martes, 11 de julio de 2017

Castillo de Almonaster la Real

Lo primero situarnos: estás al norte de la provincia de Huelva, en el Parque Natural de la Sierra de Aracena y Picos de Aroche, uno de los ocho o diez espacios naturales más protegidos de Andalucía y a la vez uno de los cuatro cinco más bellos. Sin duda.
El paisaje, se mire hacia donde se mire, es extraordinario, hermoso y, en tu caso, de una atracción tan cautivante que te lleva, cada vez que lo visitas, a tu futuro más cercano. Deseas perderte aquí, para siempre, entre encinas, arroyos y castaños.
Sin darte cuenta apareces en Almonaster la Real, un pequeño pueblo serrano, al que se llega por estrecha y sombreada carretera. Lo encuentras casi por sorpresa, limpio y blanco, colgado de su castillo o de su mezquita, o de su iglesia, que todo es uno, e instantáneamente Cupido te lanza una flecha y acierta. Lástima que hoy vas con algo de prisa, que si no.
La Mezquita-castillo sobre los tejados de Almonaster.

A ver, resumen histórico:
Primero, Edad de Bronce, vestigios de un poblamiento y restos hallados en la necróplois de Becerros, hacia el sur de la actual población.
Segundo, época romana, que dicen que “los cimientos de la villa se levantarían sobre un yacimiento romano”, e incontables sillares de su muralla y mezquita deben ser romanos.
Durante la época visigótica -tercero- se construyó un pequeño monasterio en la colina del castillo.
Cuarto, del año 822 procede el primer testimonio escrito alusivo a Almonaster del que se deducen dos cosas: que su topónimo procede del árabe Al-Munastry y éste a su vez del latino monasterium, o sea, el monasterio; y dos, que dependió de la kora de Sevilla.
A principios del siglo X se levantó la mezquita, cuando ya era Almonaster la población más importante de toda la comarca, y también sede de la jurisdicción militar, fiscal y administrativa. Estaba rodeada por una amplia cerca que cobijaba la medina, la aljama y un alcázar; de todo ello no nos queda nada.
Tras la descomposición del Califato cordobés, perteneció a la taifa de Badajoz hasta la invasión almorávide.
En 1230 es reconquistada por los cristianos -quinto y siguientes-, siendo los caballeros de la Orden del Hospital quienes la incorporaron al reino de Portugal para pasar posteriormente a Castilla (mediante una orden directa del papa Inocencio IV que supuso que todas las tierras al este del Guadiana se incorporaran a la corona castellana), y quedando en propiedad del Arzobispado de Sevilla. Como otras fortalezas del alfoz del Reino de Sevilla, formó parte de la Banda Gallega frente a los ataques desde Portugal.
Al firmarse el Tratado de Alcaçovas en 1479, por el que los reinos de Castilla y Portugal deciden empezar a entenderse, la fortaleza de Almonaster, y con ella toda la villa, dejaron de tener interés guerrero, con lo que el Arzobispado sevillano decide no proporcionar atención al mantenimiento de la plaza. A finales del siglo XVI, su estado comenzaba ya a ser preocupante.
Almonaster desde donde debió estar la entrada a la fortaleza.
 El camino hasta el castillo es fácil, no hay pérdida. El pueblo es pequeño y está  bien indicado el itinerario. Llegas arriba y no te queda otra que compartir el lugar con más personas; algunas son visitantes como tú pero la mayoría son lugareños que asistirán a un evento socio-religioso a celebrarse en la mezquita que hoy es iglesia católica. A pesar de ello consigues hacer fotografías con poca molestia mientras te preguntas si todos ellos son conscientes del valor del lugar que pisan, si sabrán que el lugar no es sólo el escenario de un acontecimiento más o menos frívolo. Pero sí, seguro que saben que los árabes fueron los autores de este monumento, el más representativo de Almonaster, su mezquita, que junto con los restos de las murallas del castillo y la Plaza de Toros, forman el conjunto patrimonial más importante del pueblo.
De lo que ya no estarás tan seguro es que la mayoría de los que visitan el lugar sepan que:

La planta de lo que hoy nos queda del castillo, ocupa una superficie de casi 7.300 metros cuadrados, encerrados en un perímetro de 313 metros, y flanqueados con torres rectangulares y circulares en los quiebros de la muralla. En medio de algunos lienzos también se dispone torres. De la que fuera torre del Homenaje, llamada del Alcaide, apenas queda nada, y que estuvo en la zona por donde ahora se accede al castillo, que es la más cercana al pueblo. En el ángulo opuesto a la entrada actual al conjunto, está la Puerta Falsa, en un estrecho pasillo formado por dos paños de muralla en paralelo.
A todos los lienzos les falta el almenado y a gran parte el parapeto, e incluso hay tramos donde ha desparecido el adarve. O sea, que la muralla que ahora vemos debió de ser bastante más gruesa, y a pesar de la ausencia de muchos elementos, es fácil reconocer todo su trazado.
La altura de la muralla varía según la orografía del terreno, adaptándose al terreno, y utilizándose rellenos en el caso de desniveles. Esta adecuación al terreno hace que su planta sea muy irregular.
De los materiales utilizados se deduce que su etapa constructiva más antigua fue la califal, en la que se utilizaron sillares romanos como refuerzo a la mampostería. Las zonas de tapial se ejecutaron en el período almohade y, nuevamente, ya en época cristiana, vuelven a utilizarse los mampuestos. 
En definitiva una mezcla de estilos a lo largo de los tiempos, desde el romano al almohade, pasando por el período califal y terminando en el gótico de la Baja Edad Media.

Restos de la muralla, al fon do la Puerta Falsa
Pero el castillo no es sólo el castillo. El castillo, que hoy apenas es una muralla, cobija en su interior los restos de lo que fue un templo cristiano primitivo y sobre él una mezquita que a partir del siglo XIII se convirtió al cristianismo. Ah, y también una plaza de toros. Todo ello forma un conjunto excepcional, del que te impresiona su modestia y su recogimiento, pero sobre todo su sencilla grandeza: ¡cómo tanto en tan poco espacio y en un lugar tan recóndito, ha llegado hasta hoy!
Y como el castillo, según ha quedado dicho, no es sólo el castillo, te ves obligado a dejar aquí algún apunte sobre los otros edificios, aunque sea breve. Primero sobre la mezquita:

Que fue levantada entre los siglos IX y X,  sobre los cimientos de otro templo, visigodo, del siglo VI, y este a su vez sobre otras construcciones romanas; los árabes aprovecharon sus materiales en la estructura de la nueva edificación y en numerosos elementos decorativos, como capiteles y columnas. Predomina la mampostería, aunque también hay fragmentos realizados con ladrillo y tapial; las esquinas quedaron reforzadas con sillares de granito.
Se accede a su interior por una puerta de época cristiana situada en el muro que se orienta al noreste; a la derecha se encuentra el sahn o sea, el patio para las abluciones, que como la propia mezquita es muy pequeño, tanto que fue necesario excavar algo la roca para poder darle un tamaño mínimo . De aquí al liwan o sala de oración que es de planta trapezoidal y de medidas interiores de 10’70 por 11’00 metros.
El pequeño patio de las abluciones

El mihrab, orientado al sureste
Naves del interior de la sala de oración 
Consta de cinco naves que se orientan de noroeste a sureste, siendo la central la más ancha, y las extremas las más estrechas que a su vez se deforman para compensar el esviaje de la planta, debido tal vez a la topografía del terreno. El muro orientado al sureste es la qibla, en cuyo centro se abre el mihrab, de planta semicircular y bóveda de horno. Queda enmarcado con un arco de herradura dentro de un alfiz de ladrillos.
Toda ella desprende un carácter primitivo y tosco, quizás por su situación geográfica, alejada de otras más suntuosas y reconocidas.
En la esquina noroeste y exenta al edificio principal, se alza el alminar, de planta rectangular y tres cuerpos, macizo el primero, mientras que los otros dos disponen de arcos, dos en sus lados mayores y uno en los más pequeños. La cubierta se remata con una balaustrada de piedra que se antoja fuera de lugar (y es que fue realizada en el siglo XVIII). Bueno, realmente esta torre es del siglo XVI, cuando también se levantó la sacristía y el porche de entrada.
La torre que fue el alminar, desde el sahn
Una vez reconquistada la región, la mezquita quedó convertida en templo cristiano. Para darle carácter, le añadieron un ábside de estilo románico del que nos han llegado los arranques del arco triunfal. El que ahora vemos es posterior.
A lo largo del tiempo ha sufrido reformas y ligeras transformaciones que han reforzado su estructura y añadido nuevos espacios, como la reconstrucción de la puerta, la sacristía o el pórtico de la fachada oeste.

Por último llegaría el gusto por las corridas de toros, y qué mejor emplazamiento para una plaza que el castillo; y qué mejores materiales para edificarla que las piedras de las murallas. Bueno, ironías aparte, tampoco es éste un caso único en el que un coso taurino se ubica en el interior de un castillo; incluso podrías aceptarlo al comprobar su mimetismo con el edificio principal, tanto que has olvidado fotografiarla, como si ni siquiera te hubieras apercibido de su presencia.  Así y todo piensas que la construcción de esta Plaza de Toros, inaugurada en 1821 y reformada, y reinaugurada  a finales del siglo XIX por Fernando Gómez García “el Gallo”, fue perjudicial para el castillo, algo así como la puntilla, por lo de la relación con el mundo de los toros y el sentido negativo que pueda darse.

Y es que la plaza está apoyada en los lienzos de la fortificación y adosada a la mezquita. Del primero se reutilizaron sus sillares para construir un ruedo que mide 32 metros de diámetro interior; sus graderíos se levantaron aprovechando la topografía del terreno y, donde fue necesario, se excavó el terreno y se sirvieron de las rocas del terreno.
Carece de callejón y barrera, por lo que los burladeros se adosan a la pared; bajo las gradas se abre, en cada burladero, un hueco. La puerta principal se abre hacia el interior del castillo y sobre ella se sitúa el palco de la presidencia. Contrasta su interior, cal y albero en el mejor estilo taurino, con el exterior, lienzo de muralla de mampostería.
Fachada suroeste de la mezquita, a la izquierda lienzo del castillo donde se apoya la plaza de toros.


Ya ves, de cada época unos fragmentos, de cada cultura su impronta; sin duda uno de los monumentos más singulares de esta tierra, al que los tiempos no han sido capaces de restar ni un ápice de su intensa personalidad. Al contrario.
Almonaster la Real desde su castillo



Nombre: Castillo-mezquita de Almonaster
Localidad: Almonaster la Real
Municipio: Almonaster la Real
Provincia: Huelva

Época de construcción: siglos XI
Obras posteriores: siglos XIII y XIX.
Tipología: Castillo
Estado: El castillo está bastante deteriorado, debido sobre todo al expolio de sus materiales o su utilización para obras sucesivas. La mezquita y la plaza de toros gozan de mejor salud.
Protección: Castillo y mezquita están bajo la protección de la Declaración genérica del Decreto de 22 de abril de 1949, y la Ley 16/1985 sobre el Patrimonio Histórico Español.
La mezquita es Monumento Nacional desde junio de 1931.

Propiedad: Ayuntamiento de Almonaster la Real.
Uso: turístico y religioso.
Visitas: libre acceso. 
                 Mi última visita la hice en junio de 2017.
Mi clasificación: 3, o sea, que se incluirá obligatoriamente en ruta de viaje y se hará todo lo posible por visitarlo.

Otras cuestiones de interés: además del castillo, sin duda alguna, la Mezquita y la plaza de toros. Pero en definitiva todo es uno. Y menos mal que es así, porque seguramente los restos del castillo, por sí solos, casi carecerían de interés para la mayoría.
Cómo llegar: Desde Sevilla, y en dirección a Mérida, tomar la A-66 o E-803, y unos 30 kilómetros después saldremos hacia la N-630 e inmediatamente la N-433 en dirección a Portugal. Pasado El Repilado y poco antes de llegar a Cortegana, tomar la HU-8105; a apenas seis kilómetros aparecerá la inconfundible silueta de la mezquita-castillo.
 














sábado, 8 de julio de 2017

El Real de la Jara, Sevilla

Municipio: EL REAL DE LA JARA
Provincia:  SEVILLA
Escudo:


Descripción:
Escudo español, cuadrilongo de base circular.
Escudo medio partido y cortado.
Primero de plata con una cruz de Santiago de gules.
Segundo de azur con una (sic) castillo de oro mazonado de sable y aclarado de gules.
Tercero de sinople y terrazado de tierra con un lienzo de muralla de plata y ciervo acostado de dos arbustos de sinople.
Bordura de oro con la siguiente divisa en sable: REAL ES POR SU LEALTAD.
Al timbre, corona real antigua o medieval.
Aprobado por Resolución de la D.G. de Administración Local de la J.A. de 03-06-2005.

Recurrencia:
Se trata del castillo próximo al pueblo.

Localización:
Sobre un cerro al norte del núcleo urbano.

Historia: 
Fue construido tiempo después de reconquistada la comarca, hacia el siglo XIV, y su misión fue reforzar el control de la zona y la seguridad de los viajeros de la Vía de la Plata. También fue uno más en la línea de defensa conocida como la Banda Gallega.
Terminado los conflictos con Portugal, a mediados del siglo XVIII, el Cabildo de Sevilla, su propietario, se desentiende de él y lo abandona.
A finales del siglo pasado fue restaurado.

Descripción: 
tiene una curiosa planta en forma de cuadrante circular. En el lado curvo, al sur, se levanta la torre del homenaje, bajo la que está el principal acceso (en el muro opuesto, al norte, existe otra puerta).
En total tiene ocho torres, cinco cuadradas y dos semicirculares, todas macizas hasta el adarve.
En su reconstrucción no se ha tenido en cuenta el almenado, por lo que en su totalidad, carece de él.
El ciervo y el castillo, los dos símbolos del pueblo
Para más información : 

martes, 4 de julio de 2017

Sevilla, Castillo de San Jorge

Nombre: castillo de San Jorge, de la Inquisición o de Triana.
Municipio: Sevilla
Provincia: Sevilla
Tipología: Castillo.
Época de construcción: siglo XII

Hay que ver, lo que son las cosas, lo tengo casi al lado de casa y nunca he encontrado el momento para visitarlo. Hasta que llegó una mañana de domingo en la que cierta circunstancia me lo permitió y, previo desayuno en el entorno, crucé plácidamente el puente de Triana y me dispuse a pasear los restos del castillo de San Jorge que se encuentran en la otra orilla.
Estoy, claro está, en Sevilla, en la orilla derecha del río Guadalquivir, lo que hoy es la dársena, que no el río, porque el río va por otro lado. Así que rectifico y digo que estoy en Triana, porque tal vez no sea Sevilla.
Pero antes, mientras desayunaba, saqué unos telegráficos apuntes que llevaba anotados sobre el castillo, y leí que:

Su origen se remonta a los visigodos, que lo construyeron como complemento defensivo de la ciudad, a la que por entonces la llamaban Spalis. Con los árabes se llamó Isbilia y al castillo Gabir.
En 1171, Jucef Abu Jacub, rey de la taifa sevillana, manda construir un puente flotante para unir las dos orillas del río; este puente quedaría fijado con cadenas a los muros del castillo. Durante casi setecientos años, este puente estuvo funcionando como medio de unión entre Sevilla y Triana; hasta que en 1852 se inauguró el actual puente de Isabel II, que es el que hoy he cruzado.
En 1178 el infante don Sancho intenta conquista del castillo pero sin final feliz para él.
En 1248 los cristianos reconquistan, ahora ya sí, la ciudad y con ello también el castillo.  El rey Fernando III concede su tenencia y custodia a la Orden militar de San Jorge, situación que dura hasta 1280.
El castillo y el puente de barcas (algo así debió de ser)
Poco a poco va disminuyendo la utilidad militar del castillo, viviendo un periodo de decadencia y abandono que duró doscientos años, hasta que la Inquisición, o Tribunal del Santo Oficio, haría de él su sede hacia 1481. Allí estaría la sede de esa institución hasta que en 1626 abandonaron el edificio debido a su mal estado, pues las constantes crecidas e inundaciones del río habían deteriorado gravemente sus muros.
En 1627 le fue cedido al Conde Duque de Olivares, que lo reparó y mantuvo, utilizándolo hasta 1639 en que el edificio retornó a la Inquisición.
La Inquisición lo abandona, ya definitivamente, en 1785, y por los mismos motivos que lo hiciera en 1626.
Pero el crecimiento y las necesidades urbanísticas de la ciudad obligan a las autoridades del momento a demolerlo para así ensanchar las vías públicas del entorno, creándose la plaza del Altozano. Y de paso edifican en el lugar un mercado de abastos, sobre los restos del castillo y sus escombros. Corría el año del Señor de 1823.
A principios del siglo XXI se realizaron obras en el mercado y varias excavaciones arqueológicas, que terminaron con un mercado remodelado y el uso, como centro de interpretación de la Inquisición, de los restos del castillo que se encontraban bajo tierra.
Decía que crucé el puente de Triana e inmediatamente, sin siquiera pisar el barrio, encuentro el mercado y debajo de él, la entrada al castillo, al actual museo; entrada que es gratuita, buen detalle. Sin folleto explicativo ni audioguia me dirijo  al interior.
Cruzando el puente de Isabel II hacia Triana.


Planta del castillo (recortada, en la parte inferior, la zona excavada y visitable)





Desde el primer momento intuyo el objeto principal al que se dedica el edificio, aunque eso es algo con lo que se llega sabido; la iluminación y los primeros audiovisuales tratan de sumergir al visitante en el contenido que luego vendrá mediante reflexiones que, antes de llegar a su final, me aburren y empujan hacia adelante.
Inmediatamente, pocos pasos más allá, todo cambia: he entrado en el castillo, a la derecha la muralla que da al río, los primeros paneles informativos y la maqueta del castillo que está multiplicada por mil en la red. 
Maqueta del castillo, en primer plano la fachada al río

Tuvo el castillo planta rectangular, altas murallas y diez torres cuadradas flanqueándolo: una en cada esquina; en medio de su fachada este, la que da al río, estuvo la más fuerte, la del homenaje, con la puerta de entrada protegida por un parapeto que corría paralelo al río y a la muralla (la maqueta que observo muestra también otra puerta que se abre directamente al río y sobre ella un enorme balcón amacatanado); en el centro de los otros tres lados también sendas torres que fortalecían la muralla; otra torre más junto a la suroeste, y una última en la fachada norte junto a la torre del centro. Todas eran aparentemente de la misma altura, almenadas y visiblemente fuertes.
En el interior hay numerosas edificaciones que denotan la abundante actividad que debió tener el edificio.
Sala expositiva en la barbacana del castillo


La puerta de Barcas

Dejo atrás lo que fue la Puerta de Barcas, que directamente mira al río, y a partir de aquí una pasarela bien visible y perimetrada; un camino sin pérdidas, ni desvíos ni opciones, me lleva a lo largo y ancho de la historia de la Inquisición, particularmente en Sevilla, en la que los restos arqueológicos expuestos atraen y envuelven, y los paneles son precisos, documentados y, sobre todo, amenos. Ante todo ello comprendo por qué no hay guías que te dirijan ni informen una vez dentro. Y es que todo es evidente y sencillo de caminar e interpretar, como si quienes  rigen el museo confiaran ciegamente en ellos mismos y te  abandonaran con la seguridad de que no te vas a perder por el camino ni nada va a quedar sin que comprendas.
La primera sala es la cuadra, con acceso directo a la calle, se guardaban las caballerías utilizadas por el personal del castillo, generalmente mulas. Distingo el lugar que ocupaban las bestias, hasta cinco; y se ve el pozo y el pilón donde abrevaban.
A continuación la casa del portero, una especie de vigilante que era oficial menor de la Inquisición, de dos plantas, con patio, cocina, despensa y leñera en planta baja; en la planta superior debieron estar los dormitorios. 
A continuación dos casas adosadas, la del Nuncio y la del Notario que era quien redactaba los documentos de los procesos. Fueron casas de estilo andaluz, dos plantas, patio y ventanas al interior del castillo y al río.
Las cuadras.

La casa del portero

Zona de servicio del Inquisidor

Los cuartos de los familiares

 En la zona de servicio del Inquisidor se encuentran la cocina y el pozo; justo al lado, un gran salón que servía de comedor.
Llego a los cuartos de los Familiares, destinados al personal del Santo Oficio que hacía las funciones de policía. Los familiares eran personal laico y su trabajo consistía en denunciar y detener a los herejes. Al igual que los oficiales, sus delitos sólo podían ser juzgados por la Inquisición, y también podían llevar armas.
Casa del Inquisidor; detrás del panel del fondo estuvieron las cárceles bajas

Adosadas a la muralla suroeste, hacia donde hoy está la calle San Jorge, se encontraban las cárceles bajas, que fueron destruidas durante la construcción del mercado en el siglo XIX. Hubo unas 28 o 30 celdas y también se las llamó secretas.
En algunas torres también hubo celdas, las llamadas cárceles altas, hasta unas doce, como la del tormento situada en la torre de San Jerónimo, en la fachada noroeste. 
Después la capilla, bajo la advocación de San Jorge, un santo imaginario y guerrero que destruye al diablo encarnado en un dragón. Se conservan algunos restos del pórtico y parte de la nave, altar y sacristía.
La capilla era utilizada por los inquisidores para los oficios religiosos con acceso también para el público en general.
Patio de la casa del Inquisidor

 Continuo y enseguida la casa de inquisidor, la del primero, que era la mayor de toda la ciudadela, con dos plantas y un patio con galería; espaciosas estancias para él y su personal de servicio. En su panel informativo, unas imágenes animadas la recrean.
Ahora una escalera desciende a la bodega. Algunas casas, las de los mejor colocados en el escalafón, poseían una bodega en su sótano en las que conservar bebidas y alimentos en unas inmejorables condiciones de humedad y temperatura. Incluso serviría como dormitorio en las cálidas y amables noches sevillanas. Sin embargo el descenso a la bodega está vedado a los visitantes; me asomo, como puedo, pero no aprecio nada.
Además muestran información sobre personajes relacionados con el Santo Oficio, víctimas, verdugos y demás. Cada espacio queda identificado con una recreación animada de cómo fué, o cómo imagina el arqueólogo que debió ser. 
Y para terminar el Muro de la Reflexión, un análisis a modo de enfrentamiento entre los males de la Inquisición y la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
Vista general, casi desde la salida


A la izquierda la muralla noroeste, desde el interior del castillo. A la derecha, el mercado.

El paseo me ha sido grato a la vez que corto. Llego al final, cartel de salida, siento que acabo de entrar. No me conformo y recorro en sentido contrario el camino para hacer, o repetir, nuevas fotos.
La salida da, aún, al interior del castillo. Un espacio a gran altura que lo delimita por la derecha el interior de la muralla noroeste vista; también una exposición de objetos que apenas si miro. Una rampa que conduce al visitante a la planta superior, y en ella el mercado que, de por sí, merece una detenida visita, aunque no se adquiera nada.

Los puestos del mercado están cerrados; es domingo.

Estado: los restos existentes, en buen estado, consolidados principios del siglo XX.
Propiedad: pública.
Uso: museo-centro de interpretación sobre la Inquisición española.
Protección: Bajo la protección de la Declaración genérica del Decreto de 22 de abril de 1949, y la Ley 16/1985 sobre el Patrimonio Histórico Español.

Visitas: Libre acceso, pero con orden y sentido común .
Cómo llegar: Una vez en Sevilla, es fácil, basta llegar al puente de Triana; está allí mismo.
  

Otras cuestiones de interés:
En la planta superior, el mercado de Triana. La visión de algunos puestos ya justifica la visita.
Y como no, el entorno, el río, el puente, algunas calles del barrio. En fin, Triana.
Por último una curiosidad: probablemente sea este castillo la cárcel que Beethoven menciona en su ópera Fidelio (1805). Y si no lo es tampoco pasa nada, pero estaría bonito que así fuera.




sábado, 1 de julio de 2017

Castillo de Manza, D.O. La Mancha

 Nombre:      CASTILLO DE MANZAD.O: LA MANCHA

D.O.:               LA MANCHA
Bodega:        VINÍCOLA DE CASTILLA S.A.
Dirección:   c/ I s/n
MANZANARES (Ciudad Real)
Email:      nacional@vinicoladecastilla.com
Web:        vinicoladecastilla.com
Tipo:                  TINTO
Variedad:         TEMPRANILLO
Año:                    2008
Tratamiento: CRIANZA
Graduación:    13’5% Vol.

Descripción de la etiqueta:
Sobre un llamativo color anaranjado, y escuetamente, se rotulan el nombre del vino, su tipo y tratamiento, y la denominación de origen. Nada más, no hay dibujitos.
Es necesario fijarse en la contraetiqueta, donde además de su graduación y datos de la bodega, se detalla en dos idiomas esas notas que todos los vinos suelen relatar —que si lo tomes con carne, que sin con pescado, que es amplio o reducido en boca, que si la temperatura de servicio, que la barrica es de roble americano; y yo qué sé cuántas cosas más.
Pero en la parte superior, sobre el nombre del vino, aparece un esquemático dibujillo que se adivina es un castillo. Examen más detenido y ¡albricias!, es la fachada principal del castillo de los Mendoza de Manzanares el Real. ¡Toma ya!

Etiqueta y contraetiqueta

Sobre la recurrencia:
En el más puro estilo de recurrencia inventada, llegó a mis manos este CASTILLO DE MANZA, donde en ocurrente sintonía se mezcla el topónimo manchego —Manzanares— con el castillo Nuevo de Manzanares el Real.
Y es que el vino, ya he dicho, se produce y envasa en la localidad de Manzanares, provincia de Ciudad Real, pero la parte superior de la contraetiqueta, también lo he dicho ya, se ilustra con un dibujo de la fachada más conocida del castillo madrileño, produciendo una relativa confusión, cuando no indiferencia a cualquier comprador. Por mi parte, algo de pena
Ante tamaña afrenta a la castellología, que me sonroja, me niego a comentar aquí nada sobre el castillo, que el pobre no merece este trato.
Seguiré buscando a ver si encuentro otro vino con este castillo como recurso recurrente, al que merezca la pena un comentario adecuado.

Otras cuestiones a considerar:
Ninguna, no tengo nada más que decir.
Ah sí, una más:
Esta bodega no ha tenido suficiente con la ejecución de esta ofensa, sino que se ha recreado en la herida y envasa otros vinos con el mismo nombre pero distintos diseños en sus etiquetas. En una de ellas degüella sin pudor las hermosas torres, y en otra la ilustra con un dibujito en el más perfecto estilo Exin.

Torres desmochadas

Dibujito de castillo.