martes, 16 de enero de 2018

Osuna, castillo de Osuna o de los Paredones


Me decido a escribir algo sobre el castillo de Osuna y observo que la documentación que circula por la red es directamente proporcional a los restos que de él resisten:
Es decir, si del castillo apenas si se levanta un muro de tapial, apenas mil palabras encuentro sobre él en no más de cuatro páginas de la red. Bueno, sin exagerar, la verdad es que encuentro más de mil palabras, pero no las suficientes como para redactar una entrada que me quede aceptable. Cuánto lo siento.



Es Osuna de esos pueblos a los que su pasado le da un lustre, mucho lustre. Porque tres mil años de antigüedad son muchos años; hasta tal punto es antigua, que se dice tiene raíces tartésicas.
Los turdetanos ya dieron nombre al lugar, Urso, en honor a la abundancia de osos que había por estas tierras.
Los romanos la conquistan, y refundan, de manos de Marco Antonio a finales del siglo I a.C. y la llamarán Colonia Genetiva Iulia. Aquí se establecieron campamentos y alcanzó tal importancia económica, que llegó a emitir moneda, —conocida como ursón—.
Se cuenta que aquí derrotó Viriato al ejército romano mandado por Quinto Octavio Máximo, y que fue la última ciudad de la península que apoyó a Pompeyo en su lucha contra César.
Un siglo más tarde será Plinio el Viejo que la cite como Colonia Genetiva Urbanorum Urso. Otra vez Urso. Fue aquel un periodo de gran esplendor para la localidad, que comprendió desde el siglo VII a.C. hasta la era visigoda.
De entonces nos queda la necrópolis hipogea y las ruinas de un teatro, depósitos de agua y silos para cereales.

Eso fue una torre.

Con los árabes fue llamada Oxona, los cuales la fortifican, dejándonos la torre del Agua y la Alcazaba, cuyos restos hoy llenan, como pueden, esta página.
En 1239 es reconquistada por el rey Fernando III, y su hijo Alfonso X, en 1264 la entregará a la Orden de Calatrava, creándose la Encomienda de Osuna, con el fin de fortalecer su posición dado el valor estratégico que representaba la cercanía a la frontera con el reino de Granada. Entró a formar parte de lo que se vino a llamar Banda morisca. Los caballeros calatravos se establecieron en la fortificación árabe y restauraron todo el recinto amurallado de la villa.

En el siglo XV, la corona cede la villa a don Pedro Girón de Acuña Pacheco, a la sazón Maestre de la Orden; a uno de sus descendientes —Pedro Téllez-Girón de la Cueva Velasco y Toledo— le será concedido el ducado de Osuna por Felipe II.
Los Duques de Osuna acometen innumerables obras en la ciudad, transformado su paisaje y trama urbana, y la convierten en la población monumental que hoy conocemos.
Concretamente fue Juan Téllez Girón —1494-1558— quien más engrandeció la ciudad, construyendo numerosas iglesias y conventos, un hospital, la Colegiata con cripta ducal y la Universidad. Todo ello en la zona que fue la Osuna medieval.
Mientras, la ciudad va creciendo hacia el llano ampliándose los arrabales y sus calles.
Ya en el siglo XVIII continuó este afán por engrandecer la ciudad; de esta época son el palacio del Marqués de la Gomera y otros muchos edificios de la bellísima calle de San Pedro.

Lienzo de muralla y torre.


EL CASTILLO:

El castillo se encuentra sobre una elevación del terreno que domina la población, al este del núcleo urbano y junto al edificio de la Universidad y la Colegiata.
Y después de esto, la nada. Porque son escasísimos los textos, datos y referencias que se pueden encontrar —o al menos yo no los encuentro— sobre este castillo, y eso que es innegable la importancia que tuvo.
Ya queda dicho que estuvo en una posición de frontera y además fue encomienda de Orden de Calatrava y sede del señorío de Osuna; pero a pesar de ello a principios del siglo XVI, una vez terminada la Reconquista, es abandonado como residencia del señor de Osuna —que se trasladó a Morón—, aunque siguió teniendo un relativo uso militar. Y digo relativo por no decir nulo, pues es probable que en esos momentos ya estuviera arruinado.

Lienzo de la muralla.


LOS DETALLES:

Los escasísimos restos que nos han llegado son obra de los árabes: un lienzo de muralla y dos irreconocibles torres; todo ello de tapial.
Poco más puedo añadir, sólo recordar que Osuna sí fue una plaza fortificada, que tuvo castillo y estuvo amurallada, y que de aquello si apenas quedan vestigios físicos. Vestigios que son proporcionales a los textos existentes sobre ellos.


La Universidad y la Colegiata, desde el castillo.


RESUMIENDO


Nombre: Castillo de Osuna o castillo de los Paredones.
Municipio: Osuna.
Provincia: Sevilla.

Tipología: Castillo.
Época de construcción: sin datos.
Situación: A las afueras del núcleo urbano, muy cerca de la Colegiata y la Universidad.

Estado: En impresentable estado de conservación. Y es que más parece la tapia de unos establos arruinados que los restos de un castillo. Lamentable su estado y entorno; lamentable es un calificativo suave.
Propiedad: Supongo que es pública, aunque en su entorno existan vallas.
Uso: Aún sin definir y sin esperar definición, dada la escasez de restos y el nulo interés que por él se tiene.
Visitas: acceso totalmente libre.

Protección: Bajo la protección de la Declaración genérica del Decreto de 22 de abril de 1949, y la Ley 16/1985 de 25 de Junio sobre el Patrimonio Histórico Español.
En el año 1993, la Junta de Andalucía otorgó reconocimiento especial a todos los castillos de la región.
La ciudad de Osuna está declarada, desde 1967, Conjunto Histórico Artístico, pero no por su castillo, sino por las innumerables iglesias y palacios que se levantan en el casco antiguo de la ciudad.

Clasificación subjetiva: 1, (nunca un 0, que ningún castillo se lo merece, ni siquiera los desaparecidos).o sea, si se puede evitar se evita, o lo que es lo mismo, sólo si el camino que se recorre, nos lleva o nos hace pasar por allí. Que en el caso de Osuna es muy probable, pues llena está la ciudad y los alrededores, de valores que obligan a una pausada visita.

Cómo llegar:



 

sábado, 13 de enero de 2018

San Juan de Aznalfarache, Sevilla

Municipio: SAN JUAN DE AZNALFARACHE
Provincia:  SEVILLA
Escudo:

Descripción:
Escudo francés moderno.
Partido en cuatro cuarteles.
Primero: sobre campo de sinople, un castillo de oro.
Segundo: sobre campo de gules una cruz de Malta de plata.
Tercero: sobre campo de oro, una rueda de noria de sable sobre la que descarga un canal formando un río de azur.
Cuarto: sobre campo de azur un olivo de plata aclarado de sinople.
Bordura en plata con la inscripción “VILLA DE SAN JUAN DE AZNALFARACHE”.
Al timbre, corona real abierta.
No consta su aprobación oficial.

Recurrencia:
El castillo representado está referido al de Hins-Al Faray, o castillo del Mirador, y de cuyo nombre deriva el de la población.

Localización:
Sobre un cerro al oeste de la población, desde el que se domina el río Guadalquivir y la ciudad de Sevilla.

Historia:
La fortaleza y las murallas de San Juan fueron construidas —por orden de Yaqub Al-Mansur en época almohade, entre 1196 y 1197— en el cerro del Miradero (Hins-Al Faray), que llamaron así por la buena vista que de Sevilla se tiene desde él. Fue residencia del poeta Al-Mutamid.
Pero primero hubo un asentamiento romano —Iulia Constatia—, y antes otro prerromano llamado Osset. Después fueron los visigodos quienes la utilizaron.
Pelayo Pérez Correa la reconquistó en 1248 por orden de Fernando III y fue entregada a la Orden de Malta, cuya cruz figura en el escudo de la ciudad.

Descripción:
Apenas si quedan restos del castillo, desvirtuado totalmente por el monumento al Corazón de Jesús y edificaciones aledañas que se construyeron a mediados del siglo pasado.
Sin embargo han perdurado parte de las murallas de la ciudad.

Murallas de San Juan de Aznalfarache (de iaph.es).

jueves, 11 de enero de 2018

Arquitectura, letra F

FÁBRICA:
Edificio, construcción o parte de ella realizada con piedra o ladrillo y argamasa.
También las hechas con adobe.
No se trata, aquí, de los lugares donde se producen objetos, materiales o servicios.

FAJÓN, arco fajón:
Es el arco que, independientemente de su forma, se emplea como refuerzo de una bóveda. Fue muy empleado en las iglesias románicas y góticas.


FALDÓN:
Vertiente de un tejado limitado por limatesas y un alero.





FORJADO:
Obra de madera o argamasa que cubre los huecos entre vigas para formar un piso (para ser aparejador, me ha quedado corto este tema).


FORMERO, arco formero:
El que discurre longitudinal a la nave y su función es sostener los muros que separan.

FRESCO:
Técnica de pintura sobre paredes y techos a base de pigmentos disueltos en agua y aplicados a una superficie previamente cubierta de una capa de estuco o de yeso fresco. Al secar muy rápido, apenas permite hacer rectificaciones.
Los frescos pueden representar escenas de la vida religiosa y también anécdotas militares en forma de recordatorios de acontecimientos históricos.

FRISO:
Elemento arquitectónico en forma de faja decorativa de desarrollo horizontal que media entre el arquitrabe y la cornisa, donde suelen ponerse follajes y otros adornos.



FRISO DE ESQUINILLA:
Decoración usada en el estilo mudéjar consistente en disponer ladrillos con sus esquinas salientes formando una especie de sierra.


FRONTISPICIO:
La fachada delantera o principal de un edificio.
También, el frontón o remate triangular de una fachada.


FRONTÓN, frontispicio:
Remate, generalmente triangular dado su origen clásico, de una fachada, un pórtico o un vano, conteniendo el tímpano.
En el barroco se utilizaron frontones con otras formas geométricas: curvos, quebrados e incluso fragmentados con abertura en su lado superior.
También, fachada principal de un edificio.



FUSTE:
Parte de la columna situada entre la basa y el capitel.

martes, 9 de enero de 2018

La Vía de la Plata (1)

En numerosas ocasiones de mi vida he recorrido algunos tramos de la Vía de la Plata, casi siempre deprisa, sin apenas detenerme, porque entonces lo importante era el destino, reduciendo el tiempo si era posible. Y las paradas se reducían a un corto descanso y vuelta a seguir. Incluso a veces el camino lo he hecho en tren —lo cual, por cierto, es imposible hoy ante la inexistencia de ese servicio y la desaparición física de muchos kilómetros de vías—. Nunca me había planteado otro motivo de viaje que no fuera el propio trayecto; siempre estuvo primero y únicamente, ya lo he dicho, como finalidad el destino: un lugar donde estudiar, donde trabajar, donde visitar a familiares o donde terminar el viaje, entendido éste como un mero desplazamiento.
Es hora pues de hacerlo con más relajo, con otros ojos; o mejor, con los mismos pero fijándolos casi en exclusiva en esos otros que jalonan el paisaje, esos que vigilan los caminos —no recuerdo dónde lo leí y lo lamento, alguien escribió que los castillos son los ojos de los caminos—.
En verde, la original Vía de la Plata.

La Vía de la Plata no fue una más de las muchas vías que construyeron los romanos sino que fue una de las más importantes. Para entenderlo así basta mirar un mapa de la Península Ibérica en el que se reflejen todas las vías romanas e inmediatamente se podrá interpretar que la línea casi vertical que la de la Plata traza sobre el plano y que va desde Augusta Emerita hasta Asturica Augusta, era el camino más corto y rápido para unir sur y norte, la asentada Bética con la Gallaecia por conquistar. Más tarde, en la Edad Media cambia el sentido, y fue de norte a sur, que ese era la dirección de la Reconquista. Y viceversa, cuando uno de los caminos de Santiago, el Mozárabe, discurrió y discurre sobre ella. Para ir decayendo en el siglo XVIII con la implantación de un incipiente sistema radial de caminos, que se vería potenciado a principios del siglo XX cuando esa estructura radial se potencia y consolida.
Curiosamente, dos mil años después de que los romanos la trazaran y ejecutaran, sigue vigente su itinerario, aunque bastante más ampliado. Sobre él discurre la actual Vía, que fue ampliada, manteniendo su nombre en el tramo clásico y extendiéndolo en el nuevo trazado.  Por el norte la Vía llega hasta la ciudad de Gijón —la apertura al mar, necesaria para las comunicaciones, los transportes, la economía en definitiva—; y hasta Sevilla por el sur —otra vez las comunicaciones, etc., y la salida al mar, que Sevilla es puerto, fluvial pero puerto—. Si bien, en muchos tramos, y para fortuna del camino original, la nueva carretera discurriría por trayectos paralelos.
Admitido pues el aumento que la Vía ha tenido en el pasado siglo, y que le ha hecho crecer de los 470 km que distan Mérida y Astorga, a los 830 km que separan Sevilla y Gijón —siempre contándolos sobre el trazado actual—, me dispongo a recorrerla ahora, aunque sólo sea en el papel, para situar en éste todos los castillos de la ruta y que tanto me gustaría pasear.
Decía más arriba que era hora de pasar sobre la Vía de la Plata con más calma, sí, y ojalá pudiera hacerlo de una manera explícita, con la voluntad de detenerme a cada instante si el paisaje lo requiere, o desviándome ligeramente si las circunstancias lo demandan; sin importarme la exactitud del camino ni la precisión de la ruta —ni, por supuesto, el tiempo empleado—, permitiéndome la licencia de aproximarme a fortificaciones cercanas que no me alejen en exceso de mi camino.
Partiría, llegado el deseado momento, desde Sevilla. Y no sólo por ser inicio o fin de la Vía, sino porque es la ciudad donde resido, y eso me facilita las cosas. Mientras tanto dejemos en el papel virtual de esta CasadelaTercia todos los castillos que flanquean la Vía y los que hay un poco más allá. Voy a por ellos.

sábado, 6 de enero de 2018

Monasterio de las Viñas, D.O. Cariñena

 Nombre:         MONASTERIO DE LAS VIÑAS

D.O:                CARIÑENA

Bodega:           GRANDES VINOS Y VIÑEDOS S.A.                                                      

Dirección:        Carretera de Valencia km 45’7

                         CARIÑENA, Zaragoza

Email:             
Web:              grandesvinos.com

Tipo:               TINTO

Variedad:        Garnacha y tempranillo

Año:                2012

Tratamiento: 

Graduación:   13% Vol.


En otro artículo de estas recurrencias castellológicas hablaba de cuando compré un vino porque entendí que la torre de la etiqueta era de un castillo, cuando en realidad se trataba de una iglesia; y que a raíz de aquello entendí que las recurrencias deberían incluir “otras piedras viejas”, e incluso otros soportes, no sólo las botellas de vino. A esto último debo dedicar en un futuro algunas entradas, que hay por ahí cosillas interesantes.
El que comento hoy es uno de esas “otras piedras viejas”. Porque no es un castillo, sino un monasterio con un nombre que ni pintiparado al tema, más vitivinícola imposible: “Monasterio de las Viñas”.


Descripción de la etiqueta:
Muchos son los vinos que esta bodega embotella con este apelativo, y en casi todos la etiqueta es ocupada por una fotografía de las ruinas de un edificio que, dado el nombre del vino, se ha de entender que pertenecen a lo que fue el tal monasterio de las Viñas.
La etiqueta a la que ahora me dedico contiene los datos básicos del vino: nombre, año y tipo de uva. Sobre esos datos una fotografía en blanco y negro de las ruinas a las que aludí más arriba. Fotografía que sólo encuentro en las etiquetas —siempre la misma, por cierto— pero no en alguna página de la red en la que se informe sobre ese monasterio, su nombre real —porque me parece que lo de las viñas es márquetin—, su historia, situación. Vamos, algún dato, aunque sean pocos.
En la contraetiqueta se lee que “De aquel famoso Monasterio de las Viñas apenas han llegado hasta nuestros días unas piedras…, unas piedras y unas botellas”. Ea, y ya está. Estaré atento por si encuentro otras botellas, de la misma marca pero con fotografía diferente.


Sobre la recurrencia:
Como en otras ocasiones en las que apenas encuentro información sobre la recurrencia, recurro al correo electrónico y me pongo en contacto con la bodega. Y me responde muy amablemente una tal Eloísa Marín enviándome un enlace a una página en la que puedo encontrar alguna información, poca, pero al menos algo:
Le mando el enlace de nuestra web, donde aparece brevemente la historia del Monasterio de las Viñas, aunque hoy en día ya apenas queda nada de dicho Monasterio.
De ahí extraigo y resumo lo siguiente:
"El Monasterio de las Viñas —también llamado Monasterio de San José— fue construido en el siglo XI por monjes del Cister originarios de Francia. Recalaron en la Sierra de Aguarón una vez estas tierras fueron reconquistadas y allí, junto con la cruz, plantaron viñas y “con el paso de los años y las cosechas, su fama se extendió por todo el mundo, no se sabe si por su espiritualidad o por la calidad del vino que elaboraban”.
Durante la Guerra Civil, el edificio fue destruido y por ahora no hay intenciones de su reconstrucción, ni siquiera de su consolidación. Queda sólo el vino como homenaje a lo que fue.
Hoy en día, el monasterio se encuentra en estado ruinoso. 
Y por lo que veo, sólo en las etiquetas del vino.

martes, 2 de enero de 2018

Aldea del Rey, castillo de Calatrava la Nueva (1)

Nunca pensé, no estaba en mi conocimiento ni en mi ánimo de aquellos años, que dos lustros después de subir a tan mágico lugar y castillear la fortaleza más fascinante que hasta entonces yo había paseado, estaría  embarcado, con moderada pasión, en uno de los tres o cuatro entretenimientos que llenan hoy mi tiempo libre. De haber sido así, seguramente la mirada de aquel día hubiera sido otra y el lápiz estaría hoy más afilado.

Me llevó a una localidad vecina una circunstancia que nos ocupó tres días de calendario y largos ratos de desocupación. Una de aquellas pausas fue llenada con la visita, pasado el mediodía, al que era y no ha dejado de ser, uno de los grandes en la lista de los mejores que siempre he tenido en mi cabeza.

Pero como la visita nunca estuvo planeada —que fue una propuesta surgida ante la indecisión sobre las opciones de empleo de las horas de la tarde—, no tenía preparada documentación alguna, ni disponía de los recursos actuales de la red que pudieran ayudarme a ello; y para colmo estrenaba en aquel viaje la que fue mi primera cámara digital, pequeña y básica, sin apenas dominio sobre ella. Lo que, luego comprobaría, tampoco fue un grave contratiempo.

Si hubiera ido documentalmente preparado, habría permanecido largo rato en el aparcamiento que se abre al final del camino de ascenso, empapándome de su vida, antes de atravesar la puerta. Un camino, por cierto, muy bien acondicionado para su uso y su época, que se lo prepararon, tal que así, a Felipe II allá por 1560 para que pudiera superar con facilidad los poco más de novecientos metros de altitud que alza este cerro llamado de Alacranejo. Porque subir por otras sendas, que las hay, le hubiera sido complicado, entre tan densa vegetación y pedregales. Y, al fin y al cabo, él pasó a la historia como el Rey Prudente.

Decía, que si hubiera ido dispuesto con papeles y datos, habría leído, mientras mirara a ratos los soberbios muros que parecen surgir esculpidos en la roca, que en esta montaña ya estuvo el hombre en la Edad del Bronce, y mucho más tarde los visigodos se asentaron en ella,  estableciendo un campamento.

Pero las primeras noticias, documentadas y fidedignas, que de él se tienen, y de un señor llamado Nuño de Lara que lo habitaba, son de 1187 y era conocido, el castillo, no el señor, como de Dueñas o castillo de Dios.

Sus propietarios eran Rodrigo Gutiérrez Girón y señora, que dividieron en dos partes todas sus posesiones y fortuna, donando la mitad a la Orden de Calatrava, y la otra mitad a sus hijos. En 1194, éstos venden sus derechos sobre su herencia a la Orden, quedándose ésta con el viejo castillo de Dueñas y sus bienes y tierras. Siete años después, el rey Alfonso VIII confirmaría la propiedad de los caballeros calatravos.

En 1211 los musulmanes se hacen con el vecino castillo de Salvatierra —que estaba en poder de los calatravos desde 1198, y era sede provisional de la orden, pues Almanzor les había arrebatado Calatrava la Vieja tras la derrota de Alarcos en 1195—; ambos castillos,  Calatrava la Vieja y Salvatierra, volverán a manos cristianas en 1210 y 1213, respectivamente.

Mientras tanto, en 1212, concretamente el 16 de julio, sucede la batalla de Las Navas de Tolosa, la derrota de los almohades y la reestructuración de las fronteras.

A partir de entonces, desde el cerro de Alacranejo, frente al castillo de Salvatierra, se controlará de manera segura el puerto de Calatrava, obligado paso hacia el sur desde Castilla.

Y ese es el lugar que la Orden de Calatrava elegirá, tras la batalla de Las Navas de Tolosa, no sólo como avanzada para la conquista de Al-Andalus, sino como lo que en el futuro será su sede secular, el más importante monasterio fortificado de la Península.

Los caballeros de la orden de Calatrava lo construyen entre los años 1213 y 1217. Poco tiempo hacía que había tenido lugar la batalla de Las Navas y muchos de los prisioneros árabes de aquella fueron utilizados como mano de obra en su construcción.

Fue una de las fortificaciones más importantes de la Península y también la sede maestral, durante siglos, de esta poderosa orden militar. Sustituía a la que había su sede fundacional, Calatrava la Vieja, desde mediados del siglo XII, y en su memoria se levantó.

Y como gran sede que iba a ser, la dotaron de convento, de iglesia, de hospedería y de una puebla que rodearon de fuertes y numerosos muros hasta formar una auténtica ciudad fuerte.

Pero en el siglo XIV sus recios muros no tienen nada ni nadie de quien defenderse, ni a quien atacar, así que de manera sosegada y gradual, pierde su condición militar y se dedica exclusivamente a funciones religiosas. Los monjes adaptan el inmenso recinto y sus edificaciones a ese único uso y allí permanecen más de cuatro siglos.

Durante todo aquel tiempo hacen más reformas y levantan nuevos edificios, hasta que a principios del siglo XIX, tras las primeras desamortizaciones fue abandonado de manera definitiva. La sede de la orden se trasladó a la vecina Almagro y a pesar de que en 1854 fue declarado Monumento Histórico Nacional, las edificaciones se sumieron en la más triste desidia.

En la Segunda República se le otorgó la categoría de Bien de Interés Cultural, lo que motivó que se emprendieran algunas restauraciones, aunque no todo lo fieles que debieran.

 


Hoy, afortunadamente, puede ser paseado y disfrutado. Es uno de los mejores edificios medievales que posee este país que, por gracia o desgracia, no aparece en esas numerosas y variopintas listas con las que frecuentemente nos regalan revistas de turismo o páginas web. Error enorme el que comenten sus autores al no incluirlo; allá ellos con su ignorancia.

Punto y seguido.

sábado, 30 de diciembre de 2017

Restaurante El Capricho

 Cualquier objeto es bueno, cualquier producto es válido para ser publicitado o decorado con algún elemento de referencias medievales, y más en concreto heráldicas, como es el caso que ahora me ocupa: un simple sobrecillo de azúcar. Estos añadidos, desde mi punto de vista, le dan distinción y valor añadido, que se dice ahora.

Situación: restaurante el Capricho en la carretera A-92, Málaga-Granada, término municipal de Villanueva del Trabuco, durante un viaje desde Arroyo de la Miel a Campoamor; una parada para tomar café, molletes del lugar, una reverenciable manteca con tropezones y las correspondientes micciones de los viajeros, derivadas de la edad mayormente.

Los sobrecillos del azúcar que acompañaban al café, véase la ilustración que se acompaña, además de contener los datos del establecimiento, estaban estampados con un escudo pretendidamente nobiliario: un simple cuadrado, alejado de los formatos heráldicos, que contenía un dibujo que no identificaba, y sobre él, coronándolo, un yelmo emplumado; y todo ello pomposamente rodeado de lambrequines.

Mi curiosidad me llevó a preguntar a un camarero sobre dicho dibujo, aclarándome aquél que se trataba del escudo del apellido del dueño del establecimiento, pero que “el dueño no es marqués ni ná de eso”, continuó ilustrándome, que su apellido es PANEQUE y lo ha puesto ahí; ¿y el dibujo, ¿qué es?, pues una torre, pero lo verá mejor en la puerta del comedor. Efectivamente, en la entrada del comedor, grafiado sobre el cristal de la puerta, se apreciaba bien un torreón algo derruido, que posteriormente en el sobrecillo ya entendí, aunque algo más arruinado.

He indagado algo sobre este apellido y su escudo, sobre todo para llenar de contenido el artículo y he de decir que, por ahora, apenas he encontrado algo sobre este patronímico: que es conocido desde hace siglos, que no todos sus linajes tienen un origen común, y que posiblemente su procedencia esté en la provincia de Álava. Ah, y además, por su frecuencia, es el apellido número 6860 en España.

Y con respecto al escudo, y a la torre en concreto, hay que observar la rareza de encontrar en heráldica un dibujo de una edificación ajustada a la realidad, lo que le hace perder verosimilitud. Por lo general, suelen ser torres y castillos idealizados y que apenas se salen de un canon relativamente estricto. En la heráldica de entidades administrativas sí se encuentran algunos castillos y torres realistas; precisamente y que yo recuerde, uno de esos casos está en el escudo de mi pueblo.

Así que para concluir, y a falta de otra información que me contradiga, finalizo el tema con la presunción de que el dueño del establecimiento ha diseñado y hecho suyo el escudo. A pesar del invento, me agrada y felicito a este Sr. Paneque por haber optado por esta simbología para conformar su logotipo comercial.

 

Posdata:

mientras le daba vueltas con la cucharilla al café para disolver el azúcar llegó la idea: abro un nuevo campo en este mundo de las recurrencias; hay que dar cabida a cualquier producto. Vale todo.