martes, 15 de noviembre de 2022

Manilva, torre de La Chullera, La Culebra o de Punta Chullera

La torre de La Chullera está en el límite occidental del término municipal de Manilva. También conocida como de la Culebra, por la cercanía de un arroyo con ese nombre, es la más occidental de todas las almenaras de la costa de Málaga, justo en la linde entre ésta provincia y la de Cádiz: la playa de su derecha pertenece a San Roque, y la de la izquierda a Manilva. Un ojo en cada provincia, uno mirando a la torre de Guadiaro por el oeste y el otro a la de La Sal, en el término de Casares, por el este. Pero entre ambas está, c omo ya sabemos, el castillo de la Duquesa. Desde su terrado se domina la costa gaditana hasta el Peñón de Gibraltar hacia poniente, y los primeros kilómetros, hacia levante, de la costa malagueña.

Si vas circulando por la carretera N-340 en sentido a Málaga, has sobrepasado el río Guadiaro y llegas a su altura —poco antes habrás visto el cartel que anuncia que entras en esa provincia y también otros que te indicarán que llegas al paraje denominado Punta de la Chullera—, desvíate inmediatamente por la primera salida que veas y llegaras fácilmente a ella, o mejor dicho a sus inmediaciones porque hasta sus pies es imposible, la zona está vallada, supongo que es así porque se trata de una propiedad privada.

Pero da lo mismo, desde las playas aledañas o desde el curioso acantilado contiguo que casi cierra una playita muy singular llamada la Cala de la Sardina, la vista de la torre es excelente, y aunque el paseo sea en la distancia, merecerá la pena. 

La torre desde Cala Sardina


LA TORRE:


Fue construida a principios a final del siglo XV o principios del XVI, y desde entonces es conocida por el nombre de la Chullera, para formar parte del sistema de vigilancia de la costa que ya habían iniciado los árabes y continuado por los cristianos. Y más tarde, ya en la Edad Moderna, la molestia vino por parte de los turcos y moros de Berbería que dedicaban el tiempo a sus razias por la costa hispana; a lo que hay que añadir los piratas ingleses, que terminaron por quedarse con el cercano Gibraltar.

Leo que su origen es árabe —formó parte de las defensas costeras del Reino de Granada— y, por lo tanto, anterior a la data de más arriba; la torre precedente, que ya se llamaba de la misma manera, debió encontrarse en muy mal estado a causa de los destrozos que le provocó un rayo, según se desprende de una real cédula de 1516 donde se daba a entender su pésima situación y obligaba a la construcción de una nueva torre. Aunque probablemente sólo se reconstruirían las partes dañadas, en su mayor parte del tramo superior. En esa cédula se habla de la dotación de la torre que consistía en tres hombres.

En diversos documentos, a lo largo de los siglos XVI, XVII y XVIII, se habla de su buen estado. Durante el siglo XVIII era mantenida por el duque de Arcos, que sufragaba a los torreros y la munición de los dos cañones de a cuatro libras con los que se artillaba.

A finales de ese siglo, ya requería obras de reparación, las cuales correrían a cargo del duque de Arcos que también mantenía las torres de La Sal o del Salto de la Mora y la recientemente descubierta de la Duquesa.

Durante el siglo XIX siguió estando dotada de torreros, pero éstos disponían de chozas aledañas, quizás porque ya no estaba en muy buen estado.

Una valla impide acercarse a la torre.

LOS DETALLES:

Datos básicos: su planta es circular, 7’45 metros de diámetro y 23’40 de perímetro. Pero más arriba, a 10 metros de altura, el círculo se cierra hasta los 5’75 metros de diámetro en el exterior del pretil de la azotea. Conclusión, la torre es troncocónica, con una escarpa de 75 cms.

La torre se eleva sobre un plinto de escasa altura, al que le sigue un cuerpo macizo de algo más de la mitad de su altura. El segundo cuerpo, ligeramente retranque dado con el anterior, contiene la única dependencia de la torre, que se cubre con una bóveda. En esta sala hubo una chimenea, hoy tapiada. Una escalera adosada al muro conducía al terrado.

Su puerta de ingreso estaba, bueno, aún sigue ahí, a poco más de 6 metros del suelo, siendo este uno de los dos huecos que presenta. El otro, orientado al sur e igual de deteriorado como el de entrada, servía para otear el horizonte.


Los materiales utilizados en su construcción fueron pequeña y mediana mampostería de piedra caliza bermeja, puesta en hiladas horizontales y tomada con argamasa que debió ser pobre pues a lo largo del tiempo se ha disgregado dejando suelta la fábrica con el consiguiente peligro de caída.

El cuerpo más alto es el que parece reconstruido, apreciándose en él mampuestos más reducidos que el resto y alguna hilada de ladrillo. Y precisamente es este último tramo el que actualmente está más deteriorado: ha perdido la azotea, parte del pretil y los dos pequeños matacanes que se situaban sobre los huecos, permaneciendo aún las ménsulas que los soportaban. La bóveda que soportaba el terrado se conserva en parte.

La torre escondida tras actuales edificaciones.

RESUMIENDO:

Nombre: Torre de La Chullera o de la Culebra.
Localidad: Manilva
Municipio: Manilva
Provincia: Málaga

Tipología: Torre atalaya costera.
Época de construcción: siglo XVI, sobre otra anterior.
Estado: como tantas otras, ruina progresiva o consolidada, según el grado de optimismo con que se la mire. Deterioro casi total en su interior. Como no le echen una manita se terminará de desmoronar en breve.
Propiedad: Privada, se encuentra dentro de una finca vallada.
Uso: Ninguno. Está para que la miremos desde la playa y para solaz de sus propietarios.
Visitas: Supongo que será visitable si, estando los propietarios en la finca, éstos te permiten el paso.
Protección: Bajo la protección de la Declaración genérica del Decreto de 22 de abril de 1949, y la Ley 16/1985 de 25 de junio sobre el Patrimonio Histórico Español.
Está declarada Bien de Interés Cultural.
La Junta de Andalucía otorgó reconocimiento especial a los castillos de la comunidad andaluza en 1993.


Clasificación subjetiva: 2, o sea, si se pasa cerca y se va con tiempo pues se acerca uno a verlo. Es decir, que se incluirá en una ruta de viaje pero no pasa nada si luego no se visita. Pero como el entorno es privilegiado —sobre todo la cercana playa de los Toros y Cala Sardina, consideradas uno de los lugares más singulares de la costa malagueña—, merecerá detenerse y pasearla un buen rato.

Otras cuestiones de interés: de la lectura de la página web castillosdeespaña.es, en su entrada relativa a esta torre, deduzco que debió haber otra torre en las cercanías a la que nombra como Torre Vieja de Chullera, situada a unos cien metros hacia el norte; y que la actual sea la que sustituyó a aquella a principios del siglo XVI denominándose como torre de la Punta Chullera. O sea, que la torre que he descrito en esta entrada puede que sea totalmente ejecutada a principios del siglo XVI y sustituyera a la vieja en la vigilancia de la costa.
En fin, un pequeño lío que no consigo desentrañar.
Tres más son las edificaciones castrenses que permanecen en el término de Manilva: las ya mencionadas torres de La Duquesa y la Vieja de Chullera, y el castillo de la Duquesa. A todas ellas habrá que dedicar sus correspondientes entradas.

Uno de los lugares más singulares de la costa malagueña.

Cómo llegar: por la carretera N-340, Autovía del Mediterráneo A-7, a la altura del kilómetro 138, con fácil aparcamiento en sus inmediaciones. Apenas se puede ver su cara interior por culpa de las edificaciones existentes, pero la que da al mar es perfectamente visible desde las playas que la flanquean.

martes, 1 de noviembre de 2022

Castillo de La Duquesa o de Sabinillas

El castillo de La Duquesa, o fuerte, o fortín, pero siempre de La Duquesa, está en la costa del término municipal de Manilva, entre la torre de la Chullera y la de la Sal, esta última ya en Casares. Buen, también leo por ahí que se lo llama fuerte de Sabinillas, por el lugar donde se encuentra: San Luis de Sabinillas, pedanía de Manilva a orillas del Mediterráneo y al suroeste de la provincia de Málaga, colindante con la de Cádiz.

Como no podía ser de otra manera, por aquí también estuvieron los romanos y antes otros que, como todos los que han pasado por aquí a lo largo de la historia, han visto gran atractivo en el lugar. Y lo siguen viendo, sólo basta darse una vuelta por su puerto o subir hasta Manilva, muy cerca, a apenas 10 minutos, para comprobarlo.
Decía que por aquí anduvieron los romanos, a los que antecedieron fenicios que ya comerciaron con los lugareños, de los que nos quedan restos arqueológicos en el asentamiento de Castillejos de Alcorrín. Con la llegada de los de Roma, y sobre todo a lo largo del siglo II, se abandonarían las tierras más altas para asentarse la población en la costa, motivados por el auge de la pesca y las industrias de salazón, a las que tan aficionados fueron los romanos. De aquella época nos queda el yacimiento del Entorno del castillo de la Duquesa, y otros.
Ya en el siglo V, y tras las invasiones bárbaras, principalmente vándalos, aquellos asentamientos junto a la costa se abandonan dada su inseguridad.
De época musulmana apenas si se conservan vestigios ya que la población estuvo muy dispersa, sin concentrarse en ningún núcleo urbano, pero dependientes con toda probabilidad del hisn ubicado en la actual Casares, que era la fortaleza con medina más grande de la comarca. Durante más de doscientos años, el actual límite de Manilva sería la frontera del Reino Nazarí de Granada.
Hacia 1485 se conquista Casares pasando esta villa al Duque de Cádiz, Rodrigo Ponce de León, integrándose en lo que será, primero el Señorío de Casares y después Condado, todos los poblamientos del entorno, entre los que se incluiría la actual Manilva.
Los primeros datos de ese poblamiento son de 1530, y se refieren al llamado “Cortijo de Manilva”, que respondía a la necesidad de repoblar terrenos cercanos a la costa, muy despoblados por la presencia de piratas norteafricanos y la inseguridad de los caminos de la costa. Se instalaron en la llamada Loma de los Mártires unos 50 vecinos de Casares, que fueron quienes constituyeron el Cortijo, origen de la actual Manilva.
Poco antes, en 1528, el Emperador Carlos había ordenado se realizasen esos poblamientos y se construyera una torre —la del Salto de la Mora o de la Sal— como elemento defensivo de la nueva población.
En 1796, concretamente en Octubre, se concede a Manilva el Real Privilegio de Villazgo, segregándose definitivamente de la villa de Casares, y asignándosele término municipal propio.
El castillo de la Duquesa muy bien acompañado. Fachada principal.

Fachada de la batería. La Compañía paseando por ahí.

Fachada oeste del castillo; uno de los dos baluartes semicilíndricos.

EL CASTILLO:


El castillo de la Duquesa o fuerte de Sabinillas recibe su nombre por la proximidad a la playa llamada de esa manera, la Duquesa; y de Sabinillas por encontrarse dentro del poblado costero de San Luis de Sabinillas.
Fue mandado construir por Carlos III en 1767. Durante aquella época se fortificó toda la costa del Reino de Granada —en algunos casos se aprovecharon edificaciones ya existentes— construyéndose hasta 32 fortificaciones nuevas en base a cuatro modelos establecidos. El objetivo de todas estas construcciones fue la protección de las costas españolas y la mejora de sus defensas ante las incursiones de los corsarios y piratas del norte de África. Además, la cercanía a Gibraltar hacía necesaria que esas defensas se reforzaran en los fondeaderos próximos a la colonia inglesa. Se trataba, como ya sabemos, de un período de la historia en el que las relaciones con Gran Bretaña no eran muy cordiales.
Su construcción fue costeada por Francisco Paulino, vecino de Sevilla (¿?), siguiendo el proyecto del ingeniero Miguel del Castillo. El benefactor de la obra fue recompensado por el rey con la merced de una compañía de caballería y su correspondiente retribución. En un principio recibió el nombre de Batería para cuatro cañones de Manilva.
El castillo fue dotado con dotaciones de todas las armas, al mando de un oficial: un sargento, dos cabos y 25 infantes; un sargento y ocho o diez caballos; un sargento y diez artilleros; un guarda de almacén y un sacerdote.
Con la invasión francesa, a principios del siglo XIX, el castillo fue ocupado por un destacamento de unos 50 soldados. Dada su estratégica situación fue atacado en varias ocasiones, tanto desde tierra como desde el mar por la marina inglesa.
Hacia 1826 consta que aún permanecía en él un destacamento militar, pero diez años después, en 1846 ya estaba desocupado. Y es que la invasión de Argelia por parte de Francia en 1830, hizo que, prácticamente, la piratería en el Mediterráneo se extinguiera, por lo que el valor militar del fuerte fue decayendo.
En la segunda mitad del siglo XIX fue cuartel del Cuerpo de Carabineros —encargados de la vigilancia de costas y fronteras, y por extensión del contrabando—, hasta 1890 en que se construyó un cuartel para este servicio en las inmediaciones.
Durante el siglo XX, y hasta la década de los setenta, estuvo habitado por 16 familias —un total de 70 personas— que carecían de vivienda. El edificio se encontraba en buen estado, aunque necesitando reparaciones
Entrada al revellín de acceso al castillo.

 

LOS DETALLES:


Este castillo de la Duquesa es uno de los mejores ejemplos de fuertes construidos en España durante el siglo XVIII, y sin duda, el edificio militar no medieval más espectacular de la provincia de Málaga.
Es un edificio proyectado y levantado a caballo entre un castillo y una casa fuerte, siguiendo fielmente las reglas de la arquitectura militar de la época, en cuanto a su diseño y su construcción.
Básicamente, fue concebido como una batería circular para cuatro cañones de 24, orientada al mar, y cerrada por la gola con un muro aspillerado, todo ello a modo de revellín semicircular. A su espalda se levanta el edificio que contenía todas las dependencias y cuarteles, y donde está el acceso al edificio. Ambos elementos están, sorprendentemente, separados por un foso pero unidos en altura por un patín y una escalera.

—Sigo el plano-directorio que fotografié en mi visita para mejor entender la distribución del edifico. Veo en otras páginas web la misma distribución pero distinta denominación a las dependencias; prefiero quedarme con la oficial del propio castillo y dejarla aquí—.

El edificio principal presenta planta rectangular, orientándose hacia el noroeste su entrada. Ésta está precedida por un muro angular que la protege, un revellín (1) unido a la fortaleza, con fusileras, seis en uno de los lados y cuatro en el de la puerta; dispuso de adarve para acceder a esas fusileras. En un principio la puerta fue levadiza y estuvo protegida por un foso.

La fachada principal, o sea la meridional, tras el revellín, es un hornabeque —dos medios baluartes que flanquean un lienzo de muralla—; en el lado opuesto, el que mira a la batería semicircular, los baluartes son semicirculares y su muro central se abre para dar paso al patín que comunica ambos elementos.

Desde el pasillo de entrada, el acceso al patio, al fondo el patín a la batería. 

Desde el revellín hasta el patio central (3) se pasa por un pasillo (2) cubierto por una bóveda de cañón. A ambos lados de este pasillo se abren puertas que nos conducen, a la izquierda a la oficina del Comandante (11); y a la derecha al calabozo (13) y cocina (12).

Patio del castillo, a la izquierda el pasillo de la entrada (2).

Patio del castillo, al fondo izquierda, subida a la batería.




 







Del pasillo-vestíbulo se pasa al patio central (3), que mide 16’70 metros de largo por 10’80 metros de ancho, distribuye al resto de dependencias que, en sentido horario, y de derecha a izquierda son: lo que fueron almacenes (10, 16), polvorín (15), guarda de almacén (8), cuartel de artillería (7), capilla (5), cuartel de caballería (6), cuadra y pajar (9) y cuarteles de infantería (14). Tanto la cocina como la oficina del Comandante, también tienen acceso desde el patio. Los almacenes y los cuarteles, también la capilla, presenta fusileras hacia el exterior.

Desde el patio central se accede a la batería (4) mediante un patín construido en el centro. El pretil carece de almenaje —barbeta—, y dispone de fusileras entre el alfeizar y el bocel exterior. Tuvo cabida para seis cañones de 24, como más arriba dejé dicho, lo que le dio su primer nombre.

Garita en la terraza de la batería.



A la terraza del castillo se llega mediante una escalera situada a la izquierda del patín. En todo el perímetro del terrado se levanta un alto antepecho plagado de fusileras.
Toda la edificación está ejecutada con mampostería de piedra bermeja, alternándose puntualmente ladrillos. Sus esquinas están realizadas con sillares bien labrados, así como los huecos y los cercos de las troneras, alfeizares y boceles.
 



El patio desde la terraza del castillo.


RESUMIENDO:

Nombre: Castillo de la Duquesa, fuerte de la Duquesa, fortín de Sabinillas o castillo de San Luis de Sabinillas.
Localidad: San Luis de Sabinillas
Municipio: Manilva
Provincia: Málaga

Tipología: Fuerte abaluartado.
Época de construcción: siglo XVIII.
Estado: En muy buen estado de conservación, lo que no quita para entender que es mejorable en muchos puntos —la garita de la batería está de pena—, por lo que deberían gastarse algunos eurillos y tocar algo el edificio.
Propiedad: Pública, Ayuntamiento de Manilva.
Uso: En algunas de sus dependencias alberga el Museo Municipal de Arqueología, con piezas, principalmente, del yacimiento arqueológico próximo.
Visitas: Visitable, previo pago de módica cantidad.
Protección: Bajo la protección de la Declaración genérica del Decreto de 22 de abril de 1949, y la Ley 16/1985 de 25 de junio sobre el Patrimonio Histórico Español.
Está declarada Bien de Interés Cultural.
La Junta de Andalucía otorgó reconocimiento especial a los castillos de la comunidad andaluza en 1993.
Una de las salas del museo.

Clasificación subjetiva: 3, o sea, se incluirá obligatoriamente en ruta de viaje, o lo que es lo mismo, se hará todo lo posible en esta vida por visitarlo. Quizá me he pasado en la valoración, pero al tratarse de un fuerte, no debería utilizar el mismo baremo que para los castillos medievales. Es decir, dentro del mundo de los fuertes, no cabe duda que sí merece esta nota.
Otras cuestiones de interés: muy cerca del castillo se encuentra el yacimiento arqueológico del entorno del Castillo, formado por los restos de una villa, termas, necrópolis y una factoría de salazón de pescado. Y la playa, claro.
Cómo llegar: por la carretera N-340, Autovía del Mediterráneo A-7, salir en San Luis de Sabinillas. El castillo está junto a la carretera que cruza la población, muy cerca de la playa y muy bien señalizado. Se puede aparcar en la puerta.






martes, 18 de octubre de 2022

Defensas costeras del Reino de Granada (Reglamento de 1764)

Durante los siglos XVI y XVII, las torres almenaras demostraron ser útiles a la hora de dar la alerta ante las incursiones de piratas norteafricanos en toda la costa mediterránea. Pero cuando cambió el enemigo, o sea, que hablamos de los ingleses, fue necesario mantener a raya su artillería naval. Se decidió entonces la construcción de fuertes y baluartes adaptados a esos nuevos usos de la guerra.
Fue en la segunda mitad del siglo XVIII cuando el rey Carlos III, y sus ilustradas ideas, decide promover nuevas construcciones, a la vez que reorganizar las milicias, publicando para ello un Reglamento el 18/agosto/1764 —“Reglamento que Majestad manda observar a las diferentes clases destinadas al Real servicio de la costa del Reino de Granada en 1764”—, donde se recogen un plan de fortificación de la costa, el despliegue necesario de tropas y los recursos disponibles para llevar a cabo tal empresa. Todo fue como conclusión del informe que redactó el mariscal de campo Antonio María de Bucarelli y Ursúa, que trataba sobre la situación de las hasta entonces defensas en el litoral.
A lo que se añadirían las dotes diplomáticas del rey, que se tradujeron en la firma de distintos Tratados de Paz y Comercio, —en 1767 se firma un acuerdo de pasa y comercio con Marruecos, y otro con los turcos en 1782—, con lo que la tranquilidad en el Mediterráneo fue un hecho, consiguiéndose terminar con lo que parecía el eterno problema español en el Mediterráneo: la piratería; cosa que no ocurría desde la Edad Media.
Castillo del Marqués en Vélez-Málaga.

El Reglamento, que en su preámbulo decía que:
…y que tratando primero el reparo de las actuales fortificaciones, siga el de las torres que nuevamente se han de construir y, concluidas éstas, pase al de los fuertes y baterías… ”, 
dividió la costa del Reino de Granada en diez mandos, y determinaba que debía de haber un total de 113 edificaciones defensivas: 80 torres almenaras, 19 fuertes, 12 torres batería y 2 casas fuertes para caballería, que conformarían una barrera artillera y disuasoria ante navíos enemigos.
Antonio Gil Albarracín en su estudio La defensa de la costa del Reino de Granada durante la Edad Moderna y Contemporánea, nos enumera la necesidad de fortificaciones que establecía el Reglamento:


Para poder llegar a esa cifra, el rey dispuso construir 8 atalayas, 12 baterías para 2 cañones, 9 baterías para cuatro cañones y 2 casas fuertes para caballería, más la reparación, ampliación y refuerzo de las existentes.


Este ambicioso plan fue encargado a José Crame —Cramer, Crane, Cranne o Kramer (¿?)—, brigadier del ejército e ingeniero, que diseñó cuatro proyectos genéricos para construir las fortificaciones que requería el Reglamento: atalayas, torres para dos cañones, baterías para cuatro cañones y cuarteles de caballería. También proyectó las reformas a llevar a cabo en las edificaciones existentes, para poder incorporarse al nuevo dispositivo defensivo. Este ingeniero y militar es una de las seis personas con ese mismo apellido y profesión del siglo XVIII español, y sin que haya aparecido documnentación que lo relaciones con los demás. 
Muchas de las de nueva planta serían financiadas por particulares, a cambio de recompensas en grados militares, y que en algunos casos serían el inicio de sus carreras.
Torre del Cristal, Villaricos, Cuevas de Almanzora.

Siguiendo con el estudio de Antonio Gil Albarracín, vemos el listado de edificaciones: atalayas, torres, baterías y casas fuertes, con los nombres de sus adjudicatarios y la recompensa ofrecida por el Rey.




De poniente a levante, las torres de dos cañones fueron:

Málaga, Marbella, Torre del Lance las Cañas.

Málaga, Mijas, torre de la Cala del Moral.

Málaga, Fuengirola, Torre Blanca (desaparecida).

Málaga, Vélez Málaga, Benajarafe, Torre Moya.

Málaga, Nerja, La Torrecilla.

Granada, Almuñécar, Torre de Punta Galera, de Taramay o fortín de Velilla.

Granada, Polopos, Castillo de Baños de Arriba, Fortín de Baños.

Almería, Roquetas de Mar, Torre de los Bajos (desaparecida).

Almería, Carboneras, Torre de Mesa Roldán.

Almería, Mojácar, Torre de Macenas (sustituyó a la prevista en la Rambla de los Moros).

Almería, Cuevas de Almanzora, Villaricos, Torre del Cristal.


Esta lista no es del todo coincidente con la del estudio de Antonio Gil Albarracín, pues en ella no figura la torre Blanca que se construyó en el término de Mijas, en terrenos de la actual Fuengirola, y que fue demolida en 1960 para ensanchar la carretera N-340.

Igualmente, no encuentro datos que sitúen en Adra una torre para dos cañones. En esta población sólo me constan el castillo de Adra, muy anterior a los finales del siglo XVIII, y las torres almenaras de Guainos y Alhamilla.





De poniente a levante, los fuertes son:

Málaga, Manilva, Sabinillas, Castillo-fuerte de La Duquesa.
Málaga, Vélez-Málaga, Valleniza, Fuerte del Marqués.
Granada, Almuñécar, La Herradura, Fuerte de La Herradura.
Granada, Motril, Carchuna, Fuerte de Carchuna.
Almería, El Ejido, Fuerte de Guardias Viejas.
Almería, Níjar, Los Escullos, Fuerte de San Felipe.
Almería, Níjar, El Playazo de Rodalquilar, Fuerte de San Román.
Almería, Garrucha, Fuerte de Las Escobetas o de Jesús Nazareno.

Y las Casas fuertes para caballería fueron dos:
Málaga, El Rincón de la Victoria, Casa fuerte de Bizmiliana.
Almería, Casa fuerte de La Cruceta o de Casas Fuertes.
Casa fuerte de caballería de La Cruceta, Almería.

Estas torres, fuertes y casas para caballería estuvieron en activo durante la Guerra de la Independencia, sufriendo grandes perjuicios a causa de la propia ocupación francesa en algunos casos —a fin de que el enemigo no pudiera disponer de la artillería en ellos instalada—, también por los ingleses, nuestros aliados en esa guerra, que así conseguían que las costas quedaran accesibles e indefensas para su armada y aumentar así su supremacía naval.
Desde entonces, y ante la imposibilidad de asumir económicamente su mantenimiento —la economía española no estaba para ello, con la independencia de países americanos de por medio y una guerra civil—, a lo que se añadieron los cambios introducidos por los nuevos sistemas de armas, se hizo imposible su reconstrucción. Se transformaron en cuarteles del Cuerpo de Carabineros, incluso pasaron a particulares.
Pero a pesar de ello fueron capaces de demostrar su eficacia en la Guerra Civil, aun cuando se creía que ya la habían perdido; a partir de 1940 pasaron a la Guardia Civil, como cuarteles o como puntos de vigilancia, lo que obligó a realizar en ellos modificaciones encaminadas a su adaptación al nuevo uso.

Nota curiosa: los presupuestos que se manejaron fueron:
Atalayas, 13.000 reales cada una.
Torres para dos cañones, 85.000 reales por unidad.
Baterías para cuatro cañones, 200.000 reales cada una.
Casas fuertes para caballería, 72.000 reales.

martes, 4 de octubre de 2022

Torres, fuertes y castillos de la costa de Almería

Llego a la costa almeriense, siguiendo este camino que me lleva por las torres y fortificaciones del litoral andaluz, y me da el pálpito que, a excepción de los edificios a enumerar, el resto será de igual factura que anteriores entradas. Pues aquí, en Almería, los motivos para la construcción de estas edificaciones, fueron los mismos que para el resto de provincias: la seguridad y vigilancia de la costa ante posibles ataques externos. Aunque no estará de más introducir un poco de historia.
Fenicios y cartagineses dispusieron de algunos puestos de vigilancia, sobre los que levantaron otros los romanos; y los musulmanes, durante el reinado nazarí, entre 1232 y 1492, se encargarían de establecer un sistema de vigilancia, tanto en la costa como el interior, que comprendía torres que proporcionaban contacto visual entre ellas y las poblaciones más importantes del territorio —lo que hoy vienen a ser Jaén, Granada, Almería, Málaga y Cádiz—. Todas ellas situadas en lugares singulares, y a una distancia entre ellas de no más de siete kilómetros, desde los que otear el horizonte y avisar a la población con el tiempo suficiente para que ésta procurara su defensa. Estas atalayas recogerían información que trasladarían rápidamente a otras fortalezas intermedias, y estas a la Alhambra en la capital nazarí, Granada.
Conquistado el Reino de Granada por los cristianos en 1492, muchas de estas torres y fortificaciones dejaron de tener importancia al perder su utilidad defensiva. Otras en cambio, se remodelaron y adaptaron a los nuevos usos de la guerra, y siguieron empleándose para la observación del territorio, eso sí, acondicionadas para el empleo de la artillería.
En la costa, fueron las torres nazaríes la base del sistema que se diseñó para su defensa contra las incursiones, y los consecuentes pillajes, de los piratas procedentes del norte de África. Dicho sistema, iniciado con los Reyes Católicos, fue reforzándose con el paso del tiempo durante los reinados de Carlos I y Felipe II, aprovechándose las torres musulmanas y construyéndose otras nuevas, ya de planta circular y volumen troncocónico, con mayor espesor sus muros, todo ello en busca de mayor resistencia ante el impacto de proyectiles enemigos.
Mediante distintas Instrucciones y Ordenanzas se fue configurando un sistema de defensa que no sólo contemplaba lo concerniente a los edificios, sino también al personal que los ocuparía, creándose un cuerpo de guardacostas, con personal específico —torreros, guardas, etc.— que sería el encargado de la vigilancia de la costa y aviso en caso de peligro a las poblaciones más cercanas.
Las comunicaciones, entre torres próximas y entre estas las poblaciones más cercanas, se realizaba mediante señales luminosas: fuego con paja húmeda en la chimenea interior de la torre con salida del humo al exterior, durante el día; y una hoguera en el terrado durante la noche. En otras ocasiones era un guarda a caballo el que se trasladaba hasta la torre más próxima para dar los avisos pertinentes.
Debido a la escasez de recursos económicos, estas torres fueron deteriorándose a lo largo del siglo XVII, abandonándose en algunos casos, a pesar de que el peligro siempre persistió, e incluso se agravó con la expulsión de los moriscos y la aparición de otros piratas procedentes de naciones europeas. Sobre todo, a partir de 1704 con la ocupación inglesa de Gibraltar que pasó a ser una importante base naval enemiga.
Durante los reinados de Felipe V y Carlos III se realizaron proyectos —sobre todo con este último, con la publicación el 18/agosto/1764 del “Reglamento que Majestad manda observar a las diferentes clases destinadas al Real servicio de la costa del Reino de Granada en 1764”, que reforzaron antiguas torres y levantaron otras edificaciones nuevas que, en algunos casos, sustituían a otras muy deterioradas.
Relacionados ya, en entradas anteriores, los fuertes y torres, y también castillos, existentes en las costas más a poniente de la provincia almeriense, sólo me resta dejar aquí las de este litoral, sin importar incluir otros edificios del mismo carácter, es decir, la defensa de la costa y el territorio, que para eso fueron construidos.
Con casi 250 kilómetros, la costa de Almería —no es la de mayor longitud de Andalucía, la supera Cádiz con unos 285 kilómetros—, reúne un número considerable de edificios militares que desde el Medievo miran el mar y embellecen la silueta del litoral. Paso a enumerarlos, como en otras ocasiones, de poniente a levante:

Adra:

Torre de Guainos,

Castillo de Adra,

Torre de Alhamilla o Algemilla,

 

El Ejido:

Torre de Balerma (Balerma),

Castillo de Malerva (Balerma),

Castillo-fuerte de Guardias Viejas (Guardias Viejas),

 

Roquetas de Mar:

Torre de las Entinas (desaparecida),

Torre de Cerrillos,

Castillo de Santa Ana,

Torre de los Bajos (desaparecida),

 

Aguadulce:

Torre de Rambla Honda (desaparecida),

 

Almería:

Torre de La Garrofa o de la Mona (La Garrofa),

Castillo de San Telmo,

Alcazaba de Almería,

Castillo de San Cristóbal,

Torre de El Bobar (desaparecida),

Torre de El Perdigal,

Casa fuerte de Las Crucetas,

Torre García,

Torreón de San Miguel (Cabo de Gata),

Torre García, Almería.


Níjar:

Torre de la Testa,

Castillo de San francisco de Paula (faro),

Torre de la Vela Blanca,

Castillo de San José (San José),

Torre de Cala Higueras o de los Frailes,

Cuerpo de guardia de Loma Pelada,

Fuerte de San Felipe (Los Escullos),

Torre de los Lobos (Los Escullos),

Castillo de San Ramón o de Rodalquilar (Los Escullos),

Castillo de San Pedro (Los Escullos),

Castillo de San Felipe, Los Escullos, Níjar.
 

Carboneras:

Torre de Mesa Roldán,

Castillo de San Andrés,

Torre de los Diablos o del Rayo,

Castillo de San Andrés.

Mojácar:

Torre del Peñón o del Pirulico,

Torre de Macenas (El Agua del Medio),

 

Garrucha:

Castillo de las Escobetas o del Nazareno,

Torre de Cristal, Villaricos, Cuevas de Almanzora.

 

Cuevas de Almanzora:

Torre de Cristal o de Monroy (Villaricos),

Torre Amarguera (desaparecida),

 

San Juan de los Terreros:

Castillo de los Terreros.