martes, 21 de junio de 2022

Aroche, muralla urbana de Arucci Turóbriga

Estoy en Aroche, donde se encuentra el único yacimiento arqueológico de origen romano visitable en la provincia de Huelva, Arucci Turóbriga. Y aunque ese tipo de construcciones no es el motivo de mi blog, no sería la primera vez que incluyera una ciudad romana en él, ya lo hice con la de Cáparra y también Bolonia. Y la razón es bien sencilla, todas estuvieron rodeadas de una muralla.
Arucci Turóbriga se encuentra en la sierra onubense, en pleno Parque Natural de la Sierra de Aracena y Picos de Aroche, y más concretamente en el término municipal de Aroche y a unos tres kilómetros del núcleo urbano. Se trata de un lugar conocido como los Llanos de la Belleza, junto al río Chanza, un afluente del guadiana que nace a pocos kilómetros, en pleno núcleo urbano del vecino pueblo de Cortegana.
Los primeros trabajos de excavación se remontan a época reciente, apenas si han transcurrido veinte años. Comenzaron en 2004 y ya se conoce la planta completa de esta pequeña urbe que tuvo una superficie de unas 4 hectáreas —a las que habría que sumar toda la zona periférica extramuros, pudiendo alcanzar unas 15 hectáreas—, de las cuales se llevan excavadas aproximadamente un 15%.
Ermita de San Mamés, mercado y foro.

 

HISTORIA:


Corría el siglo I a.C. y Augusto era el primer Emperador de Roma. A esta comarca se la denominaba Baeturia Céltica, y muy cerca de ella existía otra pequeña ciudad llamada Arucci Vetus, que sería el lugar donde se levantaría la población de la actual Aroche —musulmanes de por medio, evidentemente—. La Arucci que hoy tocamos, la Turóbriga, se fundó entre los años 15 y 10 a.C.; gobernaba en Roma su primer emperador, Augusto (23/09/63 a.C. – 19/08/14 d.C.) que lo fue desde el año 27 a.C. hasta su muerte. Con su fundación se completó el proceso conquistador de la Baeturia (región entre los cursos medios e inferiores de los ríos Guadiana y Guadalquivir).

Sus habitantes se dedicaron principalmente a la agricultura y ganadería, pero también, y muy importante, al control y administración de los cercanos yacimientos mineros, que fue la primitiva función por la que se fundó la ciudad: se trataba de una zona conflictiva, cuyos pobladores habían participado activamente en las rebeliones lusitanas contra la dominación romana, y la fundación de la ciudad ayudaría a la pacificación del territorio, al arraigo de las poblaciones y la consecuente romanización.

Su vida fue corta pero muy desarrollada, sobre todo durante la época de la Dinastía Flavia y el posterior reinado de Adriano. A principios del siglo III comienza un lenta pero progresiva decadencia. A mediados de esa centuria ya ha perdido su poder y es abandonada; la mayor parte de sus edificaciones son expoliadas para servir en la construcción de villas cercanas, así como en la vecina iglesia de San Mamés. Aún se mantendría una pequeña población que permanecería en el lugar unas décadas más.

A pesar de que conocerse su existencia desde la década de los 70 del pasado siglo, no fue hasta finales de los años 90 cuando se han iniciaron las investigaciones, a raíz de una serie de reformas que se llevaban a cabo en la ermita medieval de San Mamés. Fue ya en el siglo XXI cuando comenzaron los trabajos de excavación.

Ábside de la ermita , a la derecha el foro.



LOS DETALLES:


El grado de romanización alcanzado en la pequeña ciudad queda manifestado en las edificaciones existentes. Actualmente se encuentran excavadas una gran parte de su planta original, a pesar del uso que como cantera de materiales se ha hecho de ella. Las últimas prospecciones han permitido definir todo el perímetro de la ciudad, pudiéndose ya determinar que la superficie encerrada intramuros es de unas 4.

Todos los edificios fueron construidos a lo largo del siglo I, no acometiéndose obras de importancia en los dos siglos siguientes, apenas algunas decoraciones y la reconstrucción de la muralla en momentos de inseguridad, probablemente a finales del siglo II, a raíz de revueltas de los naturales de la Lusitania.

Son visitables algunas de sus construcciones como el Foro, las termas, el mercado, la Casa del Peristilo, la de la Columna, la Casa Norte, el llamado Campus Martius, la necrópolis norte y la muralla.

Casa de la Columna.

Zona de las Termas, al fondo la ermita.

La muralla que rodeó la ciudad y de la que apenas quedan algunos tramos mal conservados, se construyó con un significado más simbólico que defensivo, algo habitual durante el período de la llamada Pax Augusta; pero sobre todo como un atributo de respeto y consideración. Su principal finalidad fue separar la gran área pública —pomerium— en la que quedan incluidos el foro, las termas y el mercado, además de otras edificaciones dedicadas a servicios domésticos y artesanales, de otras levantadas fuera de la ciudad.

Actualmente se han documentado tramos en la zona norte, este y oeste, con distintos espesores —que van de 1’15 a 1’38 metros— y sin un criterio único en lo que a su sistema constructivo se refiere: hay tramos con una buena ejecución y un espesor notable, mientras otros de espesor ligeramente más reducido y una calidad inferior. También han quedado manifestadas distintas reparaciones que vienen a confirmar una calidad mediana de la obra en cuanto a materiales y técnicas empleadas, observándose incluso un reaprovechamiento de materiales.  

El tramo de la zona norte es el más grande de todos y el mejor conservado, incluso es el más reforzado, con el doble de espesor; en él debió de estar la Puerta Norte por la que se accedía desde la Necrópolis Norte. Junto a este lienzo se encuentra la Casa Norte, de la que está separada por una calle.

Tramo norte de la muralla, detrás la casa Norte.

 

Mi Comañía, ante el Peristilo.

 

 

RESUMIENDO:

 

Nombre:     Ciudad Hispanorromana de Arucci Turobriga

Localidad:  Aroche

Municipio:  Aroche

Provincia:  Huelva

 

Tipología:   Muralla urbana

Época de construcción: finales del siglo I a.C.

Estado: es evidente que, al tratarse de unos restos excavados, podría deducirse que apenas si tienen una relativa curiosidad para la mayoría. Muy al contrario, lo que hoy está a la luz no está en absoluto carente de interés.

Propiedad: Pública, Ayuntamiento de Aroche.

Uso: turístico, cultural, y sobre todo arqueológico.

Visitas: el yacimiento es visitable, desde el año 2004, previo pago de una muy módica cantidad que incluye la ermita de San Mamés.

Protección: Tiene la máxima protección que otorga la ley 14/2007 de 26 de noviembre sobre Patrimonio Histórico de Andalucía.

Fue declarado Bien de Interés Cultural, categoría de Monumento, el 8 de julio de 2008, junto a la ermita de San Mamés, denominándose Ciudad Hispanorromana de Turóbriga.

 

Clasificación subjetiva: 3, se incluirá obligatoriamente en una ruta de viaje, o lo que es lo mismo, se hará todo lo posible por visitarlo. Y es que hay que tener en cuenta que nos encontramos en una comarca privilegiada, con unos paisajes espléndidos y algunos castillos dignos de ser visitados.

Otras cuestiones de interés: Junto al yacimiento se encuentra la ermita de San Mamés, patrón de Aroche. Esta iglesia es un ejemplo de la arquitectura de repoblación del siglo XIII, en la que encontramos una serie de pinturas murales del siglo XV.

El entorno en el que se encuentran la ciudad es de un alto valor paisajístico, principalmente dehesa, propio de toda la Sierra de Huelva.

Cómo llegar: En la Vía de la Plata, autovía A-66, E-803, a la altura aproximadamente del kilómetro 747, se encuentra Santa Olalla. Desde Mérida, unos 120 kms., y desde Sevilla poco más de 70 kms.

Coordenadas:

37.97093064760362, -6.9485803220807405






martes, 10 de mayo de 2022

Loarre, Castillo de Loarre (II), descripción.

Nombre:    Castillo de Loarre.
Localidad: Loarre.
Municipio: Loarre.
Provincia:   Huesca.
Tipología:   Castillo.
Datación:    Siglo XI

Descripción, arquitectura y construcción:
El castillo de Loarre es una fortaleza que resulta de la ejecución, en dos fases constructivas bien diferenciadas, de múltiples elementos militares y religiosos, y por supuesto también residenciales. Ubicado en un risco inaccesible por sus caras norte y oeste, las otras dos caras en cambio, descienden con cierta suavidad formando un amplio espacio rodeado por una muralla que, en su momento, contendría en su interior un pequeño poblado.

La muralla (1), que—con dudas por parte de los expertos— data de 1287. Arranca desde el ángulo nordeste del castillo, y encierra aproximadamente unos 10.000 m2, conservándose actualmente diez lienzos de 1’30 metros de espesor; su longitud total es de 172 metros. Hoy podemos ver nueve torreones semicirculares de características variables: dos y tres plantas, entre 3’20 y 4’50 metros de diámetro, y distancias entre ellos de entre 10 y 30 metros. Una excepción: un torreón cuadrangular de tres plantas situado en la parte más occidental de la muralla.
La puerta principal (2) de entrada al conjunto se encuentra entre dos torreones semicirculares, orientada a poniente, bajo un arco de medio punto.
En uno de los muros del torreón cuadrangular, perpendicular a la muralla, encontramos la llamada puerta de los Reyes (3) cuya datación es anterior a la otra puerta. Ambas puertas están compuestas por sencillos arcos de medio punto.
Es obligado comentar que todas las torres de la muralla, huecas en su totalidad, carecen tanto de sus correspondientes forjados (se supone que eran de madera y la reconstrucción de la muralla, ya se ve, no los contempló), como del muro que las cierra hacia el interior del recinto. Este tipo de torres se denominan bestorres, y carecían de ese muro.
En la torre anterior a la cuadrangular existe una letrina —tomo las fotografías de romanicoaragones.com—, cuya curiosidad me obliga a dejarla aquí, aunque sea con fotos robadas.
Toda la muralla y torres dispusieron de almenado y camino de ronda.
Desde la puerta principal de la muralla, y sobre un camino bien acondicionado se llega a la entrada, propiamente dicha, del castillo. A la izquierda, en ese espacio entre la muralla y el castillo, se levanta una torre exenta (4) que recibió el nombre de Torre del Vigía que data del siglo XI. Es de planta cuadrangular y tuvo tres pisos, presentando huecos sólo en la última planta: ventanas ajimezadas en las caras este y oeste, que quedan enfrentadas; y otra ventana con arco de medio punto en la cara sur. Está cubierta con una bóveda semiesférica sobre cuatro trompas. Carece de terraza.
La función de esta torre no está clara, quizás estuvo comunicada con el castillo mediante una pasarela de madera que le diera la característica de albarrana, pues así también se la conoce. Por su situación parece que su función no fue defensiva ni vigía dada la cota baja que ocupa.
Se cree que aquí hubo un templo prerrománico, pequeño, de unos 15x7 metros, del que apenas quedan restos, sólo esta torre que se reedificó en tiempos de Sancho Ramírez I.
Es ahí, en el camino que nos lleva hasta la entrada del castillo, desde donde se tiene la imagen más reconocida de la fortaleza y que se podría considerar la fachada principal del castillo: la muralla descendiendo hacia la izquierda es la fotografía mental que todos tenemos, y que se podría identificar incluso con los ojos cerrados; a la derecha el alto ábside de la iglesia de San Pedro, semicircular, dividido horizontalmente en tres partes desiguales, la inferior corresponde a la cripta de Santa Quiteria, y los otros dos a la iglesia.
El primer cuerpo presenta tres vanos ciegos flanqueados por columnas y capiteles que soportan arcos de medio punto. El segundo cuerpo es totalmente liso y en el superior se repiten los tres vanos similares a los del primero, pero esta vez huecos. Dos contrafuertes en el cuerpo inferior, que pasan a ser estilizadas columnas en los superiores, lo dividen verticalmente en tres partes. A partir de aquí la gran masa de piedra que es el castillo.
Esta fachada principal envuelve las construcciones que se ejecutaron en la década de 1070, durante el reinado de Sancho Ramírez I.

Lo primero que encontramos en la fachada principal, bajo la iglesia de San Pedro (9), es la única entrada al castillo (5), orientada al sur. Está compuesta por tres arcos de medio punto, sobresaliendo ligeramente del muro el más externo; éste último se remata con una imposta ajedrezada que recorre el arco. El arco central descansa sobre capiteles con humanos y simios tallados, que descansan sobre columnas. Sobre la puerta queda la parte inferior de un relieve que representaba un Tetramorfos; la superior desapareció durante unas obras que se realizaron en el siglo XVIII.
Más arriba, tres huecos de las mismas características que los del ábside, forman un triángulo; a la izquierda otra ventana igual y más debajo de ésta, otro hueco con arco de medio punto. Y sobre todo el conjunto la cúpula del crucero de la iglesia, de planta octogonal, apoyada sobre otro cuerpo de planta cuadrada.

Traspasada la puerta vemos otro de los más significativos elementos del castillo: la gran escalera (6) que, pasando debajo de la iglesia, nos llevará a la cripta y al cuerpo de guardia, a derecha e izquierda respectivamente, para finalizar dividiéndose en dos; hacia la derecha se accederá a las dependencias militares, residenciales y torres; hacia la izquierda está la iglesia de San Pedro.
La escalera, que está cubierta por una bóveda de medio cañón que se une a los paramentos mediante una moldura, está dividida en tres zonas de paso: una central más ancha y dos laterales de menor ámbito, estando contrapeados sus escalones. No está claro el porqué de tal disposición, pudiéndose pensar que por razones de protocolo la zona del centro estuviera reservada a nobles y personajes notables, mientras que los laterales serían ocupados por soldados rindiendo honores. Pero la razón más acertada pudiera ser que, dada la climatología y siendo éste el único acceso al castillo, se empleara la escalera para evacuar el agua en días de lluvia desde las cotas más altas, discurriendo ésta por el centro mientras que los ocupantes del castillo lo harían por los lados.

A mitad de la escalera, a la izquierda, una pequeña estancia cerrada, de unos 10 metros cuadrados, que debió de ser el cuerpo de guardia (7), y enfrentada a su puerta, otra que es la entrada a la cripta de Santa Quiteria (8), en la que estuvieron depositados los restos de San Demetrio y que hoy se encuentran en la parroquia de Loarre. Sobre la puerta un crismón bizantino que presenta varias letras cuyo significado no está del todo interpretado.
La cripta, de planta semicircular, está cubierta por una bóveda de las llamadas de horno, separada de los paramentos por una imposta ajedrezada, que se prolonga con un tramo de medio cañón. A su alrededor cinco arcos de medio punto sobre columnas y capiteles tallados con motivos vegetales: dos de los arcos son ciegos y en los otros tres se abren aspilleras que dan luz natural al interior.
La cripta se comunica con la iglesia mediante dos escaleras.

Al final de la gran escalera una bifurcación nos lleva, a la izquierda, a otra escalera más pequeña que termina en un reducido patio en el que se encuentra la puerta de la iglesia de San Pedro (9). Esa puerta tiene los mismos elementos que la del castillo: triple arco de medio punto, sillares planos en la primera y tercera arquivolta y redondeado en la del medio, que se apoya sobre columnas con capiteles muy labrados.
La iglesia, que sin duda es el elemento más bello del castillo, fue levantada en tiempos de Sancho Ramírez I; tiene una sola nave de grandes dimensiones para la época en que fue construida, con ábside semicircular.
Los pies del templo se cubren con una bóveda de cañón, sus paredes están decoradas con ajedrezados y al sur se abre una ventana.
El tramo central se enmarca con cuatro grandes arcos sostenidos sobre capiteles y estrechas columnas adosadas a los muros. Sobre el conjunto, cuatro pechinas sostienen una bóveda semiesférica ejecutada en sillería que alcanza una altura de 26 metros de altura. Otras tres ventanas se abren en el lienzo sur de este tramo central y una en el lienzo opuesto.
Por último, el ábside se divide en dos cuerpos: en el inferior, una arquería ciega de medio punto sobre columnas y capiteles decorados con motivos variados: geométricos, vegetales y figurativos, tanto simbólicos como bíblicos; y todo tipo de animales, incluso bestiario fantástico; en total, la iglesia contiene 82 capiteles. En el cuerpo superior se abren cinco grandes vanos en arcos de medio punto, dos de ellos ciegos, y los otros tres orientados al sur para iluminar esa parte de la iglesia.

Al término de la gran escalera, si se toma la bifurcación de la derecha se accederá a las dependencias residenciales del castillo, concretamente y en primer lugar a los denominados Pabellones del Monasterio, construidos a finales del siglo XI, que fueron dependencias de los monjes y posteriormente residencia de los nobles y militares. La más amplia es la Sala de los Arcos (10); se encuentran entre la torre Norte y la del Homenaje. Es muy probable que, a su derecha, en la esquina nordeste, se levantara una torre (24), de la que parece quedar, al menos visualmente, evidencias.
Justo antes, a la izquierda, la que fue la puerta de la primitiva fortaleza (13), obra del siglo XI.
A continuación, una sala (12) que probablemente fue usada como almacén de armas.

Ya en la parte más alta del risco, el Patio de Armas (14), alrededor del cual se encuentran las construcciones realizadas en la década de 1020, durante el reinado de Sancho Garcés III el Mayor, que fueron las primeras que se levantaron en el castillo. Es de reducidas dimensiones, pero suficiente para la guarnición que tuviera el castillo en tiempos de Sancho Garcés III. Es posible que este espacio fuera reformado posteriormente.
En el lado sur del patio se sitúa la Iglesia de Santa María (15). La pequeña capilla románica del primitivo castillo antes de la fundación del monasterio, de estructura sencilla y dos niveles que ayudan a salvar el desnivel del terreno. Es una edificación sencilla: su portada mira al norte, con arco de medio punto bajo un arco de descarga; presenta una sola nave cubierta por una bóveda de cañón, y ábside semicircular cubierto con bóveda de horno o de cuarto de esfera; varios vanos en arco de medio punto, en los muros norte y sur, iluminan el interior; en el ábside se abre otro hueco. Originalmente estuvo cubierta con una techumbre de madera. Su pequeño tamaño puede estar acorde con el reducido número de hombres que en principio debió de tener el castillo.
En el lado oeste del patio se encontraba un pabellón (17) con dos niveles: en el inferior establos o almacenes; y en el superior, hoy desaparecido, pudo haber una sala capitular. En su cara sur se abre el llamado Mirador de la Reina (16), un balcón que se asoma a la pared vertical del promontorio, y que no es más que el resto de la gran sala del piso superior. Este hueco está formado por un arco de medio punto con una arquivolta e impostas apoyadas en capiteles cuyas columnas han desaparecido.
Cierra el patio el aljibe (18), un depósito con una capacidad de hasta 80.000 litros, y los pabellones militares.
Algún autor apunta que entre la iglesia de Santa María y el llamado Mirador de la Reina, hubo otra torre (23) de la que sólo quedaría una ventana y apenas sus cimientos.

Detrás del aljibe se encontraba la Torre Norte (19), actualmente incompleta, dentro del conjunto de dependencias de uso militar. Esta torre está considerada como la auténtica torre del Homenaje del castillo, cuyo carácter perdió cuando la albarrana quedó incorporada al interior del recinto. Su puerta de acceso, que está situada en altura, es un arco de medio punto hacia el exterior y dintel al interior,

A la derecha del patio se levanta la Torre de la Reina (20), junto a la primitiva puerta del castillo, por lo que se puede decir que era la que ocupaba el cuerpo de guardia. Es de planta rectangular y pequeñas dimensiones, 8 x 5 metros; se distribuye en tres pisos: su acceso en planta baja es un arco de medio punto al exterior y dintel al interior; en el primer piso se abren tres saeteras de derrame al interior; en el siguiente nivel dos ventanas abocinadas en arco de medio punto; y en el tercero una galería de tres vanos ajimezados de medio punto, más un gran hueco también de medio punto. Su interior es de reducidas dimensiones, por lo que es de suponer que sólo tuvo carácter defensivo y no residencial. Actualmente esta torre se comunica con la del Homenaje mediante una pasarela.

La Torre del Homenaje (22), con sus 22 metros de altura y 10 x 5 metros de planta, destaca sobremanera en el perfil de la fortaleza. Fue construida en época de Ramiro I siendo en principio una torre albarrana; una vez edificada la Iglesia de San Pedro, esta torre quedó dentro del recinto del monasterio.
Comunicada con el castillo mediante un puente levadizo que la aislaba como último refugio, tiene planta rectangular y su estructura está dividida en cinco plantas. Se accede a la torre por la tercera planta desde el adarve por medio de arco puente; esta planta ha quedado unida a la cuarta por pérdida del forjado intermedio; este piso debió de ser el más utilizado, a tenor de la enorme chimenea troncocónica que tuvo que ser muy necesaria durante los duros inviernos; cuatro grandes ventanas iluminan el espacio. Desde esta planta se baja a la segunda, donde hay un retrete con un pequeño vano para ventilación. El piso más bajo tuvo funciones de almacén.
Sus lisos muros, de buen aparejo y sillarejo bastante regular, están perforados por saeteras y estrechas ventanas.

Estado: En muy buen estado de conservación, aunque no estaría mal continuar los procesos de restauración que hasta ahora se llevaron a cabo en 1913 y las obras de mantenimiento entre 1996 y 2009. La parte más antigua, la que corresponde a la época de Sancho III, es la más deteriorada del conjunto y necesitaría, al menos, trabajos de consolidación.

martes, 3 de mayo de 2022

Loarre, Castillo de Loarre (I)

Nombre:     Castillo de Loarre.
Localidad:  Loarre.
Municipio: Loarre.
Provincia:  Huesca.
Tipología:  Castillo.
Datación:   Siglos XI
Situación:  A 35 kilómetros de Huesca y a 5 de la población que le da nombre, se encuentra el castillo de Loarre; estamos en la comarca de la Hoya de Huesca. Sobre un promontorio rocoso de piedra caliza que le sirve de perfecta cimentación se alza la tan repetidamente calificada como la fortaleza románica mejor conservada de Europa. Sea o no cierta la insistente afirmación, el caso es que, como ejemplo de edificio militar del románico, al menos en España, sí es el número uno. A lo que añadimos su condición de residencia real y monasterio, que eleva sobremanera el carácter de esta fortaleza.
Su ubicación denota, sobre cualquier otra característica, su fuerte naturaleza militar que pronto perdería conforme avanzaba la Reconquista: justo a las faldas de los Pirineos, al norte, y la extensa llanura de La Hoya que hacia el sur llega hasta el río Ebro.
El castillo de Loarre, como tantos castillos roqueros, no forma parte del paisaje, sino que va más allá, el castillo es el paisaje y no entenderíamos a éste sin el propio castillo.
Datos históricos:
Su origen se remonta a la época íbera y romana —en su interior se han encontrado monedas romanas, lo que induce a pensar que en el lugar hubo un asentamiento romano—, identificándose este lugar con la Calagurris Fibulariensis romana. Pero los restos más antiguos del actual castillo, y de los que apenas quedan vestigios, son de los tiempos de Sancho Garcés III (992-1035), apodado el Mayor o el Grande, rey de Pamplona y conde de Aragón que, tras la conquista del asentamiento musulmán, levanta poco más de una torre en este estratégico lugar. Su hijo, Ramiro I (1006-1063), rey de Aragón y Pamplona, construiría las edificaciones del núcleo primitivo a mediados del siglo XI, y que fueron la pequeña iglesia de Santa María, la torre de la Reina, las estancias reales y militares y la torre del Homenaje (la torre albarrana). La finalidad de su construcción fue controlar no sólo la entrada a la Hoya sino además organizar los ataques a Bolea, fuerte plaza en poder musulmán.
Reinando Sancho Ramírez I (1045-1094), rey de Aragón y Pamplona, el castillo es ampliado, adquiriendo la actual configuración: se construye la iglesia de San Pedro y la cripta de Santa Quiteria; y se funda un monasterio con monjes agustinos, con lo que al carácter militar se le une el religioso, a la vez que se crea en su entorno un pequeño núcleo de población.
Poco después, y durante el breve reinado de Pedro I (1068-1104), apenas ocho años, el castillo pierde relevancia militar pues los musulmanes han sido desalojados de la comarca y empujados hacia el sur, a la vez que la religiosa al ser trasladada la congregación al monasterio-fortaleza de Montearagón.
A continuación, hubo un largo período de tiempo en que el castillo, por circunstancias varias, cambia de propietario con cierta frecuencia: Pedro II empeñó la villa de Loarre junto a la de Bolea; volvería a posesión de la corona durante el reinado de Jaime I, el cual se la entregaría a su tío el infante Fernando, quien sería abad de Montearagón, y éste a su vez, lo haría en favor de la orden del Hospital de San Juan que lo tendrían entre 1263 y 1285. En 1287 el castillo fue saqueado por Pedro de Ayerbe, partidario de la unión de nobles aragoneses enfrentados a la corona de Aragón.
Nuevamente, y ahora durante el reinado de Jaime II (12167-1327) y posteriores, la tenencia del castillo volvió a estar en manos de diversos nobles afectos a la corona, hasta la llamada revuelta del conde de Urgel en 1413 en que la abadesa Violante de Luna estuvo de parte de los urgelistas pero, asediado el castillo hubo de rendirlo a las tropas del bando real.
Ya en el siglo XVI, la población que vivía junto al castillo se trasladó a la actual villa de Loarre. En la construcción de casas de la nueva villa se utilizaron materiales procedentes del castillo, el cual quedaría abandonado y semiderruido. A principios del siglo XX fue declarado Monumento Nacional, siendo uno de los primeros castillos en ser protegido, lo que ayudó a que se iniciase un proceso de restauración y conservación llevado a cabo durante los años 1930, 1940 y 1950. Obras que continuaron en los últimos años del pasado siglo.
Estado: En muy buen estado de conservación, aunque no estaría mal continuar los procesos de restauración que hasta ahora se llevaron a cabo en 1913 y las obras de mantenimiento entre 1996 y 2009. La parte más antigua, la que corresponde a la época de Sancho III, es la más deteriorada del conjunto y necesitaría, al menos, trabajos de consolidación.
Propiedad actual: es propiedad del Estado, aunque su gestión en cuanto a conservación y explotación turística, está en manos del Gobierno de Aragón.
Uso: cultural y turístico.
Visitas: Abierto al público, previa compara de la entrada, claro.
Protección: Fue declarado Monumento Nacional el 05/marzo/1906. Es Bien de Interés Cultural con categoría de Monumento desde 2006.
Bajo la declaración genérica del Decreto de 22 de abril de 1949 sobre protección de los castillos españoles, y la Ley 16/1985 de 25 de junio sobre Patrimonio Histórico Español. Está declarada Bien de Interés Cultural desde el 12/noviembre/2002.
Se está promoviendo su declaración como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.
Otras cuestiones de interés: Escenario de algunas producciones cinematográficas, cabe resaltar una de las primeras, Valentina —de Antonio José Betancor, con Anthony Quinn y Jorge Sanz— en 1982, basada en la novela Crónica del Alba, de Ramón José Sender. Y más recientemente en El reino de los cielos — de Ridley Scott, con Orlando Bloom, Eva Green, Liam Neeson y Jeremy Irons.
La novela de Luis Zueco, El Castillo (2015), tiene a la etapa de la construcción del castillo, como punto central de la historia.
Calificación subjetiva: 5, No sólo no hay que perdérselo bajo ningún concepto, sino que además hay obligación de verlo antes de morir; y como no se haga, se morirá en pecado mortal.
Accesos: Hasta el castillo, caminando desde el cercano parquin junto al Centro de Recepción e Interpretación.
Coordenadas: 42º19’32” N – 0º36’43” O
Cómo llegar:

martes, 5 de abril de 2022

Aznalcázar, Muralla urbana, Arco de Pescadería

En el Aljarafe, esa pequeña comarca sevillana lindante con la capital de Andalucía, sólo separada por el río Guadalquivir, se encuentra una pequeña localidad de apenas 4.500 habitantes que responde al sonoro y arábigo topónimo de Aznalcázar.
Se sitúa en una cota más alta que poblaciones vecinas, y en lo más alto tuvo una pequeña fortaleza de la que apenas quedan restos en un espacio reconvertido en parque público.
Esa fortaleza fue árabe, pero bien pudo estar cimentada sobre restos romanos e incluso anteriores —la Lontigi u Olontigi celtíbera—. Algunos, incluso se aventuran a situar aquí Tartessos, pero bueno, allá cada uno.
Los árabes la llamaron Hisn al Qasar, o sea, la fortaleza del alcázar, y fue centro administrativo y jurídico de diversas poblaciones aljarafeñas pertenecientes a la cora de Isbilya.
Azanalcázar fue reconquistado por los cristianos en 1252, junto con el resto de las poblaciones del Aljarafe y una vez controlada la ciudad de Sevilla. En el repartimento que se hizo de las nuevas conquistas, la población fue adjudicada a Sevilla, por lo que compartió con ella fueros y derechos.
El Arco de Pescadería, extramuros. 

 












El arco, antes de su restauración.
Lo que queda de la muralla.

LA MURALLA:

Junto con un pequeñísimo resto de un lienzo de la muralla que se conserva en la calle Miguel de Cervantes esquina con Ramón y Cajal, lo único visible de lo que fue la muralla de Aznalcázar es el llamado Arco de Pescadería, o el Arquillo, que fue puerta de acceso a la villa.

Sus sucesivas reformas y adaptaciones para otros usos, han borrado totalmente su origen, que fue almohade y está datado, al igual que la muralla que rodeó la población, a mediados del siglo XII. Por lo que hemos de suponer que fue una puerta en recodo y seguramente bajo una torre, con acceso de doble quiebro. En su interior se conservan los arcos de herradura que conformaban el quiebro del acceso.


El aspecto actual, con entrada y salida directa, se debe a la reforma que supuso la construcción del pósito municipal, hacia el siglo XVIII, sobre la puerta.

A finales del siglo XIX, principios del XX, se acondicionó como puesto de la Guardia Civil, anexando otras edificaciones.

Actualmente la puerta está totalmente recuperada como pequeño espacio cultural y expositivo, habiéndose recuperado las fábricas de ladrillo de sus muros y los arcos de herradura almohades.

Mi Compañía bajo el arco.

No olvidar que aquella muralla queda representada en el escudo municipal de la villa, que sostiene una torre de oro.






RESUMIENDO:

Nombre:     Muralla de Aznalcázar, Arco de la Pescadería
Localidad: Aznalcázar
Municipio: Aznalcázar
Provincia:   Sevilla

Tipología: Recinto fortificado, puerta.
Época de construcción: mediados del siglo XII.
Estado: En buen estado. Ha sido restaurado recientemente, entre los años 2008 y 2011.

Propiedad: Pública, ayuntamiento de Aznalcázar.
Uso: Recoge un espacio cultural.
Visitas: libre, forma parte de una calle de la villa.
Protección: Bajo la protección de la Declaración genérica del Decreto de 22 de abril de 1949, y la Ley 16/1985 de 25 de junio sobre el Patrimonio Histórico Español.
Está declarado Bien de Interés Cultural desde 1985.

Clasificación subjetiva: 2, o sea, que si se pasa cerca y se va con tiempo pues se acerca uno a verlo. Es decir, que se incluirá en una ruta de viaje pero no pasa nada si luego no se visita.
Cómo llegar:  Desde Sevilla por la A-49 dirección Huelva, naturalmente. Salida nº 16 Benacazón, y desde aquí por la A-473 dirección Aznalcázar.

martes, 15 de marzo de 2022

Mijas, torre de la Cala de Mijas



Son varios los nombres, como no podía ser menos, con los que se conoce a esta torreo: torre de la Batería, de la Batería de la Cala del Moral o torre Vieja de la Cala del Moral —ojo, no confundir con la Cala del Moral, población perteneciente a Rincón de la Victoria, también en la provincia de Málaga—. o más comúnmente Torre de la Cala de Mijas. 
Se encuentra, como dice su nombre, en la Cala de Mijas, muy cerca del mar y casi escondida entre calles y edificaciones que la rodean. Aunque aún mantiene despejada su fachada principal que mira a la playa de la que la separan escasos metros.


Ésta es una de las cuatro torres que se levantan en el término municipal de Mijas —además de la de Calahonda, la torre Nueva y la de Calaburras—, y como ésas y tantas otras de la costa mediterránea, ésta también fue construida en el siglo XVIII. Existe documentación que la data en 1773 —aunque también se atribuye su construcción hacia 1760— y en la que se la acreditaba como apta para dos cañones de 16 o 24 libras. Su finalidad, ya es sabido, fue la defensa de la costa contra ataques foráneos de piratas africanos y europeos, y la vigilancia y control del contrabando.
En 1821, su estado ya sólo admitía cañones de 8 libras, pues necesitaba obras de reparación urgentes y de consideración. Curiosamente, en 1830 se la menciona como “…una torre circular de 11 varas de diámetro y cerrado por un pequeño frente de fortificación de 13 varas y media de altura…”, muy lejos de su aspecto actual. La guarnecían, por entonces, diez hombres: un cabo, seis soldados de infantería y tres torreros; uno de los torreros siempre permanecía de guardia, mientras que los otros dos eran enlaces con las torres más cercanas.

Nota informativa:
1 vara era igual a tres pies y a 36 pulgadas, o sea, igual a 0’835905 metros. Por lo que la torre en cuestión tenía 9’20 metros de diámetro.

Fachada sur, la que mira al mar.

Hacia 1849 ya se encontraba muy deteriorada y no se aconsejaba su mantenimiento. A pesar de ello, fue reparada y en 1857 se encontraba en perfecto estado. Desde entonces nunca más estuvo artillada.
A pesar de aquella reciente restauración, fue desmantelada y dejada sin uso en 1860.
Durante el siglo XX fue utilizada como vivienda, para lo que se le abrió una puerta a nivel de calle y una ventana en la dependencia que había sido utilizada como depósito de municiones. Después fue adquirida por el Ayuntamiento de Mijas y se adaptó para su actual uso como museo.

Fachada este.

Fachada oeste.


LOS DETALLES:
Es ésta una torre de las denominadas de pezuña, es decir con planta de herradura. Esta planta está delimitada por un semicírculo prolongado con dos espolones oblicuos, dos pequeños baluartes que forman un hornabeque en su fachada posterior. Su perímetro exterior ronda los 35 metros y su altura es de 10’85 metros.
Está construida en mampostería —a cal y canto—, con ladrillos en algunos elementos como son las esquinas en ángulo, los huecos —jambas, dinteles y aspilleras—, las bóvedas de las estancias, las torrecillas del terrado y la gola del antepecho.

Fachada trasera; arriba a la derecha, el acceso original.

Su entrada estuvo en la fachada trasera, en la pared interior del espolón de poniente, en un hueco situado a unos seis metros de suelo y que hoy está convertido en una ventana; a ella se accedía mediante una escala de cuerdas. Frente a esta entrada, en el espolón de levante, unas aspilleras situadas a mitad de la escalera que sube al terrado, la protegían. En el espolón derecho también se abren aspilleras, a poniente y al norte, alrededor de un espacio para un vigilante junto al zaguán de entrada.
Esta entrada lleva a un pequeño vestíbulo desde el que, por una corta escalera, nos lleva a la primera planta de la torres, una gran sala semicircular, bien iluminada mediante dos ventanas que se abrían a cada una de sus fachadas laterales. Contaba esta sala con chimenea en su testero norte —tanto para calentar la estancia como para hacer señales de humo en situaciones de alarma—, junto con otros elementos de servicio, como una alacena, hornacinas para almacenaje y un retrete. Un agujero en el centro de la dependencia servía para subir las municiones y otros materiales que se acopiaban en la planta baja. La cubre una bóveda de ladrillo.

Fachada trasera con los dos baluartes; en el centro la entrada actual.

En el espolón este del hornabeque, se dispone la escalera que sube a la terraza. Ésta está rodeada de un antepecho sin almenas —barbeta—, excepto en el lado norte donde se levantan dos torretas aspilleradas sobre los baluartes del hornabeque, de 2’40 x 2’30 y 2’40 de alto. Ambos se cubren con tejado de tejas curvas.
A la planta baja —que no estaba comunicada con el exterior— también se accedía mediante una escalera de fábrica situada en el espolón de poniente, y presentaba dos dependencias: la primera de planta semicircular era el almacén de las municiones, la pólvora y otros elementos inflamables como paja y leña; y la segunda, en el espolón del este, almacenaba materiales y útiles diversos.
El agujero dispuesto en esta bóveda  era el único hueco por el que penetraba la luz al sótano.
Al igual que la bóveda de la planta superior, la de ésta también es de ladrillo,
Actualmente se accede a esta planta baja mediante una puerta que se abrió en su cara norte, a la cota de calle, en el centro del hornabeque, con el fin, es evidente, de facilitar la entrada a los visitantes.

La Compañía ante la puerta actual.

RESUMIENDO:

Nombre: torre de la Batería, de la Batería de la Cala del Moral, torre Vieja de la Cala del Moral, o simplemente torre o torreón de la Cala de Mijas.
Localidad: Cala de Mijas.
Municipio: Mijas
Provincia: Málaga

Tipología: Torre costera artillada.
Época de construcción: siglo XVIII, en 1773; aunque también se la data en 1760. Fue restaurada en los años 90 del pasado siglo.
Estado: En muy buen estado de conservación, gracias a su restauración y al uso continuado que se le da.
Propiedad: Pública, del Ayuntamiento de Mijas; la gestión de su uso y visitas está cedido a una ONG.
Uso: Turístico y cultural: es la Oficina de Turismo de la Cala de Mijas, además de Sede del Centro de Interpretación de las torres Vigía.
Visitas: abierto al público en horario establecido, que no coincidió con la tarde en que anduve por allí. Cuando paseé por aquel lugar, enero 2022, la torre estaba cerrada.
Protección: Bajo la protección de la Declaración genérica del Decreto de 22 de abril de 1949, y la Ley 16/1985 de 25 de junio sobre el Patrimonio Histórico Español.
La Junta de Andalucía otorgó reconocimiento especial a los castillos de la comunidad andaluza en 1993.

Clasificación subjetiva: 2, o sea, si se pasa cerca y se va con tiempo pues se acerca uno a verlo. Es decir, que se incluirá en una ruta de viaje pero no pasa nada si luego no se visita.
Otras cuestiones de interés: Sin duda alguna, el entorno. El paseo marítimo y la próxima playa le dan un gran valor a la torre, como a todas las torres costeras que, por cierto, abundan en la costa de Málaga.
Cómo llegar:

martes, 1 de marzo de 2022

Torremolinos, torre de Pimentel o de los Molinos

Incontables son las veces que he andado por Torremolinos. Las mismas veces que he paseado por la calle San Miguel, tal vez la más popular y conocida de toda la ciudad. Y sin embargo, a pesar de mi afición/obsesión por los castillos y similares, apenas si he reparado en esta torre que hoy me ocupa. Siempre han sido paseos de consumo, nada culturales; y es que Torremolinos creo que da para lo que da, y no para otra cosa más.
Pero sí la he visto. He visto la torre de los Molinos, o torre de Pimentel —que de los dos los nombres se la denomina—, y creo que seré de los pocos, pues casi nadie que la mire, si es que la miran, habrá reparado en ella. 
Decía que la he visto cuando, al final de la comercial calle de San Miguel, he bajado por el serpenteante camino que es la Cuesta del Tajo hasta la playa del Bajondillo; y luego otra vez, de vuelta, a la más céntrica calle de Torremolinos.

Sin embargo nunca la había fotografiado, ni siquiera me había parado ante ella más de cinco minutos. Considero tal acto, tantas veces reiterado, un pecado que hoy, al escribir esto, dispongo a perdonarme. Voy con ello.

Casi oculta, desde la playa.

LA TORRE:

La torre de los Pimentel es la torre que da nombre a la población, pues también es llamada torre de los Molinos, y de ahí el topónimo de la ciudad, Torremolinos. Parece evidente.
Se construyó allá por el 1300, durante el período nazarí —siglos XIII-XV—, para formar parte de la red de torres atalaya que los árabes habían levantado como defensa de la costa del reino de Granada y protección de los numerosos molinos de los alrededores. Por eso se eligió esta ubicación: la parte más alta de un escarpado acantilado que garantizaba buena visibilidad del mar y difícil accesibilidad por el atacante.
Antes de ser reconquistado el territorio, la torre era llamada de los Molinos, y también, tiempo después, en una ordenanza de 1497 donde así se la nombra y se le asigna una guarnición propia, para pasar poco después a ser denominada, de Pimentel, en recuerdo de uno de los nobles —tal vez Juan Pimentel, maestre de la Orden de Alcántara; o del conde de Benavente, Rodrigo de Pimentel— que acompañaron a los Reyes Católicos en la toma de Málaga y que figuraba en el repartimento de esta ciudad y su comarca. Sin embargo, nunca llegó a tomar posesión de las propiedades otorgadas por los Reyes Católicos.

Desde la Cuesta del Tajo.

La torre siguió cumpliendo su cometido —defensa y vigilancia de la costa, y protección de los numerosos molinos existentes: el del Rosario, del Pato, de la Cruz, del Peligro, y otros muchos— durante siglos, alterando y modificando sus elementos para adaptarlos a los distintos usos bélicos. Incluso en el siglo XVI se dice que fue también utilizada como molino. A partir de esa época, se fue creando un pequeño núcleo urbano a su alrededor, germen del actual Torremolinos.
En agosto de 1704, George Rooke, almirante inglés, decidió hacer aguada en Torremolinos antes de atacar Málaga, previa destrucción de los molinos del contorno y así debilitar el abastecimiento a la capital. Recordemos que un mes antes, este elemento nos había arrebatado, para siempre, Gibraltar.
En 1748, en un mapa del Marqués de la Ensenada, ya figuraba el topónimo de Torre Molinos para denominar a la población.





LOS DETALLES:

Como obra musulmana que es, fue construida en tapial/adobe, además de ladrillos en esquinas, verdugadas y huecos exteriores que fueron enfoscados, así como en arcos y bóvedas. La fecha de su datación está bastante clara, pues además de los materiales utilizados y la pequeña escarpa de apenas 28 cm., permiten afirmar que se levantó a finales del siglo XII o principios del XII, cuando aún las armas pirobalísticas no habían hecho su aparición.

La torre se eleva unos 12 metros de altura, y se apoya en una base sólida de roca viva. De planta rectangular, sus lados miden 7’20 x 6’10 metros en su arranque, y 6’63 x 5’05 metros en la planta de la terraza, por lo que se puede decir que es ligeramente troncocónica, aunque visualmente no se aprecie.
En sus caras norte y sur se observan —esto lo he leído, porque observar, lo que se dice observar, no lo he observado— unos recrecidos que recuerdan a pequeños revellines, posiblemente añadidos siglos después de su originaria construcción. Estos lados son los más pequeños de la planta por lo que esa orientación, la norte-sur, es el eje mayor de la torre.



La torre está dividida en tres cuerpos, siendo totalmente macizo el inferior. El acceso se realizaba a través de un hueco, cobijado por un arco de ladrillo, practicado a la altura de la primera planta, en su cara oriental, mediante una escala de cuerda que se recogía como medida de protección. Esta entrada lleva a una sala de 5’00 x 4’10 y 3’18 metros de altura, dividida en dos espacios desiguales mediante un gran arco que soporta la planta superior. La sala más pequeña dispone de una ventana orientada al mar.
Una estrecha escalera, de unos 70 cms. de ancho y cubierta por una bóveda de cañón de ladrillo, se adosa a las caras norte y oeste, comunicando esta primera planta con la siguiente, y desde ésta hasta la terraza.

La segunda planta se divide en tres estancias, pequeñas, separadas por arcos de ladrillo macizo. El espacio más pequeño es la meseta de la escalera que distribuye a las otras dos salas que servían como estancias para la guarnición. La altura de esta planta es de 2’63 metros y está cubierta por una bóveda de cañón dividida por arcos fajones.

La terraza, a la que se accede por su ángulo suroeste, mide 5’63 x 4’55 metros y conserva su pretil, sin almenas, por lo que ha quedado reducido a unos 90 cms, de altura.

La Compañía al final de la calle San Miguel


RESUMIENDO:

Nombre: torre de Los Molinos o de Pimentel
Localidad: Torremolinos
Municipio: Torremolinos
Provincia: Málaga

Tipología: Torre atalaya costera.
Época de construcción: siglo XIV, en 1300.
Estado: ruina progresiva o consolidada, según el grado de optimismo con que se la mire. en En su interior, deterioro total.
Propiedad: Pública, del Ayuntamiento de Torremolinos.
Uso: Ninguno. Si acaso como hito/punto final a la calle San Miguel e inicio de la cuesta del Tajo hacia la playa.
Visitas: Cerrada al público, su estado no permite las visitas. Se habla de la existencia de un proyecto de rehabilitación a fin de ponerla en valor.
Protección: Bajo la protección de la Declaración genérica del Decreto de 22 de abril de 1949, y la Ley 16/1985 de 25 de junio sobre el Patrimonio Histórico Español.
Está declarada bien de Interés Cultural.
La Junta de Andalucía otorgó reconocimiento especial a los castillos de la comunidad andaluza en 1993.

Clasificación subjetiva: 2, o sea, si se pasa cerca y se va con tiempo pues se acerca uno a verlo. Es decir, que se incluirá en una ruta de viaje pero no pasa nada si luego no se visita. La cuestión es que su ubicación obligará siempre a mirarla; siempre que se vaya a Torremolinos, claro, porque el paseo por la calle San Miguel es obligatorio.
Otras cuestiones de interés: Con respecto a la torre, ninguna cuestión interesante más. Tal vez pasear hasta la playa bajando la Cuesta del Tajo y tomar algo por el camino. La vuelta ya es otra historia.
Cómo llegar: