EL LUGAR:
Reina tiene su origen en la que fue la cercana ciudad de Regina Turdulorum, fundada por los romanos. No está claro si en tiempos de Julio César o de Augusto; tampoco es muy importante fijar aquí el momento exacto.
La cuestión es que se trataba de un buen lugar para fundar una ciudad, pues era el paso de una calzada que unía Córdoba —Corduba, Colonia Patricia Corduba— con Mérida —Emerita Augusta— y ya sabemos que todo sitio que presuma de prestigio debe, como mínimo, haber conocido el paso de los romanos y ocupar en el mapa un punto estratégico. Lo que viene a ser un cruce de caminos.
Y Reina, ha quedado dicho, cumplía los dos requisitos (de lo que ampliaremos datos cuando hable de la ciudad de Regina y su muralla urbana, pero eso será en otro lugar de este blog).
No es hasta la llegada de los musulmanes cuando en la sierra que hoy paseo se produce el primer asentamiento humano; sin embargo, aquí han aparecido restos de cerámica y material de construcción, lo que haría dudar de la afirmación anterior.
Los árabes construyen una fortificación aprovechando-expoliando materiales de la cercana Regina, para así tener un buen refugio para la población, además de ser un espléndido mirador para controlar el cruce de caminos.
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| La villa de Reina desde la puerta norte. |
Es en 1246 cuando Fernando el Santo conquista la villa, alcazaba incluida, y la dona a la Orden de Santiago, que crearán una Encomienda de la que dependerán varios pueblos de la comarca, entre ellos Casas de Reina —la preposición de como símbolo de dependencia— Ahillones, Berlanga, Fuente del Arco, y algunos más.
Hasta el siglo XVII formó parte de la provincia de León, administrada por la Orden de Santiago.
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| La Sierra Sur; muy cerca, la Sierra Norte de Sevilla. |
LA ALCAZABA:
Pero volvamos al principio.
Su ubicación es privilegiadísima: sobre un alto cerro, a 825 metros de altitud, domina gran parte de la campiña sur. Fue fundamental, junto con Montemolín y Hornachos, para defender la frontera de los ataques cristianos y asegurar así el valle del Guadalquivir y las ciudades de Sevilla y Córdoba.
Las primeras defensas se construyeron durante la época emiral, siendo los almohades, ya en el siglo XII, quienes conforman el recinto tal y como ahora conocemos.
Fue conquistada, en primera instancia, por Alfonso IX en 1185 y recuperada por los musulmanes diez años después, tras su victoria en Alarcos.
Sin apenas asedio, Fernando III reconquistó definitivamente la fortaleza y se la cedió, junto con la villa, a la Orden de Santiago.
En la época de ocupación de los santiaguistas, fue muy restaurada: en el siglo XV mandó hacer obras de adaptación el Maestre de la orden D. Alonso Cárdenas; y en el XVI, volvieron a hacer obras de refuerzo y restauración.
Durante ese tiempo, estuvo también ocupada por gran parte de la población de Reina que, poco a poco y para evitar la subida al cerro en su vida diaria, decidieron ir asentándose a los pies de la montaña.
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Torre del Homenaje, y la villa de Casas de Reina. Al fondo Llerena.
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A lo largo del siglo XVII fue perdiendo importancia, y la fortaleza fue abandonada en favor del caserío que poco a poco se iba formando en la ladera de la montaña. El auge que iba adquiriendo la cercana Llerena también influyó en el declive.
Con su abandono le llegó un deterioro progresivo que, por fin, se ha detenido en el pasado siglo.
LOS DETALLES:
La formidable alcazaba estaba compuesta por una cerca de unos dos metros de espesor, que perimetraba, y perimetra, la meseta de la cima.
Su planta, muy irregular —por aquello de la adaptación a la topografía del terreno— parece querer ser un trapecio.
La reforzaban catorce torres de planta rectangular y cuadrangular—en casi todos los textos que leo, se habla de catorce torres albarranas, y me hace dudar si quienes escriben eso no saben qué es una torre albarrana, o soy yo el equivocado— más la del Homenaje, que es la situada en el lienzo noroeste. Esta torre es la única a la que pudiera considerarse albarrana, por sobresalir en exceso de la muralla, pero se encuentra unida a ésta en toda su altura. Sin embargo, tiene la peculiaridad de arrancar con planta cuadrada para convertirse en un prisma octogonal conforme gana en altura.
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| La torre del Homenaje. |
En el interior de ese recinto, se levanta otro del que prácticamente se ha perdido casi todo. Aún perviven la torre del Homenaje y dos aljibes, uno de clara factura musulmana, situado casi en el centro del conjunto y cerca de la actual entrada; y el otro construido por la orden de Santiago junto al alcázar.
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| En ambas fotografías, arranques de los muros de las edificaciones aledañas al alcázar. |
Durante el período de uso por parte de la Orden de Santiago, se elevaron los muros con mampostería y se reformó lo que era el alcázar para convertirlo en residencia del alcaide —lo que vino a llamarse el palacio—. Los restos de este conjunto se sitúan en el ángulo norte de la fortaleza. Próximo al alcázar se observan los arranques de los que fueron las distintas edificaciones de servicio: viviendas, caballerizas, etc.
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Entrada al alcázar desde el interior de la alcazaba.
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Interior del alcázar.
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Tuvo dos accesos que aún se conservan: el primitivo, en el alcázar, una puerta en recodo orientada al norte, formada por un doble arco; cuando la alcazaba fue sede de la orden de Santiago, esta fue la entrada a la Casa de la Encomienda.
La otra puerta está orientada al sureste y es la que actualmente se utiliza para acceder al castillo.
Entre los materiales utilizados en su construcción, estaba el tapial árabe ejecutado con encofrados, a lo que hay que añadir sillares procedentes de la cercana ciudad romana. Entre las obras que llevaron a cabo los santiaguistas, estuvo el recrecido de algunos muros, que se ejecutaron con mampostería sobre el tapial.