martes, 1 de noviembre de 2022

Castillo de La Duquesa o de Sabinillas

El castillo de La Duquesa, o fuerte, o fortín, pero siempre de La Duquesa, está en la costa del término municipal de Manilva, entre la torre de la Chullera y la de la Sal, esta última ya en Casares. Buen, también leo por ahí que se lo llama fuerte de Sabinillas, por el lugar donde se encuentra: San Luis de Sabinillas, pedanía de Manilva a orillas del Mediterráneo y al suroeste de la provincia de Málaga, colindante con la de Cádiz.

Como no podía ser de otra manera, por aquí también estuvieron los romanos y antes otros que, como todos los que han pasado por aquí a lo largo de la historia, han visto gran atractivo en el lugar. Y lo siguen viendo, sólo basta darse una vuelta por su puerto o subir hasta Manilva, muy cerca, a apenas 10 minutos, para comprobarlo.
Decía que por aquí anduvieron los romanos, a los que antecedieron fenicios que ya comerciaron con los lugareños, de los que nos quedan restos arqueológicos en el asentamiento de Castillejos de Alcorrín. Con la llegada de los de Roma, y sobre todo a lo largo del siglo II, se abandonarían las tierras más altas para asentarse la población en la costa, motivados por el auge de la pesca y las industrias de salazón, a las que tan aficionados fueron los romanos. De aquella época nos queda el yacimiento del Entorno del castillo de la Duquesa, y otros.
Ya en el siglo V, y tras las invasiones bárbaras, principalmente vándalos, aquellos asentamientos junto a la costa se abandonan dada su inseguridad.
De época musulmana apenas si se conservan vestigios ya que la población estuvo muy dispersa, sin concentrarse en ningún núcleo urbano, pero dependientes con toda probabilidad del hisn ubicado en la actual Casares, que era la fortaleza con medina más grande de la comarca. Durante más de doscientos años, el actual límite de Manilva sería la frontera del Reino Nazarí de Granada.
Hacia 1485 se conquista Casares pasando esta villa al Duque de Cádiz, Rodrigo Ponce de León, integrándose en lo que será, primero el Señorío de Casares y después Condado, todos los poblamientos del entorno, entre los que se incluiría la actual Manilva.
Los primeros datos de ese poblamiento son de 1530, y se refieren al llamado “Cortijo de Manilva”, que respondía a la necesidad de repoblar terrenos cercanos a la costa, muy despoblados por la presencia de piratas norteafricanos y la inseguridad de los caminos de la costa. Se instalaron en la llamada Loma de los Mártires unos 50 vecinos de Casares, que fueron quienes constituyeron el Cortijo, origen de la actual Manilva.
Poco antes, en 1528, el Emperador Carlos había ordenado se realizasen esos poblamientos y se construyera una torre —la del Salto de la Mora o de la Sal— como elemento defensivo de la nueva población.
En 1796, concretamente en Octubre, se concede a Manilva el Real Privilegio de Villazgo, segregándose definitivamente de la villa de Casares, y asignándosele término municipal propio.
El castillo de la Duquesa muy bien acompañado. Fachada principal.

Fachada de la batería. La Compañía paseando por ahí.

Fachada oeste del castillo; uno de los dos baluartes semicilíndricos.

EL CASTILLO:


El castillo de la Duquesa o fuerte de Sabinillas recibe su nombre por la proximidad a la playa llamada de esa manera, la Duquesa; y de Sabinillas por encontrarse dentro del poblado costero de San Luis de Sabinillas.
Fue mandado construir por Carlos III en 1767. Durante aquella época se fortificó toda la costa del Reino de Granada —en algunos casos se aprovecharon edificaciones ya existentes— construyéndose hasta 32 fortificaciones nuevas en base a cuatro modelos establecidos. El objetivo de todas estas construcciones fue la protección de las costas españolas y la mejora de sus defensas ante las incursiones de los corsarios y piratas del norte de África. Además, la cercanía a Gibraltar hacía necesaria que esas defensas se reforzaran en los fondeaderos próximos a la colonia inglesa. Se trataba, como ya sabemos, de un período de la historia en el que las relaciones con Gran Bretaña no eran muy cordiales.
Su construcción fue costeada por Francisco Paulino, vecino de Sevilla (¿?), siguiendo el proyecto del ingeniero Miguel del Castillo. El benefactor de la obra fue recompensado por el rey con la merced de una compañía de caballería y su correspondiente retribución. En un principio recibió el nombre de Batería para cuatro cañones de Manilva.
El castillo fue dotado con dotaciones de todas las armas, al mando de un oficial: un sargento, dos cabos y 25 infantes; un sargento y ocho o diez caballos; un sargento y diez artilleros; un guarda de almacén y un sacerdote.
Con la invasión francesa, a principios del siglo XIX, el castillo fue ocupado por un destacamento de unos 50 soldados. Dada su estratégica situación fue atacado en varias ocasiones, tanto desde tierra como desde el mar por la marina inglesa.
Hacia 1826 consta que aún permanecía en él un destacamento militar, pero diez años después, en 1846 ya estaba desocupado. Y es que la invasión de Argelia por parte de Francia en 1830, hizo que, prácticamente, la piratería en el Mediterráneo se extinguiera, por lo que el valor militar del fuerte fue decayendo.
En la segunda mitad del siglo XIX fue cuartel del Cuerpo de Carabineros —encargados de la vigilancia de costas y fronteras, y por extensión del contrabando—, hasta 1890 en que se construyó un cuartel para este servicio en las inmediaciones.
Durante el siglo XX, y hasta la década de los setenta, estuvo habitado por 16 familias —un total de 70 personas— que carecían de vivienda. El edificio se encontraba en buen estado, aunque necesitando reparaciones
Entrada al revellín de acceso al castillo.

 

LOS DETALLES:


Este castillo de la Duquesa es uno de los mejores ejemplos de fuertes construidos en España durante el siglo XVIII, y sin duda, el edificio militar no medieval más espectacular de la provincia de Málaga.
Es un edificio proyectado y levantado a caballo entre un castillo y una casa fuerte, siguiendo fielmente las reglas de la arquitectura militar de la época, en cuanto a su diseño y su construcción.
Básicamente, fue concebido como una batería circular para cuatro cañones de 24, orientada al mar, y cerrada por la gola con un muro aspillerado, todo ello a modo de revellín semicircular. A su espalda se levanta el edificio que contenía todas las dependencias y cuarteles, y donde está el acceso al edificio. Ambos elementos están, sorprendentemente, separados por un foso pero unidos en altura por un patín y una escalera.

—Sigo el plano-directorio que fotografié en mi visita para mejor entender la distribución del edifico. Veo en otras páginas web la misma distribución pero distinta denominación a las dependencias; prefiero quedarme con la oficial del propio castillo y dejarla aquí—.

El edificio principal presenta planta rectangular, orientándose hacia el noroeste su entrada. Ésta está precedida por un muro angular que la protege, un revellín (1) unido a la fortaleza, con fusileras, seis en uno de los lados y cuatro en el de la puerta; dispuso de adarve para acceder a esas fusileras. En un principio la puerta fue levadiza y estuvo protegida por un foso.

La fachada principal, o sea la meridional, tras el revellín, es un hornabeque —dos medios baluartes que flanquean un lienzo de muralla—; en el lado opuesto, el que mira a la batería semicircular, los baluartes son semicirculares y su muro central se abre para dar paso al patín que comunica ambos elementos.

Desde el pasillo de entrada, el acceso al patio, al fondo el patín a la batería. 

Desde el revellín hasta el patio central (3) se pasa por un pasillo (2) cubierto por una bóveda de cañón. A ambos lados de este pasillo se abren puertas que nos conducen, a la izquierda a la oficina del Comandante (11); y a la derecha al calabozo (13) y cocina (12).

Patio del castillo, a la izquierda el pasillo de la entrada (2).

Patio del castillo, al fondo izquierda, subida a la batería.




 







Del pasillo-vestíbulo se pasa al patio central (3), que mide 16’70 metros de largo por 10’80 metros de ancho, distribuye al resto de dependencias que, en sentido horario, y de derecha a izquierda son: lo que fueron almacenes (10, 16), polvorín (15), guarda de almacén (8), cuartel de artillería (7), capilla (5), cuartel de caballería (6), cuadra y pajar (9) y cuarteles de infantería (14). Tanto la cocina como la oficina del Comandante, también tienen acceso desde el patio. Los almacenes y los cuarteles, también la capilla, presenta fusileras hacia el exterior.

Desde el patio central se accede a la batería (4) mediante un patín construido en el centro. El pretil carece de almenaje —barbeta—, y dispone de fusileras entre el alfeizar y el bocel exterior. Tuvo cabida para seis cañones de 24, como más arriba dejé dicho, lo que le dio su primer nombre.

Garita en la terraza de la batería.



A la terraza del castillo se llega mediante una escalera situada a la izquierda del patín. En todo el perímetro del terrado se levanta un alto antepecho plagado de fusileras.
Toda la edificación está ejecutada con mampostería de piedra bermeja, alternándose puntualmente ladrillos. Sus esquinas están realizadas con sillares bien labrados, así como los huecos y los cercos de las troneras, alfeizares y boceles.
 



El patio desde la terraza del castillo.


RESUMIENDO:

Nombre: Castillo de la Duquesa, fuerte de la Duquesa, fortín de Sabinillas o castillo de San Luis de Sabinillas.
Localidad: San Luis de Sabinillas
Municipio: Manilva
Provincia: Málaga

Tipología: Fuerte abaluartado.
Época de construcción: siglo XVIII.
Estado: En muy buen estado de conservación, lo que no quita para entender que es mejorable en muchos puntos —la garita de la batería está de pena—, por lo que deberían gastarse algunos eurillos y tocar algo el edificio.
Propiedad: Pública, Ayuntamiento de Manilva.
Uso: En algunas de sus dependencias alberga el Museo Municipal de Arqueología, con piezas, principalmente, del yacimiento arqueológico próximo.
Visitas: Visitable, previo pago de módica cantidad.
Protección: Bajo la protección de la Declaración genérica del Decreto de 22 de abril de 1949, y la Ley 16/1985 de 25 de junio sobre el Patrimonio Histórico Español.
Está declarada Bien de Interés Cultural.
La Junta de Andalucía otorgó reconocimiento especial a los castillos de la comunidad andaluza en 1993.
Una de las salas del museo.

Clasificación subjetiva: 3, o sea, se incluirá obligatoriamente en ruta de viaje, o lo que es lo mismo, se hará todo lo posible en esta vida por visitarlo. Quizá me he pasado en la valoración, pero al tratarse de un fuerte, no debería utilizar el mismo baremo que para los castillos medievales. Es decir, dentro del mundo de los fuertes, no cabe duda que sí merece esta nota.
Otras cuestiones de interés: muy cerca del castillo se encuentra el yacimiento arqueológico del entorno del Castillo, formado por los restos de una villa, termas, necrópolis y una factoría de salazón de pescado. Y la playa, claro.
Cómo llegar: por la carretera N-340, Autovía del Mediterráneo A-7, salir en San Luis de Sabinillas. El castillo está junto a la carretera que cruza la población, muy cerca de la playa y muy bien señalizado. Se puede aparcar en la puerta.






martes, 18 de octubre de 2022

Defensas costeras del Reino de Granada (Reglamento de 1764)

Durante los siglos XVI y XVII, las torres almenaras demostraron ser útiles a la hora de dar la alerta ante las incursiones de piratas norteafricanos en toda la costa mediterránea. Pero cuando cambió el enemigo, o sea, que hablamos de los ingleses, fue necesario mantener a raya su artillería naval. Se decidió entonces la construcción de fuertes y baluartes adaptados a esos nuevos usos de la guerra.
Fue en la segunda mitad del siglo XVIII cuando el rey Carlos III, y sus ilustradas ideas, decide promover nuevas construcciones, a la vez que reorganizar las milicias, publicando para ello un Reglamento el 18/agosto/1764 —“Reglamento que Majestad manda observar a las diferentes clases destinadas al Real servicio de la costa del Reino de Granada en 1764”—, donde se recogen un plan de fortificación de la costa, el despliegue necesario de tropas y los recursos disponibles para llevar a cabo tal empresa. Todo fue como conclusión del informe que redactó el mariscal de campo Antonio María de Bucarelli y Ursúa, que trataba sobre la situación de las hasta entonces defensas en el litoral.
A lo que se añadirían las dotes diplomáticas del rey, que se tradujeron en la firma de distintos Tratados de Paz y Comercio, —en 1767 se firma un acuerdo de pasa y comercio con Marruecos, y otro con los turcos en 1782—, con lo que la tranquilidad en el Mediterráneo fue un hecho, consiguiéndose terminar con lo que parecía el eterno problema español en el Mediterráneo: la piratería; cosa que no ocurría desde la Edad Media.
Castillo del Marqués en Vélez-Málaga.

El Reglamento, que en su preámbulo decía que:
…y que tratando primero el reparo de las actuales fortificaciones, siga el de las torres que nuevamente se han de construir y, concluidas éstas, pase al de los fuertes y baterías… ”, 
dividió la costa del Reino de Granada en diez mandos, y determinaba que debía de haber un total de 113 edificaciones defensivas: 80 torres almenaras, 19 fuertes, 12 torres batería y 2 casas fuertes para caballería, que conformarían una barrera artillera y disuasoria ante navíos enemigos.
Antonio Gil Albarracín en su estudio La defensa de la costa del Reino de Granada durante la Edad Moderna y Contemporánea, nos enumera la necesidad de fortificaciones que establecía el Reglamento:


Para poder llegar a esa cifra, el rey dispuso construir 8 atalayas, 12 baterías para 2 cañones, 9 baterías para cuatro cañones y 2 casas fuertes para caballería, más la reparación, ampliación y refuerzo de las existentes.


Este ambicioso plan fue encargado a José Crame —Cramer, Crane, Cranne o Kramer (¿?)—, brigadier del ejército e ingeniero, que diseñó cuatro proyectos genéricos para construir las fortificaciones que requería el Reglamento: atalayas, torres para dos cañones, baterías para cuatro cañones y cuarteles de caballería. También proyectó las reformas a llevar a cabo en las edificaciones existentes, para poder incorporarse al nuevo dispositivo defensivo. Este ingeniero y militar es una de las seis personas con ese mismo apellido y profesión del siglo XVIII español, y sin que haya aparecido documnentación que lo relaciones con los demás. 
Muchas de las de nueva planta serían financiadas por particulares, a cambio de recompensas en grados militares, y que en algunos casos serían el inicio de sus carreras.
Torre del Cristal, Villaricos, Cuevas de Almanzora.

Siguiendo con el estudio de Antonio Gil Albarracín, vemos el listado de edificaciones: atalayas, torres, baterías y casas fuertes, con los nombres de sus adjudicatarios y la recompensa ofrecida por el Rey.




De poniente a levante, las torres de dos cañones fueron:

Málaga, Marbella, Torre del Lance las Cañas.

Málaga, Mijas, torre de la Cala del Moral.

Málaga, Fuengirola, Torre Blanca (desaparecida).

Málaga, Vélez Málaga, Benajarafe, Torre Moya.

Málaga, Nerja, La Torrecilla.

Granada, Almuñécar, Torre de Punta Galera, de Taramay o fortín de Velilla.

Granada, Polopos, Castillo de Baños de Arriba, Fortín de Baños.

Almería, Roquetas de Mar, Torre de los Bajos (desaparecida).

Almería, Carboneras, Torre de Mesa Roldán.

Almería, Mojácar, Torre de Macenas (sustituyó a la prevista en la Rambla de los Moros).

Almería, Cuevas de Almanzora, Villaricos, Torre del Cristal.


Esta lista no es del todo coincidente con la del estudio de Antonio Gil Albarracín, pues en ella no figura la torre Blanca que se construyó en el término de Mijas, en terrenos de la actual Fuengirola, y que fue demolida en 1960 para ensanchar la carretera N-340.

Igualmente, no encuentro datos que sitúen en Adra una torre para dos cañones. En esta población sólo me constan el castillo de Adra, muy anterior a los finales del siglo XVIII, y las torres almenaras de Guainos y Alhamilla.





De poniente a levante, los fuertes son:

Málaga, Manilva, Sabinillas, Castillo-fuerte de La Duquesa.
Málaga, Vélez-Málaga, Valleniza, Fuerte del Marqués.
Granada, Almuñécar, La Herradura, Fuerte de La Herradura.
Granada, Motril, Carchuna, Fuerte de Carchuna.
Almería, El Ejido, Fuerte de Guardias Viejas.
Almería, Níjar, Los Escullos, Fuerte de San Felipe.
Almería, Níjar, El Playazo de Rodalquilar, Fuerte de San Román.
Almería, Garrucha, Fuerte de Las Escobetas o de Jesús Nazareno.

Y las Casas fuertes para caballería fueron dos:
Málaga, El Rincón de la Victoria, Casa fuerte de Bizmiliana.
Almería, Casa fuerte de La Cruceta o de Casas Fuertes.
Casa fuerte de caballería de La Cruceta, Almería.

Estas torres, fuertes y casas para caballería estuvieron en activo durante la Guerra de la Independencia, sufriendo grandes perjuicios a causa de la propia ocupación francesa en algunos casos —a fin de que el enemigo no pudiera disponer de la artillería en ellos instalada—, también por los ingleses, nuestros aliados en esa guerra, que así conseguían que las costas quedaran accesibles e indefensas para su armada y aumentar así su supremacía naval.
Desde entonces, y ante la imposibilidad de asumir económicamente su mantenimiento —la economía española no estaba para ello, con la independencia de países americanos de por medio y una guerra civil—, a lo que se añadieron los cambios introducidos por los nuevos sistemas de armas, se hizo imposible su reconstrucción. Se transformaron en cuarteles del Cuerpo de Carabineros, incluso pasaron a particulares.
Pero a pesar de ello fueron capaces de demostrar su eficacia en la Guerra Civil, aun cuando se creía que ya la habían perdido; a partir de 1940 pasaron a la Guardia Civil, como cuarteles o como puntos de vigilancia, lo que obligó a realizar en ellos modificaciones encaminadas a su adaptación al nuevo uso.

Nota curiosa: los presupuestos que se manejaron fueron:
Atalayas, 13.000 reales cada una.
Torres para dos cañones, 85.000 reales por unidad.
Baterías para cuatro cañones, 200.000 reales cada una.
Casas fuertes para caballería, 72.000 reales.

martes, 4 de octubre de 2022

Torres, fuertes y castillos de la costa de Almería

Llego a la costa almeriense, siguiendo este camino que me lleva por las torres y fortificaciones del litoral andaluz, y me da el pálpito que, a excepción de los edificios a enumerar, el resto será de igual factura que anteriores entradas. Pues aquí, en Almería, los motivos para la construcción de estas edificaciones, fueron los mismos que para el resto de provincias: la seguridad y vigilancia de la costa ante posibles ataques externos. Aunque no estará de más introducir un poco de historia.
Fenicios y cartagineses dispusieron de algunos puestos de vigilancia, sobre los que levantaron otros los romanos; y los musulmanes, durante el reinado nazarí, entre 1232 y 1492, se encargarían de establecer un sistema de vigilancia, tanto en la costa como el interior, que comprendía torres que proporcionaban contacto visual entre ellas y las poblaciones más importantes del territorio —lo que hoy vienen a ser Jaén, Granada, Almería, Málaga y Cádiz—. Todas ellas situadas en lugares singulares, y a una distancia entre ellas de no más de siete kilómetros, desde los que otear el horizonte y avisar a la población con el tiempo suficiente para que ésta procurara su defensa. Estas atalayas recogerían información que trasladarían rápidamente a otras fortalezas intermedias, y estas a la Alhambra en la capital nazarí, Granada.
Conquistado el Reino de Granada por los cristianos en 1492, muchas de estas torres y fortificaciones dejaron de tener importancia al perder su utilidad defensiva. Otras en cambio, se remodelaron y adaptaron a los nuevos usos de la guerra, y siguieron empleándose para la observación del territorio, eso sí, acondicionadas para el empleo de la artillería.
En la costa, fueron las torres nazaríes la base del sistema que se diseñó para su defensa contra las incursiones, y los consecuentes pillajes, de los piratas procedentes del norte de África. Dicho sistema, iniciado con los Reyes Católicos, fue reforzándose con el paso del tiempo durante los reinados de Carlos I y Felipe II, aprovechándose las torres musulmanas y construyéndose otras nuevas, ya de planta circular y volumen troncocónico, con mayor espesor sus muros, todo ello en busca de mayor resistencia ante el impacto de proyectiles enemigos.
Mediante distintas Instrucciones y Ordenanzas se fue configurando un sistema de defensa que no sólo contemplaba lo concerniente a los edificios, sino también al personal que los ocuparía, creándose un cuerpo de guardacostas, con personal específico —torreros, guardas, etc.— que sería el encargado de la vigilancia de la costa y aviso en caso de peligro a las poblaciones más cercanas.
Las comunicaciones, entre torres próximas y entre estas las poblaciones más cercanas, se realizaba mediante señales luminosas: fuego con paja húmeda en la chimenea interior de la torre con salida del humo al exterior, durante el día; y una hoguera en el terrado durante la noche. En otras ocasiones era un guarda a caballo el que se trasladaba hasta la torre más próxima para dar los avisos pertinentes.
Debido a la escasez de recursos económicos, estas torres fueron deteriorándose a lo largo del siglo XVII, abandonándose en algunos casos, a pesar de que el peligro siempre persistió, e incluso se agravó con la expulsión de los moriscos y la aparición de otros piratas procedentes de naciones europeas. Sobre todo, a partir de 1704 con la ocupación inglesa de Gibraltar que pasó a ser una importante base naval enemiga.
Durante los reinados de Felipe V y Carlos III se realizaron proyectos —sobre todo con este último, con la publicación el 18/agosto/1764 del “Reglamento que Majestad manda observar a las diferentes clases destinadas al Real servicio de la costa del Reino de Granada en 1764”, que reforzaron antiguas torres y levantaron otras edificaciones nuevas que, en algunos casos, sustituían a otras muy deterioradas.
Relacionados ya, en entradas anteriores, los fuertes y torres, y también castillos, existentes en las costas más a poniente de la provincia almeriense, sólo me resta dejar aquí las de este litoral, sin importar incluir otros edificios del mismo carácter, es decir, la defensa de la costa y el territorio, que para eso fueron construidos.
Con casi 250 kilómetros, la costa de Almería —no es la de mayor longitud de Andalucía, la supera Cádiz con unos 285 kilómetros—, reúne un número considerable de edificios militares que desde el Medievo miran el mar y embellecen la silueta del litoral. Paso a enumerarlos, como en otras ocasiones, de poniente a levante:

Adra:

Torre de Guainos,

Castillo de Adra,

Torre de Alhamilla o Algemilla,

 

El Ejido:

Torre de Balerma (Balerma),

Castillo de Malerva (Balerma),

Castillo-fuerte de Guardias Viejas (Guardias Viejas),

 

Roquetas de Mar:

Torre de las Entinas (desaparecida),

Torre de Cerrillos,

Castillo de Santa Ana,

Torre de los Bajos (desaparecida),

 

Aguadulce:

Torre de Rambla Honda (desaparecida),

 

Almería:

Torre de La Garrofa o de la Mona (La Garrofa),

Castillo de San Telmo,

Alcazaba de Almería,

Castillo de San Cristóbal,

Torre de El Bobar (desaparecida),

Torre de El Perdigal,

Casa fuerte de Las Crucetas,

Torre García,

Torreón de San Miguel (Cabo de Gata),

Torre García, Almería.


Níjar:

Torre de la Testa,

Castillo de San francisco de Paula (faro),

Torre de la Vela Blanca,

Castillo de San José (San José),

Torre de Cala Higueras o de los Frailes,

Cuerpo de guardia de Loma Pelada,

Fuerte de San Felipe (Los Escullos),

Torre de los Lobos (Los Escullos),

Castillo de San Ramón o de Rodalquilar (Los Escullos),

Castillo de San Pedro (Los Escullos),

Castillo de San Felipe, Los Escullos, Níjar.
 

Carboneras:

Torre de Mesa Roldán,

Castillo de San Andrés,

Torre de los Diablos o del Rayo,

Castillo de San Andrés.

Mojácar:

Torre del Peñón o del Pirulico,

Torre de Macenas (El Agua del Medio),

 

Garrucha:

Castillo de las Escobetas o del Nazareno,

Torre de Cristal, Villaricos, Cuevas de Almanzora.

 

Cuevas de Almanzora:

Torre de Cristal o de Monroy (Villaricos),

Torre Amarguera (desaparecida),

 

San Juan de los Terreros:

Castillo de los Terreros.

 

 

 

 

 

 

martes, 20 de septiembre de 2022

Torres y defensas de la costa de Granada

Escribo hoy sobre las torres almenaras, y otras defensas costeras, de la actual provincia de Granada. Me circunscribo en mi escritura a la actual división política, como ya hice con Huelva y Málaga, porque pretenderlo con divisiones más antiguas —antiguo reino de Granada— me resultaría algo complicado dada mi ignorancia. Pero es algo que no descarto, un artículo sobre ello y la implicación de Carlos III no estaría de más.
Recorreré, de poniente a levante, las torres que aún jalonan la costa granadina partiendo de la última que tengo anotada en mi entrada:http://lacasadelatercia.blogspot.com/2022/02/torres-almenaras-de-la-costa-de-malaga.html, que es la llamada de La Caleta, en Nerja.

Pero me doy cuenta que, básicamente, lo único que voy a hacer es enumerar esas edificaciones, pues introducir el tema sería repetir lo ya dicho en esa entrada o en la que escribí sobre las almenaras de la costa de Huelva: que su construcción vino justificada, a la caída del reino nazarí de Granada, por la necesidad de defender una frontera que había dejado de ser terrestre para ser marítima, o sea, que los enemigos no estaban en la Península, sino que vendrían de más allá del mar. La frontera ya era la costa, y esa línea entre la tierra y el mar era lo que había que proteger; la defensa y su estrategia habían cambiado.

Del norte de África —ya conocida como Berbería— llegarían los nuevos enemigos, o serían los mismos de antes que en su huida habían buscado refugio en las costas africanas y veían en las españolas un buen lugar para encontrar su subsistencia mediante la piratería y el saqueo. Sin olvidar que el Mediterráneo era un mar en el que se entrecruzaban multitud de rutas comerciales que hacían más apetecible aún las actividades laborales de los berberiscos.
Torre de la Velilla, Almuñécar.

Otra buena razón para proteger nuestras costas fue la posibilidad, durante largo tiempo latente, de una reconquista de la Península Ibérica por los sucesores de sus antiguos pobladores. Cosa que afortunadamente no sucedió, pero si hubo grandes estragos en los cultivos de las tierras próximas a las costas, y captura de prisioneros que serían tratados como esclavos en África y, en el mejor de los casos, canjeados por su correspondiente rescate en términos monetarios.
Superadas esas situaciones, los piratas del sur serían relevados por los del norte, y Francia e Inglaterra, y algún otro país, serían los encargados de amenazar constantemente nuestro territorio.

Es por todo ello que se ideó un sistema de torres almenaras, fuertes y demás, que, junto a los ya existentes, se encargarían de evitar cualquier intento de desembarco. Además, se ocuparon algunos lugares en la costa africana que sirvieron de puntos logísticos y control de los cercanos puertos berberiscos. Pero aquí limitémonos a lo existente en la costa peninsular y no entremos en sitios que se quedan fuera de mi blog.

Antes de enumerar las torres granadinas —y como ya he dicho, otras defensas costeras—, unos breves apuntes que ayuden a entenderlas. En primer lugar que no todas las torres tienen su origen en las justificaciones antes expuestas, pues algunas ya estaban ahí cuando el reino de Granada es conquistado, que los moros también protegían sus costas de posibles enemigos. Esas torres, construcciones medievales de los siglos XIII y XIV, generalmente de planta cuadrada y volumen ligeramente tronco-piradimal, fueron aprovechadas por los cristianos (en Almuñécar hay dos, la del Tesorillo o del Granizo y la de Enmedio, ambas en estado ruinoso).
Sin embargo las que se construyeron con posterioridad son de base circular en un principio, y volumen cilíndrico o tronco-cónico posteriormente, que resultaban ser más sólidas y económicas.

Leo que Granada es la provincia española de la cuenca mediterránea que cuenta con la menor longitud de costa, setenta y nueve kilómetros. Y en ese corto espacio enumero 19 torres (dos de ellas torres batería), 2 fuertes y 5 castillos. Que no olvidemos que éstos también ayudaron a la pretendida defensa del territorio, pero que no cuentan en la categoría que esta entrada trata.

Algunas, muy pocas, de las torres de la siguiente lista ya han sido paseadas por un servidor. La intención, claro, es hacerlo con todas, y si no fuera posible, daremos un paseo fingido, que no es tan placentero como los reales, pero sí al menos más relajado, menos cansado.

La torre del Diablo, en Almuñécar.

De poniente a levante, resultan:

Almuñécar:

Torre de Cerro Gordo (La Herradura)

Fuerte de La Herradura (La Herradura),

Torre de la Punta de la Mona (La Herradura),

Castillo de San Miguel

Torre de Velilla, de Taramay o de la Punta de la Galera,

Torre del Granizo o del Tesorillo,

Torre batería de Taramay,

Torre del Diablo,

Torre de Enmedio,

 

Salobreña:

Torre del Cambrón,

Castillo de Salobreña

 

Motril:

Torre Nueva (Torrenueva)

Fuerte de Carchuna (Carchuna-Calahonda),

Torre del Llano (Carchuna-Calahonda),

 

Gualchos:

Torre de Zambullón,

Torre de Rijana (Castell de Ferro),

Torre de la Estancia (Castell de Ferro),

Castillo de Castell de Ferro (Castell de Ferro),

Torre de Cambriles (Castell de Ferro),

 

Polopos:

Torre de Baños (Castillo de Baños),

Torre del Cautor (La Mamola),

 

Sorvilán:

Torre de Melicena (Melicena),

 

Albuñol:

Torre de Punta Negra o del Puntalón,

Torre de la Rábita.

Castillo de la Rábita.

Castillo de Huaera.

 

Ea, pues vamos con ello.


Torre de Taramay, Almuñecar.