Así que el día que la casualidad me llevó hasta
allí, descubrí las ruinas del que
seguramente sea el asentamiento más antiguo del sur de la península Ibérica. Y
mi sorpresa fue grata pues a pesar de no estar en unas óptimas condiciones para
la visita y su interpretación, sí es suficiente para poder apreciar su
trascendencia y significado —al fin y al cabo se trata del primer enclave
habitado que fundaron los fenicios en la península
Ibérica; anterior incluso a la propia Gadir—.
Me sitúo: estoy al sur de la Sierra de San
Cristóbal, en el término municipal de El Puerto de Santa María. Desde aquí, mirando
hacia el mediodía, se admira una inmensa llanura de salinas y marismas que el
río Guadalete ha ido conformando a lo largo de siglos. Esa llanura fue parte de
la bahía de Cádiz, o sea, que el mar llegaba hasta los pies del cerro en donde
me encuentro —hoy, aquel se encuentra a varios kilómetros de aquí—. Sobre este
cerro, una meseta a algo más de treinta metros sobre el nivel del mar y de seis
hectáreas y media de superficie; y sobre la meseta, el yacimiento de Doña
Blanca —la cual nada tuvo que ver con él, pero parece ser que no se ha
encontrado otro nombre más apropiado—. A los pies de esa meseta estuvo el que
también sería el primer puerto, de origen púnico, que tuvo la costa gaditana.
Decía que es ésta la primera
ciudad que los fenicios fundaron en la península, aunque seguramente no fuera
exclusivamente fenicia, sino que estuviera compartida con pobladores indígenas.
Los restos más antiguos
encontrados pertenecen a los finales de la Edad del Cobre. Desde entonces y
hasta la primera mitad del siglo VIII a.C., el lugar estuvo abandonado
Fue hacia el siglo VIII a.C.
cuando, nuevamente ocupado, se levantaron en este lugar las primeras
edificaciones. De esta época data la primera muralla.
Permaneció habitado de
manera continuada hasta finales del siglo III a.C., período durante el cual se acometieron
diversas remodelaciones, además de la construcción de dos nuevas murallas.
La excavaciones junto a la torre están cubiertas, perjudicando la visión de la torre. |
Excavaciones junto a la torre. |
Con la llegada de los romanos, quedó definitivamente abandonado.
Durante tan largo espacio de
tiempo de tiempo se sucedieron numerosas y continuas construcciones cuya
superposición ha elevado el nivel del suelo unos nueve metros sobre el primer
asentamiento, conformando una topografía totalmente artificial. A este tipo de colinas artificiales se les denomina tell.
En época islámica se levantó
en este sitio una alquería almohade; estamos ya en el siglo XII.
Tras la Reconquista, se
construyó una ermita de planta de cruz griega, de la que sólo se conserva la
torre —la actual torre de Dª Blanca—.
Entre 1979 y 1995 la colina,
el tell, fue excavado, hallándose las
viviendas prefenicias extramuros, la necrópolis fenicia algo más alejada de la
ciudad, los restos de las tres murallas y el puerto fluvial.
Vistas del yacimiento. |
Pero voy a lo que realmente motiva la existencia de mi blog que, en este caso, son las murallas.
Ya dije antes que fueron tres, y se comenzaron a construir muy pronto.
En el siglo VIII a.C. se construyó la
primera, y de ella se conoce una pequeña parte, aunque suficiente para
afirmar que ya era potente pero rudimentaria. Carece de cimentación y sus
piedras —mampuestos— son irregulares, rellenándose los huecos con piedras más
pequeñas y tomadas con arcilla.
Los tramos conocidos presentan una
altura de hasta tres metros
Tuvo foso, en forma de V, muy
desmesurado, de casi veinte metros de ancho y una profundidad de cuatro metros.
La muralla se reforzó con pilastras de
piedra más labrada y cimentación.
En el siglo V a.C. se levantó la segunda
muralla sobre un trazado totalmente nuevo: un doble muro unido de manera
regular por muretes trasversales a modo de casamatas.
Al igual que la primera, tampoco disponía de cimentación.
De esta muralla hay certeza de que
dispuso de tres torres, dos de ellas en la puerta, ejecutadas con piedras
grandes y bien aparejadas.
La tercera
muralla data de entre los siglos IV y III a.C., y a diferencia de la
segunda, se levantó sobre trazados anteriores.
La ejecución fue igual a la segunda: Dos
muros paralelos, de 1’10 metros de espesor el exterior y de 0’90 metros el
interior trabados mediante otros trasversales; su fábrica es de sillares mejor
labrados que en las dos anteriores y también tomados con arcilla. Pero a
diferencia de las anteriores, ésta fue cimentada y reforzada con varias torres.
Nombre: Enclave arqueológico de doña
Blanca.
Municipio: El Puerto de Santa María
Provincia: Cádiz.
Tipología: Recinto amurallado.
Época de construcción: entre los siglos VIII y III a.C.
Estado: Se encuentra en un excepcional
estado de conservación —a tenor de la edad que tiene—, por lo que es un
magnífico centro de investigación presente y futuro sobre los asentamientos
fenicios en el sur de España.
Propiedad:
Uso:
Como
yacimiento arqueológico, su uso principal es la investigación, sin desechar las visitas de carácter cultural y turístico.
Visitas: está abierto al público según
leo en multitud de páginas de internet y en un cartel informativo en una caseta
a la entrada del lugar. Pero un servidor paseó por el recinto sin que nada ni
nadie me lo impidieran. Igualmente, no
encontré a persona alguna que me pudiera informar sobre el lugar.
Protección:
Clasificación
subjetiva: 3,
es decir, se incluirá obligatoriamente en ruta de viaje, o lo que es lo mismo,
se hará todo lo posible por visitarlo.
Otras cuestiones de interés:

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