La muralla de Ávila, dice Wikipedia, «es una cerca militar románica que rodea el casco antiguo de la ciudad española de Ávila, capital de la provincia homónima, en la comunidad de Castilla y León». Yo no lo hubiera podido decir mejor, ahí queda la introducción.
No se entendería Ávila sin su muralla, ya que ha marcado la dimensión de la ciudad a lo largo de los siglos, sus límites, su fisonomía y su carácter.
Su origen está en tiempos previos al medievo, pues hay elementos y materiales en ella muy anteriores que así lo delatan. La duda está en la procedencia de muchos sillares, si ya formaban parte de una anterior cerca o fueron reutilizados de otras edificaciones, incluso de dos necrópolis cercanas. Es posible que esa cerca anterior hubiera pertenecido a un campamento romano —los romanos se habían asentado en este lugar en el año 154 a.C.—, su forma y proporciones quieren decirnos que sí, aunque no su tamaño, mucho mayor que la de León, ciudad que durante el Imperio fue la que más importancia tuvo en el centro y noroeste peninsular. Por tanto, si las de Ávila se edificaron sobre las de un castro romano, no lo fueron en su totalidad ya que aquellas fueron más pequeñas que la muralla actual.
Pero vayamos a datos más ciertos, o al menos más fiables:
Reinaba Alfonso VI de León cuando su yerno, Raimundo de Borgoña, casado con la que sería Urraca I de León, ordena, a instancias de su suegro la construcción de estas murallas.
Nota intermedia: Alfonso VI de León fue dos veces rey, la primera entre 1071 y 1072, y la segunda entre 1072 y 1109. Durante esos ese de 1072 sucedió lo de su exilio en Toledo y la muerte de su hermano Sancho; después llegó el Cid, la Jura de Santa Gadea, etc., etc.
Dice la tradición que fueron sus maestros de obras Casandro Colonio, de procedencia romana, y Florín de Pituenga que era francés; si bien se habla de que tuvieron un ayudante, Alvar García, de origen navarro. Parece ser que se conoce la fecha exacta del inicio de las obras, o al menos eso nos dice la tradición, que fue el 3 de mayo de 1090. Las obras duraron nueve años y en ella trabajaron 2000 hombres.
Según estudios recientes, no se descarta que su datación sea más tardía, hacia la segunda mitad del siglo XII, por lo que la duración de los trabajos o se alargó más en el tiempo, o no fue tan corta como nos contaron. Sea lo que fuere, hubiera partes que ya estaban edificadas o no, o se aprovecharan materiales externos, el caso es que nueve años parece poco tiempo para levantar una obra de tal medida. Y los constructores serían otros, no los arriba nombrados. Quién sabe.
Sus primeras obras de reforma se realizaron pronto, en 1246 Alfonso X ordena su adaptación a los nuevos usos militares y se construyeron fosos y puentes levadizos en su cara oriental. A finales de ese siglo, Sancho IV manda construir el Alcázar.
En el siglo XV, el obispo de Ávila, a instancias de Juan II, y ante el progresivo uso de la artillería, hace aumentar la altura de los lienzos en la cara oriental, igualándola con la de las torres y llegando a los 15 metros; también se construyó una barbacana en su cara oriental y se reforzaron las puertas de ese lado.
A partir de entonces pocas fueron las intervenciones realizadas en la muralla, sólo destacar la restauración de 1596 ordenada por Felipe II, en la que también se eliminaron los fosos y las barbacanas, y se mandó construir la Puerta junto a la Casa de las Carnicerías. Pero a pesar de eliminarse estos elementos defensivos, las murallas siguieron teniendo interés para la Corona.
Es a lo largo del siglo XVII, cuando los nobles de la ciudad marchan a residir a la corte, que la muralla inicia un tiempo de abandono y deterioro, pues hasta entonces eran ellos los encargados de su mantenimiento, y a la vez de su vigilancia y defensa, en función de la situación de sus palacios y residencias. Incluso tenían encomendada la seguridad de las puertas. Al irse de la ciudad, la muralla es abandonada, por lo que las autoridades se plantean su derribo, cosa que, a Dios gracias, no ocurre por falta de presupuesto para pagar la demolición.
Los invasores franceses, a principios del siglo XIX durante el tiempo que ocuparon nuestro país, la utilizaron y realizaron obras de refuerzo y defensa, tales como tapiar algunos postigos y puertas. Muy acertados no estuvieron, aunque hay que agradecerles que, previa su huida, no las volaron aligual que hicieron con otras fortificaciones.
En el transcurso de las Guerras Carlistas se construyeron baluartes y baterías, pero fueron demolidas al finalizar aquellos conflictos. A la vez que se llevaron a cabo diversas obras de reparación, de una manera genérica, a fin de ser declarada Monumento Nacional.
Ya en el siglo XX, en concreto en 1907, se actúa en varios puntos, como la Puerta del Alcázar y las torres contiguas; pero lamentablemente entre 1927 y 1930 es demolido el Alcázar.
Entre 1986 y 1987 se consigue dejarla toda libre de edificaciones adosadas y se hace una restauración y consolidación general.
Tienen un uso exclusivamente turístico-cultural, siendo visitables varios tramos de sus adarves, y en su totalidad por el exterior.
Las murallas, que se encuentran en un óptimo estado de conservación, son propiedad del Estado Español, aunque su gestión es del Ayuntamiento de Ávila. Los tramos en que, intramuros, hay edificios anexados a ella, como es el caso de la catedral, palacios y viviendas, son de propiedad privada.
Fueron declaradas Monumento Nacional el 24 de marzo de 1884, y el 15 de diciembre de 1982, se declaró a la ciudad Conjunto Histórico Artístico. Desde el 6 de diciembre de 1985 es Patrimonio de la Humanidad, junto con todo el casco histórico. Y están bajo la protección de la Declaración genérica del Decreto de 22 de abril de 1949 y la Ley 16/1985 sobre el Patrimonio Histórico Español.
Esta muralla, a decir verdad, no es muy extensa, si la comparamos con otras que aún quedan en nuestro país, más o menos completas, o que ya están en el recuerdo. Lo que no quita que nos veamos obligados a decir que es una construcción espléndida, situada entre las mejores de Europa.
La opinión anterior queda confirmada con números:
Tiene un perímetro casi rectangular, de 2515 metros, la refuerzan 88 torreones —30 en su cara norte, 12 en la oeste, 25 en la sur y 21 en la este— y dispone de 9 puertas y 3 postigos.
Siguiendo con los números diremos que sus lienzos y también los cubos, tienen una altura media de 12 metros, y los primeros un espesor de 3. Como curiosidad, está coronada por 2500 almenas. En su cara norte la anchura de muros llega a los 3 metros y su altura a 12, llegando a tener una distancia entre cubos de 20 metros. Aquí los cubos, sobresalen 8 metros.
Hasta aquí lo que leo en la mayoría de los textos que leo en la red. Sin embargo, recientes investigaciones corrigen esos números y aportan o modifican los siguientes: torreones 87, almenas 2113 —originalmente hubo 2379, a las que habría que sumar las interiores del Alcázar—; la altura de los lienzos va desde los 10’5 metros en su cara sur, a los 14’5 en el lado este, lo que nos da una media de 12’5 metros. Y los torreones varían entre los 14 y los 17 metros, por lo que la media es de 15 metros.
Su ejecución debió de comenzar por su cara este, la más horizontal de las cuatro, la de peor defensa. De ahí la existencia entre sus sillares y mampuestos de numerosos restos de la necrópolis romana que se sitúa cerca de la plaza de San Vicente, y grandes sillares de granito de procedencia romana. Continuarían por la cara norte, que se ejecutó con mampostería y ripios, la cual también era de difícil defensa por su orografía. Los otros dos flancos, el oeste y el sur son análogos a los anteriores, manteniendo la uniformidad en cuanto a su tipología y materiales. Sin embargo, su altura y espesor de sus muros son menores, ya que la topografía del terreno era más favorable para los defensores.
Toda la obra está realizada siguiendo la topografía del terreno, sin rellenos ni taludes. Su fábrica está ejecutada en casi todo su volumen con granito gris o negro, según el origen, y aparejada con precisas hiladas de mampuestos muy regulares, casi sillares, con una terminación exterior muy cuidada. Entre las hiladas proliferan numerosos, pero cuidados, ripios que cohesionan la construcción. La inexistencia del ladrillo —sólo se ve en sitios muy puntuales— descarta totalmente la intervención mudéjar, por lo que es segura su ejecución románica. También pueden verse numerosos restos romanos y vetones de variadas procedencias.
Tiene la muralla nueve puertas y tres poternas, a saber, siguiendo las agujas del reloj y empezando por el noreste:
En el lienzo oriental:
— Puerta de San Vicente.
— Puerta del Peso de la Harina, de los Leales o de los Obispos.
— Puerta del Alcázar.
En el lienzo sur:
— Puerta del Rastro, del Grajal, de la Estrella o de Gil González Dávila.
— Puerta de la Santa, de Montenegro.
— Puerta de la Malaventura, la Mala Dicha, Arco de San Isidro o de los Gitanos.
En el lienzo oeste:
— Puerta del Puente, del Adaja o de San Segundo.
Y en el lienzo norte:
— Puerta del Carmen o de la Cárcel.
— Puerta del Mariscal o Fuente el Sol.
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