martes, 18 de octubre de 2022

Defensas costeras del Reino de Granada (Reglamento de 1764)

Durante los siglos XVI y XVII, las torres almenaras demostraron ser útiles a la hora de dar la alerta ante las incursiones de piratas norteafricanos en toda la costa mediterránea. Pero cuando cambió el enemigo, o sea, que hablamos de los ingleses, fue necesario mantener a raya su artillería naval. Se decidió entonces la construcción de fuertes y baluartes adaptados a esos nuevos usos de la guerra.
Fue en la segunda mitad del siglo XVIII cuando el rey Carlos III, y sus ilustradas ideas, decide promover nuevas construcciones, a la vez que reorganizar las milicias, publicando para ello un Reglamento el 18/agosto/1764 —“Reglamento que Majestad manda observar a las diferentes clases destinadas al Real servicio de la costa del Reino de Granada en 1764”—, donde se recogen un plan de fortificación de la costa, el despliegue necesario de tropas y los recursos disponibles para llevar a cabo tal empresa. Todo fue como conclusión del informe que redactó el mariscal de campo Antonio María de Bucarelli y Ursúa, que trataba sobre la situación de las hasta entonces defensas en el litoral.
A lo que se añadirían las dotes diplomáticas del rey, que se tradujeron en la firma de distintos Tratados de Paz y Comercio, —en 1767 se firma un acuerdo de pasa y comercio con Marruecos, y otro con los turcos en 1782—, con lo que la tranquilidad en el Mediterráneo fue un hecho, consiguiéndose terminar con lo que parecía el eterno problema español en el Mediterráneo: la piratería; cosa que no ocurría desde la Edad Media.
Castillo del Marqués en Vélez-Málaga.

El Reglamento, que en su preámbulo decía que:
…y que tratando primero el reparo de las actuales fortificaciones, siga el de las torres que nuevamente se han de construir y, concluidas éstas, pase al de los fuertes y baterías… ”, 
dividió la costa del Reino de Granada en diez mandos, y determinaba que debía de haber un total de 113 edificaciones defensivas: 80 torres almenaras, 19 fuertes, 12 torres batería y 2 casas fuertes para caballería, que conformarían una barrera artillera y disuasoria ante navíos enemigos.
Antonio Gil Albarracín en su estudio La defensa de la costa del Reino de Granada durante la Edad Moderna y Contemporánea, nos enumera la necesidad de fortificaciones que establecía el Reglamento:


Para poder llegar a esa cifra, el rey dispuso construir 8 atalayas, 12 baterías para 2 cañones, 9 baterías para cuatro cañones y 2 casas fuertes para caballería, más la reparación, ampliación y refuerzo de las existentes.


Este ambicioso plan fue encargado a José Crame —Cramer, Crane, Cranne o Kramer (¿?)—, brigadier del ejército e ingeniero, que diseñó cuatro proyectos genéricos para construir las fortificaciones que requería el Reglamento: atalayas, torres para dos cañones, baterías para cuatro cañones y cuarteles de caballería. También proyectó las reformas a llevar a cabo en las edificaciones existentes, para poder incorporarse al nuevo dispositivo defensivo. Este ingeniero y militar es una de las seis personas con ese mismo apellido y profesión del siglo XVIII español, y sin que haya aparecido documnentación que lo relaciones con los demás. 
Muchas de las de nueva planta serían financiadas por particulares, a cambio de recompensas en grados militares, y que en algunos casos serían el inicio de sus carreras.
Torre del Cristal, Villaricos, Cuevas de Almanzora.

Siguiendo con el estudio de Antonio Gil Albarracín, vemos el listado de edificaciones: atalayas, torres, baterías y casas fuertes, con los nombres de sus adjudicatarios y la recompensa ofrecida por el Rey.




De poniente a levante, las torres de dos cañones fueron:

Málaga, Marbella, Torre del Lance las Cañas.

Málaga, Mijas, torre de la Cala del Moral.

Málaga, Fuengirola, Torre Blanca (desaparecida).

Málaga, Vélez Málaga, Benajarafe, Torre Moya.

Málaga, Nerja, La Torrecilla.

Granada, Almuñécar, Torre de Punta Galera, de Taramay o fortín de Velilla.

Granada, Polopos, Castillo de Baños de Arriba, Fortín de Baños.

Almería, Roquetas de Mar, Torre de los Bajos (desaparecida).

Almería, Carboneras, Torre de Mesa Roldán.

Almería, Mojácar, Torre de Macenas (sustituyó a la prevista en la Rambla de los Moros).

Almería, Cuevas de Almanzora, Villaricos, Torre del Cristal.


Esta lista no es del todo coincidente con la del estudio de Antonio Gil Albarracín, pues en ella no figura la torre Blanca que se construyó en el término de Mijas, en terrenos de la actual Fuengirola, y que fue demolida en 1960 para ensanchar la carretera N-340.

Igualmente, no encuentro datos que sitúen en Adra una torre para dos cañones. En esta población sólo me constan el castillo de Adra, muy anterior a los finales del siglo XVIII, y las torres almenaras de Guainos y Alhamilla.





De poniente a levante, los fuertes son:

Málaga, Manilva, Sabinillas, Castillo-fuerte de La Duquesa.
Málaga, Vélez-Málaga, Valleniza, Fuerte del Marqués.
Granada, Almuñécar, La Herradura, Fuerte de La Herradura.
Granada, Motril, Carchuna, Fuerte de Carchuna.
Almería, El Ejido, Fuerte de Guardias Viejas.
Almería, Níjar, Los Escullos, Fuerte de San Felipe.
Almería, Níjar, El Playazo de Rodalquilar, Fuerte de San Román.
Almería, Garrucha, Fuerte de Las Escobetas o de Jesús Nazareno.

Y las Casas fuertes para caballería fueron dos:
Málaga, El Rincón de la Victoria, Casa fuerte de Bizmiliana.
Almería, Casa fuerte de La Cruceta o de Casas Fuertes.
Casa fuerte de caballería de La Cruceta, Almería.

Estas torres, fuertes y casas para caballería estuvieron en activo durante la Guerra de la Independencia, sufriendo grandes perjuicios a causa de la propia ocupación francesa en algunos casos —a fin de que el enemigo no pudiera disponer de la artillería en ellos instalada—, también por los ingleses, nuestros aliados en esa guerra, que así conseguían que las costas quedaran accesibles e indefensas para su armada y aumentar así su supremacía naval.
Desde entonces, y ante la imposibilidad de asumir económicamente su mantenimiento —la economía española no estaba para ello, con la independencia de países americanos de por medio y una guerra civil—, a lo que se añadieron los cambios introducidos por los nuevos sistemas de armas, se hizo imposible su reconstrucción. Se transformaron en cuarteles del Cuerpo de Carabineros, incluso pasaron a particulares.
Pero a pesar de ello fueron capaces de demostrar su eficacia en la Guerra Civil, aun cuando se creía que ya la habían perdido; a partir de 1940 pasaron a la Guardia Civil, como cuarteles o como puntos de vigilancia, lo que obligó a realizar en ellos modificaciones encaminadas a su adaptación al nuevo uso.

Nota curiosa: los presupuestos que se manejaron fueron:
Atalayas, 13.000 reales cada una.
Torres para dos cañones, 85.000 reales por unidad.
Baterías para cuatro cañones, 200.000 reales cada una.
Casas fuertes para caballería, 72.000 reales.

martes, 4 de octubre de 2022

Torres, fuertes y castillos de la costa de Almería

Llego a la costa almeriense, siguiendo este camino que me lleva por las torres y fortificaciones del litoral andaluz, y me da el pálpito que, a excepción de los edificios a enumerar, el resto será de igual factura que anteriores entradas. Pues aquí, en Almería, los motivos para la construcción de estas edificaciones, fueron los mismos que para el resto de provincias: la seguridad y vigilancia de la costa ante posibles ataques externos. Aunque no estará de más introducir un poco de historia.
Fenicios y cartagineses dispusieron de algunos puestos de vigilancia, sobre los que levantaron otros los romanos; y los musulmanes, durante el reinado nazarí, entre 1232 y 1492, se encargarían de establecer un sistema de vigilancia, tanto en la costa como el interior, que comprendía torres que proporcionaban contacto visual entre ellas y las poblaciones más importantes del territorio —lo que hoy vienen a ser Jaén, Granada, Almería, Málaga y Cádiz—. Todas ellas situadas en lugares singulares, y a una distancia entre ellas de no más de siete kilómetros, desde los que otear el horizonte y avisar a la población con el tiempo suficiente para que ésta procurara su defensa. Estas atalayas recogerían información que trasladarían rápidamente a otras fortalezas intermedias, y estas a la Alhambra en la capital nazarí, Granada.
Conquistado el Reino de Granada por los cristianos en 1492, muchas de estas torres y fortificaciones dejaron de tener importancia al perder su utilidad defensiva. Otras en cambio, se remodelaron y adaptaron a los nuevos usos de la guerra, y siguieron empleándose para la observación del territorio, eso sí, acondicionadas para el empleo de la artillería.
En la costa, fueron las torres nazaríes la base del sistema que se diseñó para su defensa contra las incursiones, y los consecuentes pillajes, de los piratas procedentes del norte de África. Dicho sistema, iniciado con los Reyes Católicos, fue reforzándose con el paso del tiempo durante los reinados de Carlos I y Felipe II, aprovechándose las torres musulmanas y construyéndose otras nuevas, ya de planta circular y volumen troncocónico, con mayor espesor sus muros, todo ello en busca de mayor resistencia ante el impacto de proyectiles enemigos.
Mediante distintas Instrucciones y Ordenanzas se fue configurando un sistema de defensa que no sólo contemplaba lo concerniente a los edificios, sino también al personal que los ocuparía, creándose un cuerpo de guardacostas, con personal específico —torreros, guardas, etc.— que sería el encargado de la vigilancia de la costa y aviso en caso de peligro a las poblaciones más cercanas.
Las comunicaciones, entre torres próximas y entre estas las poblaciones más cercanas, se realizaba mediante señales luminosas: fuego con paja húmeda en la chimenea interior de la torre con salida del humo al exterior, durante el día; y una hoguera en el terrado durante la noche. En otras ocasiones era un guarda a caballo el que se trasladaba hasta la torre más próxima para dar los avisos pertinentes.
Debido a la escasez de recursos económicos, estas torres fueron deteriorándose a lo largo del siglo XVII, abandonándose en algunos casos, a pesar de que el peligro siempre persistió, e incluso se agravó con la expulsión de los moriscos y la aparición de otros piratas procedentes de naciones europeas. Sobre todo, a partir de 1704 con la ocupación inglesa de Gibraltar que pasó a ser una importante base naval enemiga.
Durante los reinados de Felipe V y Carlos III se realizaron proyectos —sobre todo con este último, con la publicación el 18/agosto/1764 del “Reglamento que Majestad manda observar a las diferentes clases destinadas al Real servicio de la costa del Reino de Granada en 1764”, que reforzaron antiguas torres y levantaron otras edificaciones nuevas que, en algunos casos, sustituían a otras muy deterioradas.
Relacionados ya, en entradas anteriores, los fuertes y torres, y también castillos, existentes en las costas más a poniente de la provincia almeriense, sólo me resta dejar aquí las de este litoral, sin importar incluir otros edificios del mismo carácter, es decir, la defensa de la costa y el territorio, que para eso fueron construidos.
Con casi 250 kilómetros, la costa de Almería —no es la de mayor longitud de Andalucía, la supera Cádiz con unos 285 kilómetros—, reúne un número considerable de edificios militares que desde el Medievo miran el mar y embellecen la silueta del litoral. Paso a enumerarlos, como en otras ocasiones, de poniente a levante:

Adra:

Torre de Guainos,

Castillo de Adra,

Torre de Alhamilla o Algemilla,

 

El Ejido:

Torre de Balerma (Balerma),

Castillo de Malerva (Balerma),

Castillo-fuerte de Guardias Viejas (Guardias Viejas),

 

Roquetas de Mar:

Torre de las Entinas (desaparecida),

Torre de Cerrillos,

Castillo de Santa Ana,

Torre de los Bajos (desaparecida),

 

Aguadulce:

Torre de Rambla Honda (desaparecida),

 

Almería:

Torre de La Garrofa o de la Mona (La Garrofa),

Castillo de San Telmo,

Alcazaba de Almería,

Castillo de San Cristóbal,

Torre de El Bobar (desaparecida),

Torre de El Perdigal,

Casa fuerte de Las Crucetas,

Torre García,

Torreón de San Miguel (Cabo de Gata),

Torre García, Almería.


Níjar:

Torre de la Testa,

Castillo de San francisco de Paula (faro),

Torre de la Vela Blanca,

Castillo de San José (San José),

Torre de Cala Higueras o de los Frailes,

Cuerpo de guardia de Loma Pelada,

Fuerte de San Felipe (Los Escullos),

Torre de los Lobos (Los Escullos),

Castillo de San Ramón o de Rodalquilar (Los Escullos),

Castillo de San Pedro (Los Escullos),

Castillo de San Felipe, Los Escullos, Níjar.
 

Carboneras:

Torre de Mesa Roldán,

Castillo de San Andrés,

Torre de los Diablos o del Rayo,

Castillo de San Andrés.

Mojácar:

Torre del Peñón o del Pirulico,

Torre de Macenas (El Agua del Medio),

 

Garrucha:

Castillo de las Escobetas o del Nazareno,

Torre de Cristal, Villaricos, Cuevas de Almanzora.

 

Cuevas de Almanzora:

Torre de Cristal o de Monroy (Villaricos),

Torre Amarguera (desaparecida),

 

San Juan de los Terreros:

Castillo de los Terreros.

 

 

 

 

 

 

martes, 20 de septiembre de 2022

Torres y defensas de la costa de Granada

Escribo hoy sobre las torres almenaras, y otras defensas costeras, de la actual provincia de Granada. Me circunscribo en mi escritura a la actual división política, como ya hice con Huelva y Málaga, porque pretenderlo con divisiones más antiguas —antiguo reino de Granada— me resultaría algo complicado dada mi ignorancia. Pero es algo que no descarto, un artículo sobre ello y la implicación de Carlos III no estaría de más.
Recorreré, de poniente a levante, las torres que aún jalonan la costa granadina partiendo de la última que tengo anotada en mi entrada:http://lacasadelatercia.blogspot.com/2022/02/torres-almenaras-de-la-costa-de-malaga.html, que es la llamada de La Caleta, en Nerja.

Pero me doy cuenta que, básicamente, lo único que voy a hacer es enumerar esas edificaciones, pues introducir el tema sería repetir lo ya dicho en esa entrada o en la que escribí sobre las almenaras de la costa de Huelva: que su construcción vino justificada, a la caída del reino nazarí de Granada, por la necesidad de defender una frontera que había dejado de ser terrestre para ser marítima, o sea, que los enemigos no estaban en la Península, sino que vendrían de más allá del mar. La frontera ya era la costa, y esa línea entre la tierra y el mar era lo que había que proteger; la defensa y su estrategia habían cambiado.

Del norte de África —ya conocida como Berbería— llegarían los nuevos enemigos, o serían los mismos de antes que en su huida habían buscado refugio en las costas africanas y veían en las españolas un buen lugar para encontrar su subsistencia mediante la piratería y el saqueo. Sin olvidar que el Mediterráneo era un mar en el que se entrecruzaban multitud de rutas comerciales que hacían más apetecible aún las actividades laborales de los berberiscos.
Torre de la Velilla, Almuñécar.

Otra buena razón para proteger nuestras costas fue la posibilidad, durante largo tiempo latente, de una reconquista de la Península Ibérica por los sucesores de sus antiguos pobladores. Cosa que afortunadamente no sucedió, pero si hubo grandes estragos en los cultivos de las tierras próximas a las costas, y captura de prisioneros que serían tratados como esclavos en África y, en el mejor de los casos, canjeados por su correspondiente rescate en términos monetarios.
Superadas esas situaciones, los piratas del sur serían relevados por los del norte, y Francia e Inglaterra, y algún otro país, serían los encargados de amenazar constantemente nuestro territorio.

Es por todo ello que se ideó un sistema de torres almenaras, fuertes y demás, que, junto a los ya existentes, se encargarían de evitar cualquier intento de desembarco. Además, se ocuparon algunos lugares en la costa africana que sirvieron de puntos logísticos y control de los cercanos puertos berberiscos. Pero aquí limitémonos a lo existente en la costa peninsular y no entremos en sitios que se quedan fuera de mi blog.

Antes de enumerar las torres granadinas —y como ya he dicho, otras defensas costeras—, unos breves apuntes que ayuden a entenderlas. En primer lugar que no todas las torres tienen su origen en las justificaciones antes expuestas, pues algunas ya estaban ahí cuando el reino de Granada es conquistado, que los moros también protegían sus costas de posibles enemigos. Esas torres, construcciones medievales de los siglos XIII y XIV, generalmente de planta cuadrada y volumen ligeramente tronco-piradimal, fueron aprovechadas por los cristianos (en Almuñécar hay dos, la del Tesorillo o del Granizo y la de Enmedio, ambas en estado ruinoso).
Sin embargo las que se construyeron con posterioridad son de base circular en un principio, y volumen cilíndrico o tronco-cónico posteriormente, que resultaban ser más sólidas y económicas.

Leo que Granada es la provincia española de la cuenca mediterránea que cuenta con la menor longitud de costa, setenta y nueve kilómetros. Y en ese corto espacio enumero 19 torres (dos de ellas torres batería), 2 fuertes y 5 castillos. Que no olvidemos que éstos también ayudaron a la pretendida defensa del territorio, pero que no cuentan en la categoría que esta entrada trata.

Algunas, muy pocas, de las torres de la siguiente lista ya han sido paseadas por un servidor. La intención, claro, es hacerlo con todas, y si no fuera posible, daremos un paseo fingido, que no es tan placentero como los reales, pero sí al menos más relajado, menos cansado.

La torre del Diablo, en Almuñécar.

De poniente a levante, resultan:

Almuñécar:

Torre de Cerro Gordo (La Herradura)

Fuerte de La Herradura (La Herradura),

Torre de la Punta de la Mona (La Herradura),

Castillo de San Miguel

Torre de Velilla, de Taramay o de la Punta de la Galera,

Torre del Granizo o del Tesorillo,

Torre batería de Taramay,

Torre del Diablo,

Torre de Enmedio,

 

Salobreña:

Torre del Cambrón,

Castillo de Salobreña

 

Motril:

Torre Nueva (Torrenueva)

Fuerte de Carchuna (Carchuna-Calahonda),

Torre del Llano (Carchuna-Calahonda),

 

Gualchos:

Torre de Zambullón,

Torre de Rijana (Castell de Ferro),

Torre de la Estancia (Castell de Ferro),

Castillo de Castell de Ferro (Castell de Ferro),

Torre de Cambriles (Castell de Ferro),

 

Polopos:

Torre de Baños (Castillo de Baños),

Torre del Cautor (La Mamola),

 

Sorvilán:

Torre de Melicena (Melicena),

 

Albuñol:

Torre de Punta Negra o del Puntalón,

Torre de la Rábita.

Castillo de la Rábita.

Castillo de Huaera.

 

Ea, pues vamos con ello.


Torre de Taramay, Almuñecar.

sábado, 13 de agosto de 2022

De nuevo a la venta, y con rebaja, un castillo medieval en Santa Pau (Girona)...

 Leído por ahí:

Cosas que pasan, o lo que algunos escriben y me gustaría haberlo hecho yo.
O en este caso, tener posibles para poder adquirirlo.



EN 2015 SE VENDÍA POR 1,4 M

De nuevo a la venta, y con rebaja, un castillo medieval en Santa Pau (Girona) por un millón

El Castillo de Santa Pau vuelve a estar en venta. Se trata de una finca rústica que data de 1147 y cuenta con 20 habitaciones distribuidas en una superficie total de 2.754 metros
Castillo de Santa Pau (FOTOCASA)

Por E.S.
03/08/2022

El Castillo de Santa Pau vuelve a estar en venta. Situado en un precioso pueblo medieval de la provincia de Girona, cerca de la localidad catalana de Olot y rodeado por la zona volcánica de La Garrotxa, ha sido puesto en venta en el portal inmobiliario de Fotocasa por un precio de 1.145.000 euros.
Se trata de una finca rústica que data de 1147 y cuenta con 20 habitaciones y cinco baños distribuidos en una superficie total de 2.754 metros cuadrados, repartidos en tres plantas alrededor de un patio interior. Esta exclusiva propiedad está comercializada por la inmobiliaria Lucas Fox.
Aunque ha experimentado numerosas modificaciones y extensiones a lo largo del tiempo, la torre mantiene la construcción original y la puerta de estilo románico. Según los expertos, el Castillo de Santa Pau sería un espacio ideal para aquellos inversores que deseen establecer e inaugurar un hotel 'boutique' en la provincia de Girona, una zona que atrae numerosos turistas tanto a nivel local como a nivel internacional.
El Castillo de Santa Pau, habitado por última vez por una comunidad de monjas que abandonaron el espacio en 1970, es un espacio emblemático que representa una gran parte de la historia de la tierra en la que se encuentra y fue declarado Conjunto Histórico-Artístico en 1971.
En 2015, como recogió la prensa local, el castillo salió a la venta por 1,4 millones —tras rebajar el precio sus propietarios desde 1,7—, pero, entonces, como declaró el alcalde de Santa Pau a Ràdio Olot, veía complicado que algún inversor se interesara por este emblemático y particular edificio, ya que calculaba que la reforma integral y rehabilitación incrementaría el coste en unos cuatro millones de euros. Aseguraba, asimismo, que le gustaría que el castillo fuera de titularidad pública, pero aseguraba que el Consistorio no tenía dinero para afrontar una operación de estas características.
“Tras la pandemia, se ha detectado un cambio tendencial en los requisitos y necesidades habitacionales de los ciudadanos, en el que se destaca la acentuación del éxodo de las grandes ciudades a zonas más periféricas y rurales. De hecho, la compraventa de fincas rústicas ha incrementado casi un 5% anual en el mes de mayo y más de un 19% mensual, lo que representa un total de 15.436 operaciones firmadas, según los datos aportados por el Instituto Nacional de Estadística (INE). En nuestro portal, la búsqueda de chalés y fincas rústicas se ha incrementado desde el inicio de la pandemia una media de un 30% y los filtros de terraza y balcón se han disparado un 40%”, explica María Matos, directora de Estudios y portavoz de Fotocasa.
Castillo de Santa Pau. (Fotocasa)

Santa Pau, villa medieval con encanto
El Castillo de Santa Pau, propio de la época feudal, se sitúa en uno de los espacios más ricos y variados en fenómenos volcánicos del Parque Natural de la Zona Volcánica de La Garrotxa.
El territorio cuenta con distintos puntos de interés turístico y más de 40 volcanes, como es el caso del volcán de Santa Margarida, de Croscat o de Hayedo de Jordá. Actualmente, la villa mantiene una fisonomía medieval muy marcada y su historia remonta al siglo XIII-XIV, momento en el que la baronía de Santa Pau se instaló en el Castillo, que ocupa el punto más alto de la villa y a partir del cual empezaron a construirse las casas que componen el pueblo.
Aun así, el atractivo de Santa Pau radica en las calles laberínticas de piedra y en los miradores que ofrecen las vistas a las fascinantes montañas de la Garrotxa, fusionándose con los colores negros y cobres propios de las zonas volcánicas.

https://www.elconfidencial.com/vivienda/2022-08-03/castillos-santa-pau-girona-mercado-inmobiliario_3470792/?fbclid=IwAR2TBVaL7iskKkXLB-BuqUMYZOAv4TkRrWKLhHLPAVl7-LCMORV

martes, 2 de agosto de 2022

Portimao, fuerte de Santa Catalina

Siguiendo la costa algarvía, o algarveña, e incluso algarviense, hacia poniente, llego a Portimao, junto a la desembocadura del río Arade y sobre uno de los acantilados más bonitos de esta costa.

Portimao no es población antigua, unos 560 años desde su fundación por Alfonso V (rey portugués, no castellano). Nació con el nombre de Vila Nova de Portimao y el comercio con el norte de África la hizo crecer rápidamente; desarrollo que quedó paralizado con el terremoto de 1755 y que no se vio recuperado hasta finales de ese siglo XVIII gracias a la industria conservera de pescado y de algunos productos agrícolas.

Desde la segunda mitad del siglo pasado, la industria más pujante de Portimao es el turismo, que es lo que nos lleva con frecuencia a visitar sus playas y mirar sus paisajes. Y sobre una de sus playas, está el fuerte que hoy paseo, que, precisamente desde la playa, pasa totalmente desapercibido de tan transformado como están los muros que vigilan el océano. Una pena, pero es lo que hay.

Fachada principal del fuerte.

 

EL FUERTE:


El fuerte de Santa Catalina de Ribamar, asentado sobre una roca alta y escarpada, ocupa una posición dominante sobre la hermosa playa da Rocha, una de las más bonitas del Algarve portugués.

El primitivo —probablemente una almenara— fue mandado construir por don Joao de Castro, en el siglo XVI, con la misma finalidad que se construyeron tantas torres y baluartes a lo largo de la costa sur portuguesa: alertar de la presencia cerca de la costa de piratas e invasores, en general, y en el caso de la fortaleza que hoy paseamos, impedir que esos individuos remontaran el río Arade, con las consecuencias que esa situación tendría entre las poblaciones ribereñas. Frente a él, en la orilla izquierda del río Arade, se levantó poco después el fuerte de San Juan de Arade o de San Juan Bautista —castillo de Ferragudo—, con lo que la protección de su desembocadura, quedaba garantizada.

El castillo de Ferragudo en la otra orilla del río Arade.

Leo, y traduzco del portugués, que el existente hoy se levantó  ...en el siglo XVI esta construcción durante el reinado de D. Joao III o D. Sebastiao sobre las ruinas de un pequeño castillo medieval.

Más tarde, ya en los tiempos en que Portugal formaba parte de aquella unión ibérica que Felipe II había logrado y que se prolongaría hasta 1668 con el fin de la Guerra de Restauración, fue ampliado y reforzadas sus defensas, por lo que podemos decir que la construcción actual data de cuando reinaba en España y Portugal —un rey, dos coronas— el tercero de los Felipes.

El encargado de aquello fue el ingeniero militar italiano Alexandre Massai, que estuvo encargado, entre los años 1617 y 1621, de estudiar y proyectar diversas fortificaciones a lo largo de la costa algarveña.

La terminación de las obras las llevó a cabo el gobernador del Algarve don Luis de Sousa a costa de las finanzas públicas y tambien en parte de algún noble de la villa. Era el año de 1633.

El fuerte se levanta en un pequeño acantilado sobre la playa, donde ya existía una capilla dedicada a Santa Catalina de Alejandría, de la que tomó su nombre. Su privilegiada ubicación hace que también se le conozca como el Mirador de Santa Catalina.

El 1 de noviembre de 1755, como no podía ser de otra manera, sufrió importantes daños a causa del terremoto llamado de Lisboa —diez interminables minutos de temblores— que se dejó sentir en casi toda la Península. Se destruyeron parcialmente los muros laterales, la ermita y algunas de las edificaciones de servicio. La fachada principal no sufrió daños.

Durante parte de los siglos XIX y XX se ubicaron en él los servicios de Policía Marítima y también de la Guardia Fiscal. En 1946 pasó su uso a la Comisión Municipal de Turismo. 

Escalera al baluarte izquierdo.

LOS DETALLES:

El fuerte es de planta trapezoidal, orientándose la base menor del trapecio hacia el mar. En este lado bastaba con la construcción de parapetos de poca altura (barbeta) corridos para artillería. El acantilado ya hacía de defensa natural.

La remodelada muralla, desde la playa, casi un horror.
Fachada principal del fuerte.

El lado mayor es la fachada a tierra, que la forma una sólida muralla de mampostería y sillares en sus esquinas, con dos baluartes en cada lado (un hornabeque), y desde los que también quedaban cubiertas las playas adyacentes y la entrada a la ría del Arade. Este hornabeque es lo único que queda del fuerte original del XVII.

Dispuso de foso en esa fachada y puente levadizo en la entrada, los cuales se han perdido.

Mi Compañía entrando en el fuerte.

Lo más destacable de la fachada es, sin duda, la puerta, ejecutada con jambas y dintel de sillares. A ambos lados de esta, ya en el interior, sendas rampas escalonadas dan acceso a los baluartes, los cuales y por desgracia, se encuentra en un pésimo estado.

Tras la puerta, se accede directamente al patio que está flanqueado por las edificaciones, de una sola planta y tejados a dos y cuatro aguas, que contenían los servicios del fuerte y de los posteriores usos que tuvo. En el centro aún permanece un pozo (¿?).

Patio central del fuerte, al fondo el mar.

A continuación, y separada del patio por una arcada de siete arcos de medio punto, se extiende la explanada —hoy mirador— donde se ubicaban las baterías. Esta es la zona que se remodeló a partir de los años sesenta del siglo pasado.

Dejo aquí la acuarela, correspondiente a este fuerte, dibujada hacia 1790 por José de Sande Vasconcellos incluía en su libro “Mapa de todas las plazas, fortalezas y baterías del reino del Algarve”.


Qué mal aspecto tienen las terrazas de los baluartes.


RESUMIENDO:


Nombre: Fuerte de Santa Catalina o Mirador de Santa Catalina.
Municipio: Portimao
Provincia (distrito): Faro, El Algarve.
País: Portugal
 
Tipología: Fuerte costero.
Época de construcción: siglo XVII.
Estado: En buen estado, gracias a las obras de reparación realizadas en las edificaciones originales: fachada, baluartes patio y edificaciones laterales.
Es de lamentar las intervenciones que se realizaron en la segunda mitad del siglo pasado, tendentes a hacer un uso turístico del mismo, con la ejecución de rampas y escaleras insertadas en el acantilado a fin de acceder desde él a la playa.
La lamentable remodelación de la muralla.

Propiedad: Pública, estatal.
Uso: Hoy es un excelente mirador sobre la playa de Rocha, y también camino de acceso a ella. Se puede decir que su uso es netamente turístico, por lo que ha perdido, en parte, la identidad histórica y la percepción que como monumento se pueda tener de él. Sobre todo en la zona que mira al mar que es en la que más se ha intervenido.
Visitas: Totalmente libre, ya que es lugar de paseo y paso hacia la playa y al puerto deportivo.
Protección: Está declarado Bien de Interés Público el 29 de septiembre de 1977.

Clasificación subjetiva: 2, o sea, si se pasa cerca y se va con tiempo pues se acerca uno a verlo. Es decir, que se incluirá en una ruta de viaje pero no pasa nada si luego no se visita.
Pero si se recorre el Algarve, cuestión casi imprescindible, dada su belleza y cercanía, pues uno se da una vueltecita por el fuerte y desde arriba se mira el mar. Que para eso está.
Otras cuestiones de interés: Las playas, laplayas y muchas cosas más; enfrente Ferragudo y muchos otros castillos y fuertes.
Cómo llegar: Una vez en Portimao buscar el Largo de la Fortaleza o la Avenida Tomás Cabreira.