Nombre: Castillo de Montemolín.
Localidad: Montemolín.
Municipio: Montemolín.
Provincia: Badajoz.
Tipología: Castillo.
Época de construcción: Hacia el siglo XII, por los árabes y remodelaciones a partir del siglo XIII por los cristianos.
Situación:
Casi a seis kilómetros de la autovía E-803 o A-66, o
sea, la actualmente llamada Vía de la Plata, y entre las poblaciones de
Monesterio y Fuente de Cantos, está Montemolín, pequeño pueblo de algo más de
1.300 habitantes que ha visto pasar su larga historia, siempre, a la sombra del
que debió ser una fuerte y arrogante alcazaba primero y después decrépito castillo. Lástima que hoy parezca estar relegado a la desidia de ignorantes gobernantes y
a la expresión negligente de inconscientes restauradores.
Datos históricos:
Montemolín es uno de esos lugares a los que les viene de largo la historia. Una necrópolis —Val de Cuerna— y un capitel bajo la pila bautismal de la iglesia parroquial, nos recuerdan que los romanos anduvieron por aquí. Por entonces, este lugar era conocido como Apiaum, muchas abejas o algo así.
Pero antes llegaron los lusitanos, túrdulos, tartessos y turdetanos, desde cada uno de los cuatro puntos cardinales; y después los griegos y fenicios para explotar y comerciar algún recurso minero.
Con los árabes, que repoblaron la zona y construyeron la alcazaba y una mezquita, ya fue conocida como Montemolín, seguramente por Aben Juset Mahomat Miramamolín, el derrotado de Las Navas de Tolosa.
Estos levantaron la fortaleza sobre, seguramente, otra romana, aprovechando la estratégica situación del cerro —muy cerca de la vía de la Plata—, en la cara norte de Sierra Morena.
En 1246, Pelayo Pérez Correa, Maestre de la Orden de Santiago, conquista la villa y su castillo en nombre del Rey Fernando III el Santo. Dos años después, el rey se los dona a la Orden, estableciéndose aquí una Encomienda.
Los cristianos amplían y reforman la fortaleza, añadiendo dependencias para adaptarla a sus nuevos propietarios, como la iglesia de Santo domingo, la torre del Homenaje y la torre semicircular llamada Plato de la Reina.
En el año 1608, la población fue vendida, bajo el título de Marquesado de Montemolín, a unos banqueros genoveses —al igual que Almendralejo, Fuente de Cantos, Calzadilla de los Barros, Medina de las Torres y Monesterio— en pago a unas deudas que tenía el rey Felipe III. No sería esta la última vez que fuera vendida pues en 1819, el rey Fernando VII vuelve a enajenarla (a población había recuperado su carácter público mediante compra de su jurisdicción en 1776) en favor de su hermano Carlos María Isidro de Borbón a fin de, como no, saldar deudas “reales”. El hijo de éste, Carlos de Borbón y Braganza, adoptó el título de Conde de Montemolín entre los años 1845 y 1861, tiempo en que pretendió la corona española.
Cuando el Pretendiente y sus partidarios perdieron sus reivindicaciones, la población revirtió definitivamente a la administración nacional.
| Fachada sureste, donde se encuentra la puerta de acceso. |
Descripción, arquitectura y construcción:
Leo en alguna página web las medidas exactas del
castillo, y como el día que lo paseé no se me ocurrió contrastar esas medidas,
doy por buenas las leídas, que son: 114 metros de largo por 54 metros de ancho;
y desde su cota más baja a la más alta hay una diferencia de 33 metros. Todo
ello sobre una planta ligeramente rectangular, adaptada a la topografía del
cerro, y encerrada en un perímetro salteado de numerosas torres.
Sus constructores fueron los almohades, allá por el
siglo XII, venidos del norte de África que utilizaron, como en ellos era
normal, tapial, o sea, barro secado al sol; y también mortero de cal y
ladrillo.
El acceso, después de rodear la montaña por un
cómodo sendero, se sitúa en la fachada sureste. La puerta, en recodo, la
compone un grueso arco de ladrillo, y la protege una barbacana flanqueada por
dos torres ochavadas. Desde este baluarte, dos lienzos de muralla, uno a cada
lado, terminan en dos torres cuadradas en esquina.
Las fachadas noreste y suroeste están compuestas por lienzos, quebrados en plantas y torres cuadradas que refuerzan esos quiebros, Ambos lienzos confluyen en la zona oeste de la colina que es donde se construyó el alcázar.
De aquella época destaca el aljibe, rectangular y cubierto con una bóveda de medio cañón a base de lajas de pizarra.
Ya en el siglo XIII, los cristianos remodelaron por completo el castillo: levantaron nuevas edificaciones y dependencias —despensas, bodegas, caballerizas, horno, mazmorras—, modificaron otras, construyeron el llamado aljibe de los Arcos y hasta edificaron una iglesia que consagraron a Santo Domingo y a Santiago (su cultura, evidentemente, les obligaba a estas cosas).
Los cristianos no dejaron de reedificar y ampliar la fortificación, adaptándola a las necesidades que les iban surgiendo. Reforzaron murallas y torres con ladrillos y sillares en las esquinas y añadieron una nueva torre del homenaje —rectangular, de 14 metros por 10, y de mampostería con sillares en las esquinas. A esta torre se accedía mediante una escalera que terminada en un pequeño puente levadizo.
Otro elemento significativo que los cristianos levantaron fue la torre conocida como “Plato de la Reina”, situada en la fachada sur y ejecutada con mampostería y mortero de cal.
Hasta el siglo XVII en que dejó de estar ocupada la fortaleza, los trabajos de remodelación y mantenimiento fueron casi continuos. De ello dejaron puntuales anotaciones los Visitadores de la Orden de Santiago, los cuales inspeccionaban periódicamente todas sus posesiones. Por ellos sabemos que a finales del siglo XV se consolidaron gran parte de la fábrica de las murallas; o que en los primeros años del siglo XVI construyeron un nuevo salón, se abrieron ventanas en algunos muros se recorrió el tejado de la torre del Homenaje y otros tejados más, y se arregló y encaló el aljibe de los Arcos.
Lamentablemente nada de aquello nos ha llegado, habiendo permanecido en pié sólo restos árabes.
A pesar de todos esos trabajos, a finales del siglo XVI, el proceso de deterioro ya se había iniciado, y nada se pudo hacer para detenerlo. Abandonado en el siglo XVII, el desgaste fue paulatino y constante.
A principios del siglo XX aún quedaban elementos arquitectónicos dignos de conservarse. Sin embargo no fue así, su abandono y el desinterés por el edificio llevó, a finales del siglo pasado, a que perdiera gran parte de la torre del Homenaje a causa de un temporal.
| Llegando a la entrada del castillo; en primer término la barbacana. |
| La puerta desde el interior. |
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