sábado, 12 de mayo de 2018

Atalaya, Badajoz

Población: ATALAYA
Municipio: ATALAYA
Provincia: BADAJOZ
Escudo:
Descripción:
Escudo español, cuadrilongo de base circular, mantelado.
Primero, de plata, banda de sable, resaltada de una cadena de oro de ocho eslabones puesta en orla.
Segundo, de plata, cruz de gules.
Tercero, de gules, la torre de Atalaya, de oro mazonada de sable y terrazada de sinople.
Al timbre, corona real cerrada de España.

Según D.O.E. nº 76 de 29/06/1993

Recurrencia:
La torre de la iglesia de Nuestra Señora del Camino, que primitivamente fue una atalaya,

Localización:
En el interior del núcleo urbano.

Historia:
La atalaya de Atalaya fue construida hacia el siglo XV, a la que se le anexó posteriormente la nave del templo y otra torre de menor altura a los pies de la edificación.

Descripción:
De planta cuadrada, tiene en su cabecera lo que fue el torreón de una pequeña a la que con el tiempo se le añadió el resto del templo: la nave central y una torre a modo de ábside, cuadrangular, de grandes proporciones en planta pero de corta altura.
Todo el conjunto está almenado.

La iglesia de Nuestra Sra. del Camino (de atalaya.es)

jueves, 10 de mayo de 2018

Arquitectura, Y

 YESERÍA:

Generalmente toda obra hecha con yeso.
También la decoración que se obtiene grabando figuras o formas sobre una superficie de yeso.


martes, 8 de mayo de 2018

Marvao, castillo de Marvao

Desde la carretera por la que me aproximo y subo hacia Marvao, ya se intuye, bueno, es algo más, ya se ve con claridad, aunque el día no ayude, la imponente silueta del castillo y la muralla de Marvao.

Has visto decenas de fotografías de esta fortaleza a fin de ilustrarte para la visita de hoy, y llegas aquí con la idea bastante clara sobre lo que te espera; sin embargo, siento que la expectativa se ha quedado corta —reconozco que soy muy impresionable, sobre todo cuando lo que está ante mis ojos es impresionante—. Marvao es mucho más, tanto que, cuando horas después me marchaba, he pensado que es el castillo que más me ha asombrado en mi vida. Hasta hoy he visto otros que sin duda le superan, pero aquellos los vi con otros ojos, más jóvenes e ignorantes, lo que me obligará a volver a visitarlos algún día.



Estoy, por si no lo había dicho antes, en Marvao —con virgulilla en la segunda a, y que traducido al español es algo así como Marvón—, pequeño pueblo de apenas 1000 habitantes, encerrado y protegido por su muralla, bello como la crestería de una catedral, soberbio y altivo sobre el cerro que llaman del Sapoio, destacando en la vertiente norte de la Sierra de Sao Mamede a casi 850 metros de altitud.

Su caserío, la ciudadela, que se deja caer ligeramente por la ladera del este, es pequeño y coqueto, con calles empedradas que saben a historia muy antigua y a luchas de frontera. Desde aquí, y durante años, se miraba a levante con ojos avizores en constante observación. Tal fue su importancia estratégica, que muchos gobernantes se encargaron de que sus torres y murallas estuvieran siempre en buena forma para así garantizar la seguridad del territorio. Para ello colaboró en primer lugar su situación, que le hace casi inaccesible, y que en 1758 describió el Prior Frei Miguel Viegas Bravo:

«Es esta aldea plaza de armas, la más inconquistable de todo el Reino; de la parte meridional es inaccesible, de tal suerte que sólo a los pájaros permite entrada, porque en toda la longitud es continuo, y continuado el despeñadero de vivos llanos en tanta altura, que las aves de más elevados vuelos, de él de dejan ver por la espalda (…) el cual muro, sirve más para no caer los de dentro, que impedir la entrada a los de fuera, y por eso en muchas partes es este muro bajo (…) que esta plaza o cárcel no puede tener contra sí en tiempo bélico más que la falta de agua…»

 

 

EL CASTILLO:

Posiblemente, el origen de este lugar, a la que los lusitanos llamaron Mendobriga, esté en un castro romano, y si no es así, merecería serlo; la proximidad de la ciudad romana de Ammaia da cierta fuerza a esta hipótesis. A lo que hay que añadir su proximidad a la calzada romana que unía la actual Cáceres con Santarém, en el Puente del Portaje.

Lo que sí es seguro es que su nombre resulta del de un líder musulmán de noble estirpe, llamado Ibn Marwan al-Yil’liqui, rebelde contra el emirato de Córdoba que creó un reino en Badajoz que duró hasta la instauración del califato en el 930 d.C., aunque el tal Ibn Marwan hubiera muerto cuarenta y un años antes. El castillo de Marvao, al que durante aquel siglo X se le conoció como Amaia de Ibn Marwan o fortaleza de Ammaia, siempre fue su refugio cada vez que en Badajoz se sentía amenazado por el Emir de turno.

Marvao es conquistado entre 1160 y 1166, durante la campaña que el primer rey de Portugal, Afonso Henriques —Alfonso I—, realiza hacia el sur. Pero posteriormente se pierde en 1190 cuando Almanzor recupera los territorios hasta las orillas del Tajo.

Definitivamente es en 1226 cuando pasa a manos portuguesas reconquistada por Sancho II, que le concede su primera carta foral —una de las primeras en el Alentejo— y le concede a la Orden del Hospital de San Juan su posesión, que pasará en 1271 al infante don Alfonso. En disputas con su hermano don Dinis —rey de Portugal, Dionisio I— por el control de la frontera, le obliga, a la fuerza, a cambiar Marvao y Portalegre por Sintra y Ourém, poblaciones más alejadas de Castilla y sin valor estratégico. El rey Dionisio confirmó el fuero de 1226 y acometió importantes obras en el castillo, necesarias por la proximidad de las fronteras, destacando la construcción de la Torre del Homenaje en 1300.

Durante los conflictos por la sucesión al trono portugués —1383-1385— en los que se enfrentaron Juan I de Castilla y el hijo ilegítimo de Pedro I de Portugal, que por entonces fuera Maestre de la Orden de Avis, y que terminaron con la victoria de este último —que reinaría con el nombre de Juan I, e instauraría en Portugal la dinastía de Avis— en la batalla de Aljubarrota, el castillo de Marvao fue tomado por los partidarios del portugués. Fue éste el último acontecimiento bélico librado en el castillo durante la Edad Media que, a partir de entonces, entró en un periodo de decadencia dada la consolidación de la seguridad en el territorio, que hizo que perdiera toda su importancia militar.

Tuvo que llegar la Guerra de Restauración —1 de diciembre de 1640-13 de febrero de 1668— durante la cual se rehabilitaron sus muros deteriorados por el paso del tiempo, se repararon las puertas y se construyeron otros nuevos adaptados a los nuevos usos y tecnologías de la guerra, abaluartando sus defensas y convirtiendo el interior en una auténtica ciudadela. Lo que le vino muy bien, pues sufrió varios ataques, dos de ellos de considerable importancia: en 1641 y en 1648.

En guerras sucesivas —la de Sucesión de España, 1701-1713; la de los Siete Años, 1756-1762; la de las Naranjas, mayo-junio de 1801; la Guerra de la Independencia, que ahora quieren llamar Guerras Peninsulares, 1808-1814; y las Guerras Liberales, 1832-1834— también fue Marvao testigo de combates que por suerte no se han reproducido, por lo que afortunadamente, hoy podemos disfrutar de tan hermosa fortaleza. De todo esto queda la fidelidad que siempre mostró a los reyes portugueses, por lo que el escudo de la localidad luce el lema de «Muy noble y siempre leal villa de Marvao».

 

 LOS DETALLES:

Marvao es, posiblemente, el castillo portugués más roquero. Lo conforman dos recintos sucesivos de planta muy irregular, que se adaptaron a la topografía de la cresta más elevada de la montaña. De época posterior es un tercer recinto más al noroeste que se vería complementado con un hornabeque y una puerta en el siglo XVII. La muralla que rodea la villa, y sus baluartes, es el gran recinto que encierra la villa y que se extiende hacia el sureste. Esta sucesión de recintos viene a determinar lo que en la arquitectura militar se denomina superposición de fortalezas, y que en Marvao se muestra como una desmesurada fortaleza de gran complejidad que, unido a la ya apuntada excelente ubicación, hicieron de ella un lugar casi inexpugnable. Es el resultado de más de mil años de historia.

Rampa de acceso, a la izquierda, quiciales de la que fue la puerta de la barbacana.

En la barbacana, puerta de entrada al primer patio.

La entrada al castillo se hace por su fachada sureste, protegida por un antemuro de cuya puerta sólo quedan los quiciales, que forma parte de las reformas efectuadas durante la Guerra de Restauración. La barbacana cuenta con rampas para el mejor manejo de las piezas de artillería.

Primer patio, en recodo.

Escalera al aljibe.


Interior del aljibe.

A continuación, una puerta, protegida con una garita a su izquierda, da paso a un pequeño patio con trazado en recodo, en cuyo muro de la derecha se encuentra la escalera que desciende a un aljibe de grandes dimensiones —10 metros de ancho por 46 de largo—, todo él ejecutado en sillares de granito, cubierto por una bóveda de cañón y sujeto por arcos fajones de medio punto. En su cubierta se abren tres tragaluces para ventilación.

Entrada al primer recinto; al fondo, la puerta hacia el segundo.

Torre de la Bandera trás la muralla del primer recinto.

Al final del recodo del patio se abre una tercera puerta que nos conduce al patio del primer recinto, separado de toda la zona anterior por una muralla con tres torreones.

La villa de Marvao desde la Torre de la Bandera.

 Un alto muro, que separa este primer recinto del segundo, está atravesado por una puerta que nos lleva hasta el segundo recinto, un gran patio de armas, al fondo del cual se encuentra el primitivo castillo medieval. En este muro diafragma destaca en su centro una torre de grandes proporciones coronada por una garita en de sus esquinas. Esta torre, llamada de la Bandera, no es la Torre del Homenaje, aunque, paradójicamente, es la que aparece y destaca en las imágenes más reconocibles de este castillo. A la izquierda de la puerta vemos sobre el muro otra garita. Desde ella se tienen las mejores vistas de la villa y sus murallas.

Patio de Armas, en el segundo recinto.

En el Patio de Armas estuvieron situadas algunas de las dependencias del castillo, hoy desaparecidas. En cada una de las cortinas que, a cada lado del patio, discurren hacia el norte hay sendas poternas que dan salida a unas barbacanas en esas zonas laterales del castillo.

Al fondo del patio de armas, el castillo primitivo.

Puerta de acceso al tercer recinto.


Patio en recodo entre el segundo y el tercer recinto.

El último patio del castillo.

Al fondo del patio de armas se levanta un muro poligonal, en uno de cuyos lados se abre una nueva puerta por la que se accede a otro pequeño patio, también en recodo, protegido por un cubo semicircular, que nos lleva a un pasillo cubierto con aspilleras en sus paredes para defenderlo. De aquí se pasa al último patio del castillo, donde estaban los alojamientos de la tropa construidos en las obras del siglo XVII; también hay un aljibe bastante más pequeño que el del primer patio.

En este patio se encuentra la Torre del Homenaje, de planta cuadrada, a la que se accede desde el adarve del muro más próximo; antiguamente tuvo un pequeño puente levadizo entre el adarve y la entrada. Tiene dos plantas más la terraza, más un cuerpo inferior que es macizo.

Al final del patio, en su lado más al norte, y entre los edificios que fueron armería y almacén de municiones, discurre un estrecho pasillo al que se accede a través de la llamada Puerta de la Traición, que nos lleva al extremo de la fortificación donde se levantó un hornabeque que cierra por el norte el último recinto del castillo. Este hornabeque lo conforman dos semi baluartes de distinto tamaño, con garitas en sus ángulos y basamentos para cañones. Entre ambos semibaluartes existe una poterna que da a un abrupto camino.

 

 

RESUMIENDO:

Nombre: Castillo de Marvao.

Localidad: Marvao.

Municipio:

Distrito: Portalegre.

Región: Alentejo —Alto Alentejo—.

País: Portugal.

 

Tipología: Castillo.

Época de construcción: del siglo X al XVII.

Estado: En muy buen estado conservación, agracias a las intervenciones realizadas desde 1938 y que han continuado a lo largo del siglo pasado y de éste.

Protección: Es Monumento Nacional desde 1992, tanto el castillo como las murallas de la villa.

Propiedad: pública (¿ ?)

Uso: Cultural y turístico.

Visitas: Cuando lo visité, diciembre 2017, el acceso era libre previo pago de una módica cantidad que no recuerdo.


Clasificación subjetiva: 5, No sólo no hay que perdérselo bajo ningún concepto y además hay obligación de verlo antes de morir, sino que, si no se hace, se morirá en pecado mortal. 

Otras cuestiones de interés: no dejar de recrearse con las deslumbrantes vistas, Castelo de Vide al noroeste, San Vicente de Alcántara al este, muy al norte Castelo Branco, y hacia el oeste y el sur, la Sierra de Sao Mamede. Es tanto y tan impresionante el paisaje, que José Saramago dijo de este lugar: «Se comprende que, en este lugar, desde lo alto de la torre del homenaje del castillo de Marvao, el viajero murmure respetuosamente: ¡Qué grande es el mundo!».

El castillo es conocido como Nido de águilas, ya que hubo un tiempo en que estas aves nidificaron en el él.

Cómo llegar:

 

Coordenadas:

39.39669721660525, -7.378899425914259

 

sábado, 5 de mayo de 2018

Castillo de Poto, D.O. Valdepeñas

 D.O:            VALDEPEÑAS

Nombre:   CASTILLO DE POTO
Bodega:     BODEGAS FERNANDO CASTRO
Dirección: Paseo Castelar 70
                       SANTA CRUZ DE MUDELA (Ciudad Real)

Email:
Web:           www.bodegas fernandocastro.com

Tipo:         TINTO
Variedad:
Año:                  2013
Tratamiento:
Graduación: 12’5% Vol.


Descripción de la etiqueta:
Simple y sin pretensiones. Nos dice a qué D.O. pertenece, y bajo ello un anagrama con las figuras del Quijote y Sancho. Más abajo el nombre del vino, Castillo de Poto, y la indicación de que está producido en España, pero escrito en inglés. En medio un bonito y sencillo dibujo de un castillo que creo que es el de Peñafiel —situado a 400 kilómetros de la bodega—, lo cual no encaja ni con el nombre del vino ni con el lugar donde se elabora.


Encuentro también en el mercado este mismo vino, nombre, bodega, etc., pero figurando en la etiqueta un castillo que, bien por la baja calidad del dibujo —así me lo parece— o por lo confuso de su diseño, no consigo identificar. Lo cojo de la red y lo dejo aquí para los curiosos.



Sobre la recurrencia:
Otro vino más que encuentro al que denominan con un nombre ficticio, o sea que se trata de una recurrencia castillo-vinícola de libro.
Busco y busco por la red, que al fin y al cabo es el mejor y único medio de que dispongo para buscar datos, y no encuentro ningún castillo con este nombre por estos mundos medievales.
También pregunto en el correo de la página web de la bodega sobre el uso de ese nombre, ¿es real ese castillo?, ¿qué castillo es?, ¿dónde está?; 
y el departamento de Marketing de la bodega ha tenido a bien contestarme, pero eso sí, con una respuesta que no dice nada:
« Buenas tardes,
Gracias por el interés en Bodegas Fernando Castro.
Disculpe la tardanza en contestar pero hasta la fecha no habíamos podido identificar el origen de nuestra marca.
Atentamente»
Deduzco por tanto que el nombre ha sido fruto de la imaginación del propietario, del enólogo, o de uno que pasaba por allí.
El hecho de que figure el castillo de Peñafiel —cuestión surrealista donde las halla—, en estas circunstancias, no me obliga a hablar de él. Tiempo tendré cuando trate algún vino de aquella tierra.

A considerar también:
En mi búsqueda por encontrar la razón del por qué el bodeguero determinó que este vino debía llamarse como se llama, llegué a conocer al dios Potos de la mitología romana, que representaba el ardor, o sea, el deseo, la pasión, la añoranza y la nostalgia amorosa.
Pero creo que esto no tiene nada que ver con el nombre del vino. Son dos historias muy alejadas.

jueves, 3 de mayo de 2018

Arquitectura, V

VANO:
Hueco practicado en el muro para la entrada de la luz, la ventilación, la vigilancia o el paso, como ocurre en la formación de una puerta o de una ventana.

VENTANA:
Es la abertura que generalmente se hace en la parte media de una pared para dar luz y ventilación al interior.
Y por extensión, también se denomina ventana al armazón, de madera o metálico, y los cristales con que se cierra el hueco.

VENTANA AJIMEZADA o GEMINADA (BÍFORA O BIFORADA):
Vano dividido en su centro por una columnilla formando dos huecos gemelos rematados por sendos arcos.



VENTANA ASPILLERADA:
Tronera o saetera situada bajo la ventana aprovechando el hueco interior de ella como cámara de disparo. Se utilizaban generalmente armas de pequeño calibre. La forma del agujero varía considerablemente.

VENTANA TRÍFORA o TRIFORADA:
Vano dividido en tres huecos separados por columnillas y formando tres ventanas rematadas por sendos arcos.

VERDUGADA, hilada verdugada:
Cada una de las hiladas horizontales de ladrillo intercaladas en una obra de distinto material.
Su finalidad es la de regularizar periódicamente la horizontalidad de los materiales, además de hacer bonito.


VITRAL:
Vidriera de colores, pintados o recubiertos con esmaltes, que se ensamblan y sujetan con varillas de plomo.

VOLUTA:
En este Glosario es el ornamento en espiral que adorna los capiteles jónicos y compuestos.
Situados en los vértices del capitel, se ejecutaban cuatro volutas en los jónicos, y ocho en los compuestos cuando se incorporaron a los corintios.


martes, 1 de mayo de 2018

Consuegra, castillo de Consuegra o de La Muela

 A ver, sitúate en el espacio, las circunstancias y el tiempo:
Viaje de vuelta a mi ciudad después de un corto pero intenso periplo de placer por varios lugares castellanos llenos de historia y piedras viejas, cuando el que escribe, y en aquel momento conducía, presiente la proximidad de un castillo —demás sabía yo que Consuegra estaba cerca, que pronto aparecería allí a la derecha, como un punto gordo en el horizonte— y le inunda el deseo irrefrenable de tomar la siguiente salida y encaminarse hacia allí.
Recordé, la poco más o menos parecida circunstancia, hacía siete años, cuando los compañeros de viaje lo eran a la vez de trabajo, y les convencí para visitar Consuegra y comer por allí. Todo con la oculta pretensión de dar un paseo por el castillo. Aquello salió mal, la visita no pasó de la comida y todo quedó estrictamente en eso, un paseo por los alrededores. Otra vez será, chaval.
Lo que no podía imaginar, durante mi segunda aproximación a este pueblo, y cuando mi deseo ya se había convertido en un gozo, era que, Dios sabrá por qué eventualidad, el castillo estaba cerrado y no recibía visitas ese día; que tendría que volver a contentarme con un paseo perimetral y a dejar, nuevamente, correr la imaginación.
Aquella circunstancia me pareció una continuación de la de unos años antes, una segunda parte con idéntico guión: el mismo castillo, mismo paisaje y la misma grúa de obra. Y por supuesto, el mismo enfado. Otra vez será, chaval.

Ahora, pasados unos años, me llega la sospecha de que no volveré por aquel lugar y su castillo, y que no tendré la oportunidad de poder pasear su interior. Entonces es cuando he decidido entrar en la red, indagar sobre él, escribir esto, engañarme un poco y hacer como que lo visité. Será algo así como un castillo que casi he visto pero que seguramente no vuelva a ver. Pero que no debe quedar fuera de mi casadelatercia.
A este paso, a poco que haga algo de memoria, lleno esta pantalla de paseos fingidos. Porque han sido muchos, más de los deseados.
Una vez situados en el espacio, las circunstancias y el tiempo, hablemos de Consuegra y su castillo:

Consuegra es uno de esos sitios con prestigio, pues fue un poblado íbero, previo a la dominación romana, los cuales la llamaron Consaburum, y llegó a tener murallas, termas y casi todo lo que los romanos solían construir. Así que no sería de extrañar con el primer asentamiento del cerro donde hoy está el castillo, fuera romano.
Incluso quedan restos de un acueducto que traía agua a la población desde las Guadalerzas —un solitario castillo hay por allí—, a más de 25 kilómetros; y también los de una presa en el río Amarguillo.
Lo dicho, un sitio con caché.



Comparando vistas en el tiempo, 2007 y 2016: la misma grúa y la obra parece no avanzar.


EL CASTILLO:

El castillo de Consuegra, también conocido como de La Muela, tal vez sea uno de los castillos más reconocibles de España. Pero no del todo por sí mismo, que para algunos desde luego que sí, sino por los vecinos.
Los vecinos son los molinos, que alineados a lo largo del que llaman Cerro Calderico, ayudan a identificar casi inmediatamente a esa fortificación y su pueblo. Aunque el castillo está aquí desde antes que los molinos.
El mismísimo Alfonso X se atreve a dar una fecha y lo sitúa, como mínimo, a principios del siglo VIII, al adjudicar al conde don Julián —el Comes Iulianus, u Olbán, el gobernador de Ceuta que ayudó a los musulmanes en su asalto a la Península Ibérica— como heredero en el castiello de Consuegra.
Pero datos ciertos no se tienen hasta el siglo X, en pleno período califal, que es cuando se cree que se levantó como refuerzo de la Marca Media —uno de los tres territorios fronterizos musulmanes-cristianos— y apoyo a su capital, Toledo.
Disgregado el Califato, el castillo se subordina a la taifa de Toledo, que lo perderá en 1083, dos años antes de ser reconquistada la ciudad.
Vuelve a manos cristianas, sin luchas ni sangre, cuando la fortaleza queda incluida en la dote de la princesa Zaida, hija de Al-Mutamid, rey de Sevilla, cuando casa con Alfonso VI. Si bien parece ser que algo de leyenda hay en lo anterior: que si Zaida no era hija del rey de Sevilla, sino viuda de su hijo; que no llegó a ser esposa sino concubina; o que realmente se trata de Isabel, la penúltima esposa de Alfonso VI.
Con la llegada de los almorávides a fines del siglo XI y las derrotas cristianas en las batallas de de Zalaca, Consuegra —15 de agosto de 1097, en la que, además de perderse el castillo, murió Diego Rodríguez, único hijo varón de El Cid— y Uclés, el mapa de marcas militares se modifica; y con ello el cambio de dueño del castillo que pasó a manos de Usuf ibn Tashfin.
Hasta 1155 en que el siguiente Alfonso toma el castillo y nombra gobernador a un tal Rodrigo Rodríguez, que lo volvería a perder.


En 1183, reinando Alfonso VIII, los caballeros de la Orden de San Juan de Jerusalén lo recuperarán de manera definitiva. El rey se lo dona, junto con las tierras de su alfoz, a la Orden y el castillo se convertirá en la sede del Priorato de Castilla y archivo prioral, que con el paso del tiempo se transformaría en una de las principales cabeceras de la Orden en Castilla.
Con los Caballeros Hospitalarios el castillo toma la forma y distribución que hoy conocemos: se construyen torres, capilla, sala capitular, edificaciones auxiliares como silos y aljibes, nuevas defensas y todo aquello que pudiera hacerlo autosuficiente.
Siguió en uso por parte de la Orden durante los siglos XV y XVI, y a pesar de reformas posteriores, comenzó a perder significación. Hasta tal punto que la sede prioral y sus archivos se trasladaron a la Palacio de la Tercia en Consuegra, ya entrado el siglo XVIII. 
El castillo había entrado en un proceso de abandono que se incrementaría durante la guerra de la Independencia, en que fue ocupado por soldados franceses que, en su huída en 1813, lo volaron, previo incendio de sus estancias y pertenencias. Como no podía ser de otra manera; tampoco conocían otra.
Esa situación lo llevó a un total estado de abandono y progresivo deterioro, y a formar parte de todo aquel patrimonio que fue desamortizado por Mendizábal entre 1836 y 1837.
En 1962 es comprado por el ayuntamiento de Consuegra, que procedió a su rehabilitación. comenzando otra historia.

Desde el oeste, en el año 2007.


Idem anterior en 2016.


LOS DETALLES:

El castillo de Consuegra es, en cierto modo, algo insólito. Y es que a un primer golpe de vista viene la imagen, lejana y desproporcionada, del Crac de los Caballeros —Crac des Chevaliers, Hosn al-Akrad o castillo de los kurdos, Crac de l’Ospital—; pero enseguida los molinos te hacen descender a tierra. Esto no es Siria.

El gran volumen de piedra que es el castillo lo constituye, básicamente, el cuerpo central con tres torres semicilíndricas en cada uno de los lados este, norte y oeste. Al sur, se levanta un cuerpo que contiene la iglesia. Todo ese conjunto lo envolvía una muralla, de la que apenas quedan restos, y que se unía al sur a una torre albarrana, cilíndrica y tan potente como las otras tres.
A continuación, y adaptándose a la orografía, otra muralla rodea el cerro adoptando una planta que recuerda a un barco que navega hacia el sur.
Envolviendo el conjunto, una cerca —de la que quedan pocos restos— que dejaba en el interior un albacar, y al que se podría considerar como primer recinto del castillo.

Desde éste, y orientado al sur se encuentra la puerta de acceso al segundo recinto, protegida con cubos en sus flancos y defendida con troneras.
Desde aquí, un largo pasillo en la fachada de levante va de sur a norte, abriéndose en el lienzo de la izquierda, hacia el centro, un arco de medio punto por el que se accede al tercer recinto, en el que estaba el patio de armas y algunas dependencias.

Este espacio rodea en su totalidad el cuerpo central del castillo, el cuarto recinto, la gran edificación de planta casi rectangular de unos 33 metros de largo por 26 de ancho. En tres de sus caras se adosan fuertes torres semicirculares, las cuales tienen plantas distintas: la que mira al este es semicircular, mientras que las otras dos, también semicirculares, alargan sus extremos, paralelos hasta la edificación central.

Desde el sur.

En la cuarta cara, la orientada al sur, se levanta otra, en este caso exenta —torre albarrana, elemento defensivo de origen árabe—, igual de robusta que las anteriores. Es cilíndrica, con cuatro pisos en su interior, lo que denota su gran altura. Se unía al castillo mediante un puente situado en la cuarta planta.

Los más de treinta metros de altura de esas enormes e imponentes torres, le confieren al conjunto un aspecto inexpugnable, pues dada su ubicación —un cerro de insuficiente altura poco dotado para la defensa— fue necesario reforzar, casi en exceso, todos sus elementos.
A eso se añaden muros de 4’5 metros de espesor y el camino laberíntico para acceder hasta la parte más fuerte, que llegó a tener hasta siete puertas.

La puerta de ingreso a la edificación se sitúa en la torre orientada al este, a través de una puerta con arco de medio punto sobre la que destacan dos escudos: uno de Juan José de Austria, hijo de Felipe IV, que fue Prior de la Orden de San Juan; y otro de la familia de los Álvarez de Toledo.
A partir de aquí se disponían todas las dependencias y estancias del castillo, a saber:
En la torre de levante, el Cuerpo de Guardia, la Sala Capitular en el primer piso, y contigua a ella la Sala de Archivos, en una larga habitación rectangular entre la torre y el ala este del cuerpo central.
De la Sala de Archivos, y hacia el sur, se pasa directamente a la Capilla —que estaba bajo la advocación de Nuestra Señora de la Blanca—, del siglo XVII, que sustituyó a otra del XIII que se cree estuvo en la torre oeste.
Es de una sola nave y planta rectangular, con sacristía, camarín y reja ante el altar mayor, que atuvo un retablo del siglo XVI, hoy desaparecido. Se cubría con bóveda de cañón y cubierta a dos aguas.
tres aljibes —uno de ellos cubierto con bóveda de cañón—, capilla, sarchivos, calabozos, e incluso otro patio interior.

Toda la construcción está realizada en piedra, mampuestos tomados con morteros de cal, además de rellenos de hormigones primitivos. Gran parte se levanta sin apenas cimentación, directamente sobre la roca.

Desde el norte en 2007.

Idem anterior en 2016.



RESUMIENDO:

Nombre:    Castillo de Consuegra o de la Muela
Municipio:   Consuegra
Provincia:   Toledo

Tipología:    Castillo.
Época de construcción:    siglo X —musulmán— y reformas y ampliaciones cristianas hasta el siglo XIII.
Estado:    En muy buen estado de conservación, dadas las últimas obras realizadas. De él se dice que es el mejor conservado de La Mancha.

Propiedad:    Pública, del Ayuntamiento de Consuegra.
Uso:    Turístico y cultural; salas de exposiciones, eventos y celebración de bodas civiles..
Visitas: acceso libre, previo pago. Ni en mi visita en junio de 2007, ni en la de diciembre de 2016, me fue posible visitar el interior. bueno, sobreviviré a ello.
Protección: Bajo la protección de la Declaración genérica del Decreto de 22 de abril de 1949, y la Ley 16/1985 sobre el Patrimonio Histórico Español.

Clasificación subjetiva: 3, o sea, que se incluirá obligatoriamente en ruta de viaje, o lo que es lo mismo, se hará todo lo posible en esta vida por visitarlo.
Otras cuestiones de interés: Sin duda alguna, el entorno, o sea, los molinos de viento que recorren el cerro hacia el sur.



Cómo llegar:


sábado, 28 de abril de 2018

Aljucén, Badajoz

Municipio: ALJUCÉN
Provincia: BADAJOZ
Escudo:


Descripción:
Escudo español, cuadrilongo de base circular, tronchado.
Primero de gules, un castillo de oro de tres torres almenadas, mayor la central, aclarado de azur y mazonado de sable.
Segundo de azur, puente de oro de dos arcos sobre ondas de azur y plata, sumado de torre de oro, almenada y aclarada, mazonada de sable.
Banda de plata, en el cantón diestro del jefe, Cruz de Santiago de gules, y en el siniestro de la punta, Cruz de San Andrés también de gules;
Al timbre, corona real cerrada de España.

Recurrencia:
El castillo que tuvo, hoy ha desaparecido.
No encuentro en la red ningún dato que poder aportar aquí.