas; pero lamentablemente entre 1927 y 1930 es demolido el Alcázar.
Entre 1986 y 1987 se consigue dejarla toda libre de edificaciones adosadas y se hace una restauración y consolidación general.

Tienen un uso exclusivamente turístico-cultural, siendo visitables varios tramos de sus adarves, y en su totalidad por el exterior.
Las murallas, que se encuentran en un óptimo estado de conservación, son propiedad del Estado Español, aunque su gestión es del Ayuntamiento de Ávila. Los tramos en que, intramuros, hay edificios anexados a ella, como es el caso de la catedral, palacios y viviendas, son de propiedad privada.
Fueron declaradas Monumento Nacional el 24 de marzo de 1884, y el 15 de diciembre de 1982, se declaró a la ciudad Conjunto Histórico Artístico. Desde el 6 de diciembre de 1985 es Patrimonio de la Humanidad, junto con todo el casco histórico. Y están bajo la protección de la Declaración genérica del Decreto de 22 de abril de 1949 y la Ley 16/1985 sobre el Patrimonio Histórico Español.
Esta muralla, a decir verdad, no es muy extensa, si la comparamos con otras que aún quedan en nuestro país, más o menos completas, o que ya están en el recuerdo. Lo que no quita que nos veamos obligados a decir que es una construcción espléndida, situada entre las mejores de Europa.
La opinión anterior queda confirmada con números:
Tiene un perímetro casi rectangular, de 2515 metros, la refuerzan 88 torreones —30 en su cara norte, 12 en la oeste, 25 en la sur y 21 en la este— y dispone de 9 puertas y 3 postigos.
Siguiendo con los números diremos que sus lienzos y también los cubos, tienen una altura media de 12 metros, y los primeros un espesor de 3. Como curiosidad, está coronada por 2500 almenas. En su cara norte la anchura de muros llega a los 3 metros y su altura a 12, llegando a tener una distancia entre cubos de 20 metros. Aquí los cubos, sobresalen 8 metros.
Hasta aquí lo que leo en la mayoría de los textos que leo en la red. Sin embargo, recientes investigaciones corrigen esos números y aportan o modifican los siguientes: torreones 87, almenas 2113 —originalmente hubo 2379, a las que habría que sumar las interiores del Alcázar—; la altura de los lienzos va desde los 10’5 metros en su cara sur, a los 14’5 en el lado este, lo que nos da una media de 12’5 metros. Y los torreones varían entre los 14 y los 17 metros, por lo que la media es de 15 metros.
Su ejecución debió de comenzar por su cara este, la más horizontal de las cuatro, la de peor defensa. De ahí la existencia entre sus sillares y mampuestos de numerosos restos de la necrópolis romana que se sitúa cerca de la plaza de San Vicente, y grandes sillares de granito de procedencia romana. Continuarían por la cara norte, que se ejecutó con mampostería y ripios, la cual también era de difícil defensa por su orografía. Los otros dos flancos, el oeste y el sur son análogos a los anteriores, manteniendo la uniformidad en cuanto a su tipología y materiales. Sin embargo, su altura y espesor de sus muros son menores, ya que la topografía del terreno era más favorable para los defensores.
Toda la obra está realizada siguiendo la topografía del terreno, sin rellenos ni taludes. Su fábrica está ejecutada en casi todo su volumen con granito gris o negro, según el origen, y aparejada con precisas hiladas de mampuestos muy regulares, casi sillares, con una terminación exterior muy cuidada. Entre las hiladas proliferan numerosos, pero cuidados, ripios que cohesionan la construcción. La inexistencia del ladrillo —sólo se ve en sitios muy puntuales— descarta totalmente la intervención mudéjar, por lo que es segura su ejecución románica. También pueden verse numerosos restos romanos y vetones de variadas procedencias.

Tiene la muralla nueve puertas y tres poternas, a saber, siguiendo las agujas del reloj y empezando por el noreste:
En el lienzo oriental:
— Puerta de San Vicente.
— Puerta del Peso de la Harina, de los Leales o de los Obispos.
— Puerta del Alcázar.

En el lienzo sur:
— Puerta del Rastro, del Grajal, de la Estrella o de Gil González Dávila.
— Puerta de la Santa, de Montenegro.
— Puerta de la Malaventura, la Mala Dicha, Arco de San Isidro o de los Gitanos.

En el lienzo oeste:
— Puerta del Puente, del Adaja o de San Segundo.

Y en el lienzo norte:
— Puerta del Carmen o de la Cárcel.
— Puerta del Mariscal o Fuente el Sol.

martes, 6 de febrero de 2024

Castillo de Higuera de Vargas o del Coso

Nombre: Castillo del Coso o de Higuera de Vargas.

Provincia: Badajoz.

Localidad: Higuera de Vargas.

Municipio: Higuera de Vargas.

Tipología: Castillo.

Época de construcción: siglo XIII, Con reformas en el XV.


Situación: Higuera de Vargas está en al sur de la provincia de Badajoz, a medio camino entre los Llanos de Olivenza y la Sierra, muy cerca de Zahinos, Villanueva del Fresno, Alconchel, Jerez de los Caballeros, Barcarrota. O sea, castillos y más castillos. 
Recorriendo ese sur de Extremadura en el que el paisaje se espesa y las encinas y alcornoques se apiñan a los lados de unas carreteras que son poco más que caminos, me topé como sin querer —menudo mi desconocimiento— con Higuera de Vargas, Higuerilla en el pasado. Diminutivo que le viene, dicen, por la escasa importancia que en el pasado tuvo. Pero visto lo que en sus alrededores se ve, es obligado decir que quien diera las puntuaciones de importancia, no supo asignar aquí una valoración en su justa medida.
Pero mea culpa debo entonar porque sólo me limité, y en esos momentos me pareció bastante, en la visita que hice al lugar, a su castillo y poco más. Y de éste sólo el exterior, que estaba cerrado y sin información de horario de visitas en la puerta ni en ningún lugar de la red. Del resto del pueblo, nada; las prisas por cumplir el itinerario previsto para aquel día hicieron que la vista se recreara en, tal vez, los campos más hermosos de mi país. Que por si no lo he dicho, estoy 


Datos históricos:
Dicen algunos que Higuera de Vargas fue fundado por un tal García Pérez de Vargas, caballero a las órdenes de Fernando III, hacia 1240. Sin embargo, otros afirman que lo fue por Alonso Pérez de Vargas —¿pariente del anterior? —, señor de Burguillos del Cerro, posterior en el tiempo al anterior. Y otros se lo atribuyen a Iván de Vargas, también caballero, aunque de época más tardía. El caso es que como todos tuvieron el mismo apellido, cualquiera de los tres pudo ser.
En lo que sí se ponen de acuerdo es en el sitio exacto donde debió producirse la fundación del pueblo: una fuente que llamaban Santa o de la Higuera, cuya agua tendría propiedades curativas. Entre la fuente y el apellido de los competidores, ya tenemos el topónimo.
Desde antiguo, estas tierras debieron ser testigo de enfrentamientos entre sus habitantes y los sucesivos invasores, romanos, godos y musulmanes; acompañados, como no, de su impronta cultural y económica, que en la agricultura y ganadería ha perdurado hasta nuestros días.
Durante gran parte de la Edad Media fue frontera, tierra de nadie y de disputa entre quienes hoy ganaban y mañana perdían para volverla a ganar pasado mañana: Portugal y Castilla. Y eso se tradujo en un constante despoblamiento y en un peor tratamiento por parte del poderoso.
Todo este sur es reconquistado por los cristianos a partir de 1230 y entre las fundaciones y repoblamientos, ya hemos dicho, surge Higuera de Vargas —de alguno de los tres Vargas—, Higuerilla por entonces, que era pequeña población y con poca relevancia. Su escasa significación no fue óbice para que estuviera incluido en el bailato de Jerez, al igual que los pueblos y tierras del entorno.
Disuelto el Temple y reinando Enrique II (1369-1379), éste crea el Señorío de Higuera otorgándoselo a Alonso Pérez de Vargas, descendiente de García Pérez de Vargas. El señorío estará en manos de los Vargas hasta bien entrado el siglo XIX.
La importancia debió de ir en aumento pues de 1384 es la referencia que al pueblo hace Juan Solano de Figueroa, canónigo de la catedral de Badajoz, en la que relaciona sus virtudes económicas —«buenas tierras de labranza, pastos para ganados, caza, pesca, aceite, miel, frutas y verduras de todas clases»— y las ermitas e iglesias de su término.
La cercanía de Portugal y los conflictos entre ambos países, la ha venido acarreando problemas en el tiempo. En 1643 el castillo y la población fueron totalmente arrasados por los vecinos portugueses, dejando al lugar en un estancamiento que parece haberse alargado en el tiempo.
Tras las Cortes de Cádiz y la posterior abolición de los poderes nobiliarios sobre las tierras, aunque no su propiedad, hubo intentos por hacer desaparecer los señoríos y mayorazgos, lo que se consigue después de las desamortizaciones. En esos momentos, un grupo de higuereños constituyen la Sociedad Benéfica, que compra las fincas del pueblo que habían sido enajenadas. Era el año 1873, y ya por entonces la población se había constituido en municipio independiente dependiente del Partido Judicial de Olivenza.
Fachada principal, orientada al sureste.

El castillo de Higuera de Vargas, que es también conocido como del Coso, fue construido en el siglo XIII y donado por Alfonso IX de León a la Orden del Temple, que lo mantuvo casi hasta la disolución de la orden. En 1374 sería Enrique II quien se lo donaría a Alonso Fernández de Vargas, a la vez que le otorgaba el señorío de Higuera. Extinguida la rama masculina de los Vargas, el castillo pasaría al Ducado de Feria.
Situado en lo que hoy es el centro de la población —su fachada principal forma parte de la plaza del pueblo—, a su cobijo nacería y crecería la población de Higuera de Vargas.
En el siglo XV se realizarían las únicas reformas que se llevaron a cabo en el edificio, a cargo del maestro de obras Bartolomé Fernández, construyéndose las garitas, y quedando adaptado como residencia palaciega.
Torre orientada al norte.

Descripción, arquitectura y construcción:

El castillo es pequeño, de planta cuadrangular, orientándose sus vértices a los puntos cardinales.
Su cara noroeste está flanqueada por dos torres de planta circular, habiendo sido reconstruida la del norte, y siendo original la otra, que es de planta ligeramente octogonal, casi inapreciable —arranca poligonal para rematar circular—. Posiblemente tuvo cuatro torres, una en cada vértice, pero no queda constancia de ello.
El interior se articula alrededor de un patio central con dependencias en tres de sus lados
Toda la fachada suroeste, y parte de la noreste, está oculta por edificaciones particulares de viviendas. La fachada principal, por la que se abre el único acceso, mira al sureste, y se abre a la plaza principal del pueblo; la puerta es un pequeño vano adintelado sobre el que se sitúa una arquería de reciente construcción que, aparentemente, no debe tener mucho que ver con lo que ahí debió haber. Como tampoco el resto de la fachada, fruto de reformas contemporáneas que, aunque no le han hecho perder el aspecto de una vivienda palaciega o casa fuerte, nada tiene que ver con la primitiva.
Todo él está construido en mampostería, excepto algunos elementos como la torre oeste, que lo están con irregular sillería y algunas verdugadas decorativas de ladrillo bajo las almenas. La reconstruida torre norte lo es enteramente con mampuestos, con las mismas verdugadas que la otra torre; las almenas, también reconstruidas de ésta, son de ladrillo y rematadas en pirámide.
Fachada noroeste.

Materiales: Predomina la mampostería con algunos sillares en elementos puntuales.
Estado: En un buen estado de conservación. La adquisición por parte del Ayuntamiento ha permitido ejecutar algunos trabajos de reforma y consolidación
Propiedad: pública, Ayuntamiento de Higuera de Vargas.
Uso: actividades culturales.
Visitas: Cuando lo visité, diciembre de 2024, estaba cerrado al público.
Protección: Bajo la protección de la Declaración genérica del Decreto de 22 de abril de 1949, y la Ley 16/1985 sobre el Patrimonio Histórico Español.
Detalle de la puerta.

 

Calificación subjetiva:  2, si se pasa cerca y se va con tiempo pues se acerca uno a verlo. Es decir, que se incluirá en una ruta de viaje, pero no pasa nada si luego no se visita.

Otras cuestiones de interés: Ampliar la referencia que más arriba hice sobre La Sociedad Civil Benéfica, creada en 1871 tras las desamortizaciones, cuya finalidad fue la explotación en común de las tierras que los socios de la entidad fueron comprando. Actualmente disponen de más de 6000 ha. dedicadas principalmente a la ganadería y también al cultivo de los cereales, recolección de bellotas y podas de encinas y alcornoques, cuya leña es utilizada para la fabricación de carbón vegetal.

Cómo llegarDesde Badajoz, la carretera EX-107 por Olivenza hasta Alconchel, y desde aquí la EX-312 hasta Higuera.

Desde Mérida, la A-5 hasta Talavera la Real; a continuación la EX-363 hasta La Albuera y desde aquí a Barcarrota por la N-435; por último la BA-025 hasta Higuera.


Coordenadas: 
38.44653 N - 6.97662 O

sábado, 3 de febrero de 2024

Arenas de San Pedro, Ávila

Población: ARENAS DE SAN PEDRO

Municipio: ARENAS DE SAN PEDRO
Provincia: ÁVILA
Escudo:


Descripción:
Escudo español, cuadrilongo de base circular.
Sobre campo de plata, castillo en su color, donjonado de dos donjones, el derecho más alto, almenado, mazonado de sable, aclarado de gules, ardiente en gules y oro, terrazado en sinople.
Bordura en oro con anagrama en sable, cruz, y el lema “siempre incendiada y siempre fiel.
Al timbre, corona real de España.
Resolución de 8/octubre/1994, de la Diputación Provincial de Ávila.
Boletín Oficial del Estado nº 282, 25/noviembre/1994.

Recurrencia:
Se trata del castillo de la Triste Condesa que fue incendiado por los franceses durante la Guerra de la Independencia. También sufrió daños por otro incendio en el transcurso de la Primera Guerra Carlista.
El lema de la bordura hace también alusión a aquellos acontecimientos.
El castillo es perfectamente recnocible en el escudo, destacando su torre del Homenaje en primer término, junto a la puerta principal.

Localización:
En el centro de la población, muy cerca del curso del río El Arenal.

Historia:
Fue mandado construir, en 1400, por el condestable Ruy López Dávalos (Úbeda 1357-Valencia 1428), terminando su construcción en 1422. 
Más tarde pasó a propiedad del conde de Benavente, Rodrigo Alonso Pimentel, cuya hija, Juana de Pimentel, al casarse con Álvaro de Luna, recibió de dote el castillo.
Fue residencia del matrimonio y a la muerte de Álvaro de Luna, ajusticiado por orden de Juan II en 1453, ella adoptó el sobrenombre de Triste Condesa, dque ha dado nombre al castillo.
Fue propiedad de los duques del Infantado y posteriormente de los de Pastrana, quienes en 1853 lo cedieron al Ayuntamiento de Arenas de San Pedro.

Descripción:
De planta cuadrangular, con un torreón circular en cada esquina, 
algo más altos que las murallas. 
En el centro de cada lienzo se levanta un torreón de planta cuadrada, excepto en la cara este que es donde está la torre del Homenaje. Ésta es rectangular, de grandes proporciones, cuatro plantas y 26 metros de altura.
Construido en granito, se encuentra en muy buen estado, y actualmente se utiliza como museo y sede de actividades culturales y musicales.


Para más información sobre este castillo, pinchar aquí: